La belleza del vestido, como la belleza de la vida provienen de la libertad” (Oscar Wilde)

A Oscar Wilde siempre le interesó el mundo de la moda femenina y realmente tenía mucha razón al relacionar a la belleza en el vestir con la libertad. Una mujer que se siente libre y cómoda dentro del vestido que lleva estará mucho más guapa que otra que viste en forma “encorsetada”.

En la época de Wilde las mujeres utilizaban vestidos que marcaban tan extremadamente la figura que les imponía el uso del corsé como ropa interior.

Y así es como define la RAE el corsé: “Prenda femenina armada con ballenas, usada para ceñirse el cuerpo desde el pecho hasta las caderas” .

Las mujeres que seguían la moda de entonces estaban condenadas a ceñirse el cuerpo con el corsé, que apenas les permitía poder moverse dentro de sus vestidos tan ajustados, no podrían correr, ni saltar, ni siquiera agacharse con comodidad, ni mucho menos hacer deporte y se pasaban la vida siendo únicamente elementos decorativos en los salones de la época.

Desde el punto de vista médico la utilización del corsé dio lugar a una patología que específicamente afectaba a las mujeres, de manera que llego a describirse en los tratados de medicina de la época el “síndrome delpecho jadeante victoriano” que provocaba:  constipación, indigestión, mareos frecuentes por dificultades al respirar e incluso hemorragias internas. En las autopsias practicadas a las mujeres de aquella época se encontraban normalmente improntas sobre el hígado debidas a la presión continúa producida por el uso prolongado del corsé como parte de su vestimenta.

Pero todo esto comenzó a cambiar cuando Emile Flöge abrió su taller de alta costura en el corazón de Viena, donde se vestían las mujeres más elegantes de la alta burguesía de la ciudad.

Para poder adentrarnos en esta historia, tendremos que viajar en el tiempo hasta la Viena de finales del siglo XIX, y más concretamente a la elegante avenida Mariahilfestrade donde en 1892 se abría el elegante salón de moda Schwester- Flöge .

Allí todo era de la mayor calidad y vanguardia, el propio diseño del taller, los muebles, los probadores, todo estaba realizados por artistas de la Secesión Vienesa (Wiener Werkstätte), hasta las etiquetas de los vestidos y el papel timbrado del taller, que eran muy originales, habían sido diseñados por Gustav Klimt.

Pero lo más importante de todo esto, es que en este elegante taller de moda situado en el corazón de Viena, además de diseñarse vestidos elegantísimos, se estaba produciendo una auténtica revolución en cuanto al concepto del vestir femenino, acercando, como quería Wilde, la libertad con la belleza en el mundo de la moda, a través de las ideas vanguardistas en el vestir femenino de Emilie Flöge.

Emilie fue una mujer muy avanzada para su época, que viajaba con frecuencia desde Viena a Paris y Londres para ver las tendencias de la moda.

En Londres entró a formar parte de la llamada “Asociación para la racionalidad en el vestir de la mujer» creada por lady Harberton y comenzó a utilizar sus normas para el diseño de los vestidos de su taller.

Y así con sus creaciones Emilie intentaba que las mujeres pudieran tener en todo momento libertad total de movimientos, sin que el vestido ejerciese presión alguna sobre ninguna parte de su cuerpo. También las telas que utilizaba para sus vestidos tenían solo el peso necesario para protegerse  del frio, y sobre todo  eran de un diseño a la vez de cómodo, elegante y sofisticado .

Y así llego a crear lo que ella misma denominó “el vestido reformado” de líneas sueltas y telas vaporosas que no marcaban en absoluto el cuerpo de la mujer  y que se podía utilizar sin tener necesidad de llevar debajo el corsé .

Ella misma servía de modelo para sus nuevas creaciones, que complementaba siempre con joyas de diseño vanguardista creadas por sus amigos, los artistas la Wiener Werkstätte.

Las mujeres elegantes de la burguesía vienesa que visitaban su taller de alta costura comenzaron a llevar sus vestidos, y por lo tanto dejaron de utilizar el corsé como ropa interior.

Por todo esto, las mujeres debemos mucho a Emilie Flöge, ya que fue ella quien nos liberó de esa prenda tan incómoda e invalidante, una liberación que nos permitió comenzar a poder movernos libremente, a correr, a saltar, a agacharnos sin problemas, hacer deporte, y sobre todo a tener un papel mucho más activo en la sociedad de entonces.

Los gustos tan exquisitos en el vestir que Emile Flöge imponía desde su taller de costura hizo que  la famosa y conocida frase «Para estar guapa hay que sufrir” se convirtiera en otra, que es mucho más sensata y liberadora para la mujer, la que dice que : «hay que ser tonta para sufrir“

Podemos a partir de estas reflexiones intentar comprender como la moda ha podido condicionar durante décadas el papel de la mujer en la sociedad.

