Más de 3 millones y medio de refugiados, casi 9 millones de desplazados dentro del país, 700 mil niños sufriendo grave malnutrición –más de la mitad podría morir antes de fin de año– y, aproximadamente, 150.000 muertos. El balance de la guerra civil de Sudán resulta desolador. Y las perspectivas no pueden ser más desalentadoras. Todo vaticina la continuidad indefinida de este conflicto, ante la indiferencia de la comunidad internacional.

Las concretas causas de la guerra resultan difíciles de precisar, pues entrecruzan diversos conflictos que el país arrastra. Desde que accedió a su independencia en 1956, Sudán padece una inestabilidad crónica. El golpe de Estado ha sido la forma más común de reemplazar un gobierno autoritario por otro. Más de 20 ha vivido el país –no todos ellos exitosos.

«Más de 3 millones y medio de refugiados, casi 9 millones de desplazados dentro del país, 700 mil niños sufriendo grave malnutrición y, aproximadamente, 150.000 muertos»

En paralelo, ya antes de la independencia –y de la colonización– existían numerosas hostilidades entre los pueblos de la zona. Sin embargo, fue durante las tres décadas de la brutal dictadura de al Bashir (1989-2019), cuando las tensiones étnico-religiosas entre árabes –mayoritariamente musulmanesy negros –mayoritariamente cristianos– escalaron, literalmente, hasta el genocidio.

Entre 2003 y 2005 (hasta 2008 en algunas zonas) más de 300.000 negros fueron masacrados en Darfur, la región occidental del país. A esto hay que añadir casi tres millones de desplazados y 9.300 violaciones. Por supuesto, la amplísima mayoría de estas últimas víctimas eran mujeres, pero encontramos documentado un número relativamente alto de violaciones a varones, práctica con que se buscaba la humillación de la raza perseguida.

«El balance de la guerra civil de Sudán resulta desolador. Y las perspectivas no pueden ser más desalentadoras.»

Como al Bashir no era amigo de Rusia, Estados Unidos, China, Francia ni Reino Unido, la ONU pudo actuar y detener el genocidio de Darfur. No se quedó ahí, sin vetos, el Consejo de Seguridad amplió de manera extraordinaria los poderes de la Corte Penal Internacional para que pudiera juzgar el genocidio de Darfur. Pese a que conservó el poder, al Bashir apenas pudo volver a abanador Sudán.

Casi a la vez que se perpetraba el genocidio de Darfur, las tensiones en el sur del país, mayoritariamente negro, desembocaron en décadas de luchas intestinas que terminaron con la independencia pactada de Sudán del Sur en 2011. Para desesperación de la racionalidad, el nuevo país no tardó en sumirse en su propia guerra civil étnica. La inestabilidad política y la violencia allí perduran hasta hoy, pero de Sudán del Sur hablaremos otro día.

«Entre 2003 y 2005 (hasta 2008 en algunas zonas) más de 300.000 negros fueron masacrados en Darfur»

Las matanzas de Darfur, sin embargo, dejaron un legado que ha llegado hasta nuestros días y que, en gran medida, desencadenó la guerra actual: las Milicias de Apoyo Rápido. Aunque esta denominación es de 2013, este grupo paramilitar es heredero directo de las brigadas yanyauid –etnia nómada árabe– armadas por al Bashir para perpetrar el genocidio.

El problema es que el grupo creció demasiado, aumentando su poderío y autonomía. Tras la caída de al Bashir (2019), sus relaciones con el nuevo gobierno, una Junta Militar, oficialmente de transición, se deterioraron rápidamente. Cuando se iniciaron las hostilidades, estos paramilitares demostraron una inesperada eficiencia organizativa. No sólo fueron capaces desplegar sus fuerzas, haciéndose con el control de todo el sureste sudanés, llegando incluso a poner en jaque la capital, Jartum, sino que han instituido un gobierno efectivo.

«Las matanzas de Darfur, sin embargo, dejaron un legado que ha llegado hasta nuestros días y que, en gran medida, desencadenó la guerra actual: las Milicias de Apoyo Rápido»

El pasado abril proclamaron el Gobierno de la Paz y la Unidad. Considerando las atrocidades que estos milicianos han cometido, el nombre escogido parece una broma de mal gusto. Los equipos jurídicos de la ONU han acusado al grupo de crímenes de lesa humanidad, durante los últimos dos años, por asesinatos y violaciones en masa.

