La muerte de Su Santidad, Francisco, sorprendió al mundo un día después del Domingo de Resurrección. Dentro y fuera de la Iglesia católica muchos le recordaremos como alguien que encarnó los mejores valores del humanismo cristiano. Desde el instante en que el Papa dejó este mundo, se abrió el período conocido como «Sede Vacante». La Cátedra de San Pedro está vacía, hasta la elección del sucesor, pero ¿es correcto llamar al camarlengo «Papa en funciones»?

La creación del camarlengo suele atribuirse a Gregorio VII. Sin embargo, este papa de finales del S XI, famoso por introducir la obligatoriedad del celibato entre los sacerdotes, no estableció propiamente ese cargo, sino que suprimió el de archidiácono.

“¿es correcto llamar al camarlengo «Papa en funciones»?”

Durante la Alta Edad Media, el archidiácono romano se consolidó como la persona que administraba las propiedades eclesiásticas adscritas al papado, durante los interregnos. Pensemos que, en aquella época, el romano pontífice poseía numerosos feudos propios, dentro y fuera de los Estados Pontificios. En las manos del archidiácono caían pues unas propiedades más que suculentas y lo que es peor, disfrutaba de una manga bastante ancha para sacarles rédito, incluso sin caer en corruptelas. Además de cobrarse generosas retribuciones, la tradición dictaba podía fijar nuevas prerrogativas para el siguiente archidiácono.

Quizás porque antes de ser elegido papa, Gregorio VII había ejercido de archidiácono, comprendió lo problemático de la figura. Por eso, la abolió y encargó la misión de administrar los bienes pontificios durante los interregnos al cardenal encargado de la Cámara Apostólica, una especie de gobernador de los Estados Pontificios. Esto popularizó una figura hasta entonces poco conocida, pese a su importancia en la administración gobierno de la Roma pontificia medieval.

“La creación del camarlengo suele atribuirse a Gregorio VII”

De «cámara» poco a poco, se fue derivando el término «camarlengo», que, con el tiempo, se convirtió incluso en su denominación oficial. Como cargo, el camarlengo entró en crisis después de la desaparición de los Estados Pontificios (1870). Sin un reino terrenal para el pontífice, pocas ocupaciones de gobierno podía desempeñar. Su función quedó reducida a la administración de la Basílica del San Pedro, los museos vaticanos, custodiar el archivo del Papa difunto, acoger a los cardenales para la celebración del cónclave y poco más…

Bueno, sí, una cosa más hacía, mantenía una costumbre ancestral que sigue hasta nuestros días. Cuando el Papa fallece, el camarlengo declara su muerte de manera oficial. En reminiscencia de las poco fiables autopsias medievales, el camarlengo toma un pequeño martillo de plata y golpea la frente del pontífice difunto y le llama por su nombre civil. En este caso, «Jorge, ¿duermes?», le dice en latín. Tres veces repite la pregunta. Después declara, también en latín: «En vedad, el Papa está muerto». A continuación, certifica su acta de defunción y se proclama la vacancia de la cátedra de San Pedro.

“Como cargo, el camarlengo entró en crisis después de la desaparición de los Estados Pontificios (1870)”

El hecho de que el sucesor de Pío IX –el Papa que perdió los Estados Pontificios– fuese su camarlengo poco tuvo que ver su elección. Como anécdota irónica, tras el largo pontificado de Pío IX, el más longevo de la historia, si no contamos el del propio San Pedro, los cardenales eligieron a León XIII, por su actitud conciliadora y, en gran medida, por su avanzada edad y salud precaria. Tenían en mente lo que suele denominarse un Papa de transición, uno que dure poco a la espera de dar con un candidato mejor. Duró más de un cuarto de siglo… El tercer pontificado más largo de la historia –cuarto si contamos a San Pedro.

También pasó inadvertido que otro camarlengo, Eugenio Pacelli, se convirtiera en Pío XII en 1939. De hecho, poca gente sabía que Pacelli era camarlengo. Todos le conocían por ser el Secretario de Estado, el líder de la política internacional de la Santa Sede, circunstancia que unió a los cardenales pensando que, con la guerra a las puertas de Europa, se precisaba de un Papa con experiencia diplomática.

“En reminiscencia de las poco fiables autopsias medievales, el camarlengo toma un pequeño martillo de plata y golpea la frente del pontífice difunto y le llama por su nombre civil.”

Tras el establecimiento de la Ciudad del Vaticano (1929) como Estado independiente de Italia, la importancia del camarlengo revivió ligeramente, aunque de una forma muy discreta. De hecho, hay que esperar a la Constitución Apostólica, Pastor Bonus (1988), de Juan Pablo II para que se clarifique su rol como Jefe de Estado interino de El Vaticano durante los interregnos.

Po tanto, el camarlengo actual, el cardenal irlandés, Kevin Farrell, ejerce interinamente de Jefe de Estado interino, pero eso no equivale a un papado en funciones. Como Jefe de Estado interino no puede realizar nombramientos permanentes. Como mucho, en caso de urgencia podría hacer encargos de funciones, o sea nombramientos provisionales, para cargos gubernamentales de El Vaticano, que se verían confirmados –o no– por el pontífice, una vez elegido.

“Tras el establecimiento de la Ciudad del Vaticano (1929) como Estado independiente de Italia, la importancia del camarlengo revivió ligeramente”

Ahora bien, el camarlengo no puede emitir ninguna norma legal vaticana, como las constituciones apostólicas, ni reformar el Código Canónico. Tampoco está autorizado a firmar tratados internacionales. Más importante aún, el camarlengo carece de autoridad en el campo teológico-espiritual. De ahí que denominarle «Papa en funciones» resulte, como mínimo, exagerado o inexacto.

En realidad, cuando fallece el Santo Padre, las potestades de su cargo se deslindan. El camarlengo asume interinamente sus funciones de Jefe de Estado, pero su rol como cabeza espiritual de la Iglesia pasa al conjunto del Colegio Cardenalicio. Una parte de los cardenales, los menores 80 años, en el momento de fallecer el Papa, ven ante sí la tarea clave de dar con un nuevo pontífice. Pero, en caso de tener que emitirse algún tipo de declaración teológica de urgencia, esta función correspondería al Colegio Cardenalicio en su totalidad.