Por ejemplo, es muy curioso como el dejar de utilizar algunos complementos en el vestir por parte de la mujer pueda relacionarse con la emancipación femenina; en nuestro país prescindir de un elemento que obligatoriamente formaba parte de la indumentaria femenina, como era el sombrero en los años 20, constituyó todo un acto de rebeldía y de reivindicación.

Por ello en el año 2015 se acuñó el término «Las sin sombrero” para denominar a algunas artistas españolas que pertenecieron a la generación del 27 y que se negaron a utilizar el sombrero como complemento en el vestir, entre ellas pintoras como Maruja Mayo, escritoras como María Zambrano, o Carmen de Burgos, y otras muchas, todas ellas mujeres excepcionales en diferentes facetas artísticas .

Desde luego el no llevar sombrero en los años 20 implicó una liberación para la mujer, pero si lo pensamos con detenimiento, las mujeres antes de liberarse del sombrero, tuvieron que hacerlo de otro elemento que llevaban debajo del vestido y que debería de ser mucho más incómodo e invalidante para ellas: «el corsé” y como hemos visto en este movimiento de liberación Emilie Flöge tuvo un papel determinante, aunque en ocasiones solo se la recuerde como la musa inspiradora de Gustav Klimt

Porque efectivamente Emilie Flöge, fue alguien muy especial en la vida de Gustav Klimt que además de un gran pintor, fue un personaje fascinante con un carácter reservado muy característico, fue por ejemplo uno de los pocos pintores que durante toda su vida no se hizo ningún autorretrato, el mismo decía:

“Jamás me he pintado un autorretrato, mi propia persona no me interesa como objeto de un cuadro, no creo que haya nada de extraordinario en mi “ 

Sin embargo en su cuadro «El Beso» siempre se ha pensado que puede ser el propio Klimt quien se esconde detrás del hombre, que sin mostrar su rostro, besa a la modelo que aparece con él en el cuadro, que no es otra que su querida amiga Emile Flöge.

En cuanto a las relaciones entre, Gustav y Emilie, son bien conocidas.

Klimt conoció a Emilie Flöge, que era doce años más joven que él, cuando su hermano Ernst se casó con Helene, la hermana de Emilie convirtiéndose ambos en cuñados. Ernst murió prematuramente y Gustav fue el tutor de su sobrina estrechándose aún más los lazos entre las dos familias, y por tanto las relaciones entre ambos.

Sus caracteres eran muy diferentes y también su estrato social, la familia de Klimt era de clase media y el pintor estudio arte con una beca, Emilie sin embargo pertenecía a la burguesía vienesa.

Frente al carácter abierto de Emilie, Gustav fue siempre muy reservado; durante su vida tuvo como amantes a algunas de sus modelos, con las que llego a tener varios hijos, de los que finalmente reconoció tres responsabilizándose de su manutención y educación, estableciendo además unas relaciones muy amistosas con sus respectivas madres.

Tenía mucho éxito con las mujeres, antes de conocer a Emilie tuvo también un romance bastante conocido con Alma Schindler, que después sería la mujer de Gustav Mahler. Sin embargo, nunca se casó y vivió siempre con su madre y sus hermanas.

Vivía entregado a su trabajo, pasaba todo el día encerrado en su estudio, solo recibía a sus amigos a la hora del desayuno, su hermana Hermine le describe así:

“Gustav no amaba la vida en sociedad, prefería la soledad y nosotras le ayudábamos a librarse del tedio de la vida cotidiana, cada noche cenaba en silencio y se acostaba temprano, no le gustaban las reuniones sociales, trabajaba siempre con tanta pasión que creíamos que la inspiración por su trabajo acabaría por consumirlo vivo “

Emilie y Gustav en invierno vivían separados, cada uno en su casa y no se veían demasiado, pero comenzaron a influirse mutuamente y a convertirse en indispensables el uno para el otro.

Gustav colaboraba en el taller de costura de Emilie con el diseño de los vestidos, apoyándola hasta tal punto, que él mismo abandonó el uso del traje de caballero de entonces y comenzó en su día a día a vestir túnicas inspiradas en ese  “vestido reformado “  que había sido  ideado por Emilie en su taller , pero  en su versión masculina .

A Emilie como se le daban muy bien las relaciones sociales, se ocupaba de la venta de la obra de su cuñado a los marchantes, algo que él por su carácter introvertido odiaba y siempre evitaba.

También comenzó a acompañarle en todas las inauguraciones de sus exposiciones, de manera que a Emilie se la comenzó a conocer en los círculos del arte como «Frau Klimt” aunque en principio no hubiese ninguna relación entre ellos que pudiera justificarlo.