No obstante, mucho antes de oficializar este gobierno, ya desarrollaron una administración militar efectiva. Incluso entablaron relaciones oficiales con el vecino Chad que les apoya. Los indicios que apuntan a alguna clase de ayuda desde Emiratos Árabes parecen contundentes, aunque el gobierno de Abu Dabi siempre ha negado la conexión. Sí es seguro que los mercenarios rusos de Wagner les han formado y combatido a su lado, así como algunos grupos de milicianos libios.

«Cuando se iniciaron las hostilidades, estos paramilitares demostraron una inesperada eficiencia organizativa.»

El gobierno sudanés oficial, la Junta Militar, no está sola. Turquía, Irán, Arabía Saudí, entre otros, le brindan un apoyo firme. Sigue controlando la mayor parte del país, pero se ve incapaz de doblegar a los rebeldes.

Junto a estas dos facciones principales, encontramos otros grupos más pequeños, pero que han de considerarse para comprender el conflicto fratricida. Empecemos por el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán-Norte. Esta facción se supone que abandera los posicionamientos laicos y defensores de la democracia liberal, pero su fuerza que es más bien reducida se ve todavía más debilidad por su división.

«el Movimiento de Liberación del Pueblo de Sudán-Norte […] defensores de la democracia liberal »

El Movimiento de Liberación original nació como partido político, dirigido por Malik Agar, en 2017. Ese mismo año, se escindió una facción dirigida por Al Hailu. Para rematar, en 2019, se produjo una nueva ruptura, se supone que amistosa, por parte de Yasir Arman, segundo de Agar.

Mientras que las facciones de Agar y Yasir se han mantenido leales a su naturaleza política y al gobierno sudanés oficial, el grupo de al Hailu tomó las armas. Sus milicias se han hecho con el control de varios enclaves en el sur del país, que incluyen las ciudades de Kauda, Kau y Yabus. Si bien, su lucha como contendiente totalmente independiente finalizó en febrero, cuando se alió con el Gobierno de la Paz y la Unidad.

«Mientras que las facciones de Agar y Yasir se han mantenido leales a su naturaleza política y al gobierno sudanés oficial, el grupo de al Hailu tomó las armas.»

Sólo el tiempo nos dirá, si las alianzas de al Hailu y Agar obedecen a cálculos hipócritas, o si sinceramente creen –más bien deliran– que podrán influir sobre el ganador cuando llegue el momento de reconstruir el país. Aunque, a ver, considerando que, en su origen, el Movimiento de la Liberación ambicionaba un Sudán laico y democrático, ni una Junta Militar ni unas milicias paramilitares encharcadas en sangre parecen el mejor compañero de viaje.

Queda un último grupo, este sí plenamente independiente, el Movimiento de Liberación de Sudán. Pese al parecido con la denominación anterior, no tiene nada que ver. Heredero del Movimiento para la Liberación de Darfur, este grupo negro y cristiano se consolidó, como movimiento político-paramilitar, desde el rechazo a los acuerdos de paz de Darfur (2006). Durante algún tiempo reivindicó la independencia de Darfur, aunque hoy, al menos, oficialmente, ya no lo hace. Su capacidad de organización es de una solvencia más que notable. Así lo demuestra no sólo su fuerza dentro de Sudán, sino su intervención en la Guerra Civil de Sudán del Sur (2013-2020), fuera de su ámbito geográfico natural.

«el Movimiento de Liberación de Sudán […] heredero del Movimiento para la Liberación de Darfur, este grupo negro y cristiano»

Sobre el mapa, el territorio que controlan, aprovechando las montañas de Marah, parece poca cosa. Sin embargo, se trata de una región bastante poblada (alrededor de 300.000 habitantes) donde han establecido un gobierno de facto independiente, pese a estar rodeados de sus históricos enemigos, las milicias yanyauid. No obstante, empiezan a aquejarse de disensiones internas.

Como decíamos, enquistada sobre décadas de inestabilidad y atrocidades, nada apunta a un rápido desenlace de esta guerra civil. Sería bueno, sin embargo, darle algo de visibilidad mediática. Quizás así se empiecen a mover los engranajes para garantizar algo de ayuda humanitaria, hoy inexistente