Estas semanas el Brexit vuelve a ser noticia y eso que Boris Johnson había conseguido, al fin, que Reino Unido saliera de la UE el pasado enero ¿verdad?

Meh… Verdad, verdad, a ver, ya no hay eurodiputados británicos, ni el país tiene voz o voto en la decisiones de Bruselas. ¡Ah! Y lo más importante: su bandera, la Union Jack, ya no ondea frente a ninguna institución de la UE. Pero el Brexit aún no ha acabado.

Como tantos líderes de nuestra época, Johnson prioriza la percepción y la imagen a la realidad. Y en su defensa, este postureo no le da malos resultados, por ahora. Cuando consiguió convocar elecciones, al poco de acceder al 10 de Downing Street, las ganó con mayoría absoluta prometiendo llevar a cabo, de una vez y para siempre, el Brexit con o sin acuerdo, fuera cual fuera el precio.

«el Brexit aún no ha acabado … Johnson prioriza la percepción y la imagen a la realidad»

Incluso entre las filas conservadoras muchos temían semejante locura, pero en realidad no había nada que temer. Boris Johnson no está loco. No os dejéis engañar por su peinado, sus extravagancias electorales o porque en sus años de corresponsal del Daily Telegraph demonizó a la UE falseando las cifras de la contribución británica a su presupuesto o… asegurando que la UE limitaría la talla máxima de condones a 55 milímetros de diámetro, lo que perjudicaría a los bien dotados británicos. Por cierto, este artículo se citó más de una y de dos veces durante la campaña de referéndum del Brexit.

Entonces, dos preguntas: una ¿qué celebraron los británicos pro Brexit el pasado 31 de enero? Y, dos, ¿en serio? ¿Superar los 55 mm de diámetro es estar bien dotado? ¿Cuánto ha caído el sweet English pride [dulce orgullo inglés]?

Efectivamente el 31 de enero, Reino Unido dejó la UE, pero con un Acuerdo de Transición que dejaba al país dentro del mercado común hasta fin de año. En la práctica, sus empresas y ciudadanos, pues, siguen recibiendo el mismo tratamiento que si fueran un país de la UE… hasta el 1 de enero de 2021.

Boris Johnson se presentó como un triunfador ante sus votantes, demostrando que el Brexit no tenía consecuencias económicas. Protegido por esta victoria mediática, se disponía a negociar el verdadero acuerdo de salida, que, aunque no fuera del todo bueno, pensaba él, no le afectaría tanto electoralmente, al haber convencido a buena parte de su país de que ya habían ganado. Problema, conforme avanzaban las negociaciones, más claro se ha visto en estos meses que la paciente UE no iba a dejarle salirse con la suya y que a la opinión pública, ahora caldeada por la COVID-19, se le pasaban rápido los efectos de la anestesia.

«En la práctica, sus empresas y ciudadanos, pues, siguen recibiendo el mismo tratamiento que si fueran un país de la UE… hasta el 1 de enero de 2021»

Con un panorama tan complejo, Johnson optó la semana pasada por uno de sus grandilocuentes y vacíos golpes de efecto: el lunes presentó en el parlamento el polémico Proyecto de Ley sobre Mercados Internos. En palabras de su Secretario de Estado para Irlanda del Norte, –equivalente a ministro en España- sir Lewis: “Sí, viola el derecho internacional” pero “en una forma muy limitada y específica”.

Lo que los padres del derecho internacional moderno, Francisco De Vitoria y Hugo Grocio, ya definieron técnicamente en los S. XVI y XVII, como “violar el derecho internacional, pero sólo la puntita” y además, una puntita de menos de 55 mm.

¿Por qué viola este proyecto de ley el derecho internacional? Pues bien, una regla internacional básica es que cuando te comprometes a algo, como país, debes cumplirlo, en latín, pacta sunt servanda. En el Acuerdo Provisional de salida del Reino Unido, ese que estará en vigor hasta el 1 de enero de 2021, se recoge un protocolo para Irlanda del Norte cuyos términos deben mantenerse en el Acuerdo Definitivo, el que ahora se está negociando.

En un Brexit sin acuerdo Irlanda habría quedado de nuevo dividida en dos, por una frontera. Esto plantearía un gravísimo problema para los irlandeses que viven en la República de Irlanda, pero trabajan en Irlanda del Norte. Por no hablar de las empresas norirlandesas, que principalmente exportan al sur de la isla. Ni Londres ni la UE querían tal escenario. Los británicos eran conscientes de que una vuelta a una isla partida dispararía los ánimos en pro de reunificación irlandesa. La UE no iba a permitir que sus ciudadanos irlandeses pagaran el pato del Brexit. Y Dublín y Belfast temían por igual que el I.R.A. aprovechara la tensión resultante para volver a la actividad terrorista.