Entre los dos se estableció una relación de trabajo, las mujeres que encargaban sus retratos a Klimt pertenecían a la alta sociedad vienesa y posaban para él con los trajes diseñados en el taller de Emilie, que se hizo muy popular y llegó a tener hasta ochenta empleados

La relación entre ambos se volvía especialmente intensa durante los veranos que los dos compartían junto con sus familias respectivas en las proximidades del lago Atter en Austria.

Hay testimonios fotográficos muy hermosos de como pasaban juntos esos días luminosos de verano vestidos con los modelos que ellos mismos diseñaban, y que después vendían en el taller de moda de Emilie.

Ambos fueron siempre muy discretos en cuanto a cómo podría ser su relación, que duró durante toda la vida de Gustav.

Se han encontrado cuatrocientas hojas de correspondencia entre ambos, en ellas sobre todo Gustav, mantiene siempre un tono distante con pocas referencias personales y pocos gestos de afecto, esto ha llevado a pensar que entre ellos solo existió una amistad platónica con intereses mutuos, pero teniendo en cuenta la inhibición que tenía Klimt para mostrar sus sentimientos por escrito, puede que realmente esto no fuese así. Él se describía a si mismo diciendo:

“Las palabras no son mi fuerte, me cuesta mucho hablar o escribir sobre todo cuando tengo que referirme a mis sentimientos o a mi trabajo, me da una especie de náusea al hacerlo “

Y al estudiar su correspondencia puede verse como Gustav cuando estaba de viaje se obsesionaba tanto con Emilie que llegaba a escribirla hasta siete postales en un día.

 En una de ellas, precisamente escrita desde Madrid el 26 de octubre de 1901 en el viaje que Gustav realiza a España, le dice :

“He pensado mucho en ti . Como me gustaría estar aquí contigo. Ayer estuve en el Prado ¡precioso! El Greco también es maravilloso. Velázquez me ha decepcionado un poco sobre todo en los cuadros que quería ver. Las postales son horribles

¿No tienes nada que contarme? Bueno ya lo harás cuando paseemos por el prado risueño hacia el sol y la primavera, que tarde o temprano llegará, y tú con ella “

Cordialmente

Gustav

En esta carta Gustav hace referencia al deseo que tenía de que llegase la primavera y el verano, que era cuando pasaban más tiempo juntos, inspirándose mutuamente, lejos del frio del invierno y del duro trabajo del taller.

Gustav falleció prematuramente de forma inesperada de un accidente cerebro vascular el 6 de febrero de 1918, y antes de morir, cuando aún estaba consciente a la única persona que quiso tener a su lado fue a Emilie, a la que legó la mitad de su obra.

Por su parte Emilie nunca se casó, en 1938 tuvo que cerrar su taller de costura, aunque siguió trabajando en su casa de la calle Ungargasse .

En los últimos días de la segunda guerra mundial desgraciadamente una bomba destruyó su casa, sus vestidos y sobre todo la mitad de las obras de Gustav, que guardaba en ella.

Y quizás podamos saber algo de cómo era la relación entre estos dos grandes creadores por Hans Tietze, que fue un gran amigo de Gustav Klimt, y que hablaba así de él:

“En Gustav existía una especie de aflicción que le impedía abandonarse a la vida. Durante años mantuvo una estrecha relación de amistad con una mujer, pero nunca se lanzó a dar el sí definitivo, jamás quiso responsabilizarse de su propia felicidad, y el único privilegio que concedió a la mujer que le amó durante años, fue el de consolarlo en el momento de su muerte»

Emilie Flöge es un ejemplo más de algunas mujeres, a las que tan sólo se las recuerda por servir de inspiración a grandes artistas, pero su caso debería ser reivindicado especialmente, porque su buen gusto en el vestir logró liberar a la mujer de una prenda tan invalidante como el corsé, abriendo para todas nosotras una existencia mucho más libre y llena de nuevos horizontes, uniendo con sus creaciones de moda vanguardistas  la belleza en el vestir con la  libertad de movimientos, algo que hubiese entusiasmado al mismísimo Oscar Wilde.

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Doctora en CC Biológicas, licenciada en Medicina y Cirugía por la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en Oftal- mología. Autora del libro La patología ocular en la pintura a través de la historia clínica oftalmológica editado por la Sociedad Española lde Oftalmología. Autora de numerosos artículos sobre oftalmología y pintura. Ha impartido diversas conferencias sobre la influencia de las enfermedades visuales en la pintura en lugares como el Museo del Prado, el Círculo de Bellas Artes de Madrid, la fundación Caixa Fórum y el Colegio Oficial de Médicos de Madrid.