«En el Acuerdo Provisional de salida del Reino Unido, ese que estará en vigor hasta el 1 de enero de 2021, se recoge un protocolo para Irlanda del Norte cuyos términos deben mantenerse en el Acuerdo Definitivo, el que ahora se está negociando»

No fue, pues, una sorpresa, al menos no para quienes sabemos que la política no la deciden los griteríos de Twitter, que Johnson claudicara y aceptara al firmar el Acuerdo Provisional que el Acuerdo Definitivo de salida dejaría a Irlanda del Norte como parte del mercado común. Esto significa que, tras el Brexit, las empresas norirlandesas lo tendrán más fácil para importar y exportar con Irlanda o cualquier país de la UE que con Gran Bretaña, pese a ser un mismo país.

Van pasando los meses y Johnson ve que una vez más la UE no cede en diversas cuestiones clave para su credibilidad. El Acuerdo Definitivo de salida puede ser mucho peor de lo que pensaba… o hasta podría –escenario muy improbable- no haber acuerdo. ¿Reacción? Por su parte, más tensión: el proyecto de Ley sobre Mercados Internos dice que el Reino Unido podrá facilitar los trámites burocráticos a empresas norirlandesas, a pesar de haberse comprometido a no hacer tal cosa, a pesar de haber dado su palabra de que Irlanda del Norte sería como un tercer país a efectos comerciales.

«tras el Brexit, las empresas norirlandesas lo tendrán más fácil para importar y exportar con Irlanda o cualquier país de la UE que con Gran Bretaña, pese a ser un mismo país«

¿La excusa? La UE tiene una lista de países de los que sus miembros pueden importar comida. Si un país no miembro no está en esa lista, no pueden traerse sus productos alimenticios al mercado común europeo. El gobierno Británico asegura que Bruselas amenaza con no incluirles en esta lista, lo que las autoridades europeas ya han desmentido. En ese hipotético escenario, se vedaría cualquier entrada de comestibles británicos a la UE y a Irlanda del Norte, que seguiría siendo parte del mercado común europeo. Los norirlandeses tendrían que llenar sus despensas con los alimentos producidos en su tierra, en la UE o en países de la lista de la UE, pero no del Reino Unido.

Poco menos de al grito de: ¡La UE quiere matar de hambre los norirlandeses! Johnson ha presentado su Proyecto de Ley ante la sorpresa general, incluso de dos ex primeros Ministros Conservadores, John Major y Theresa May, abiertamente críticos con la propuesta. La judicatura británica no ha tardado en ponerse en pie de guerra. La cosa ha ido tan mal que el propio Secretario de Justicia, Robert Buckland, ya ha dicho en una entrevista que no cree que los poderes del proyecto de ley se lleguen a usar nunca, aunque el Parlamento la apruebe. Es más, si se llegan a usar, dimitirá. Le quita hierro al tema diciendo que se trata de presionar a la UE por esta vía, para que ceda en otros asuntos que se están negociando. Curioso. No soy un gran jugador de póker, pero creía que una regla básica de los faroles era no avisar a tus rivales de que ibas de farol…

Bueno, pero vayamos a lo práctico ¿el Derecho Internacional es tan importante? ¿No se incumple a diario? Me duele decirlo, pero no confundamos Derecho Internacional con Derechos Humanos. Desgraciadamente, los últimos están poco protegidos, por los ordenamientos jurídicos nacionales e internacional. Las normas internacionales, sobre todo las relativas al comercio, nadie se las puede saltar a la torera.

Si el Reino Unido incumpliera su palabra, perjudicando, en consecuencia, a la economía y mercado de UE, se abre un amplio abanico de posibles represalias no excluyentes entre sí. Una, la más formal y menos efectiva, es ponerle un contencioso al Reino Unido ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Otra mucho más rápida y efectiva pasa por incautar todos los bienes del Reino Unido en suelo europeo, hasta que se considere reparado el daño sufrido.

«Si el Reino Unido incumpliera su palabra, perjudicando, en consecuencia, a la economía y mercado de UE, se abre un amplio abanico de posibles represalias«

Cuando digo todos los bienes, incluyo, barcos, aviones, cuentas bancarias, productos importados… Y esto pasa más a menudo de lo que pensamos. Este año, Irán ha incautado varios petroleros, uno de ellos británico, después de que varias naves con su bandera fueran incautadas en el marco de una disputa internacional. Más gráfico fue el caso del Tango01, avión oficial de la presidencia argentina. Quizás lo recordéis. Cuando en 2013, la entonces Presidenta Cristina Fernández de Kirchner viajó a Roma para saludar al recién elegido Papa Francisco, dejó su avión oficial en Marruecos, porque al tocar suelo italiano, había riesgo de que se lo confiscaran. Poco antes, Argentina ya había vivido la confiscación de la fragata Libertad en Ghana.

Vamos, que queriendo jugar la carta de negociador duro en una situación donde lleva las de perder, Boris Johnson sólo se ha complicado la vida aún más. Bueno, al menos por esto no acabará en la unidad de cuidados intensivos, adonde sí le llevó su nula gestión de la COVID-19 los primeros meses de la pandemia.

 

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