No es ningún secreto que, además del trono del Reino Unido, Carlos III es rey de otros 14 países, entre ellos Canadá, Nueva Zelanda, Australia y… Jamaica. No ha de confundirse la monarquía común, con la Commonwealth o Mancomunidad de Naciones. El monarca inglés también preside –simbólicamente– está organización internacional. Pero la mayoría de sus 56 miembros son repúblicas.
Recientemente, Jamaica inició una reforma constitucional que culminaría con la instauración de una república. Se mantendría dentro de la Mancomunidad, pero con un Jefe de Estado propio. Lo curioso es que, pese a que la mayoría de jamaicanos se declaran republicanos, los términos de la reforma amenazan con echarla a perder.
En los países de la monarquía común, pese a que el nombre Carlos III sigue invocándose en los juramentos institucionales, expide títulos universitarios y su cara aparece en billetes y monedas, el monarca británico no participa de la vida institucional de sus otros reinos. Allí le representa un gobernador general.
“Carlos III es rey de otros 14 países, entre ellos Canadá, Nueva Zelanda, Australia y… Jamaica”
Tradicionalmente, el gobernador general era un ciudadano británico nombrado a propuesta del gobierno de Londres. Por supuesto, esto ha cambiado.
Hoy, es el primer ministro de cada país de la monarquía común quien propone a su gobernador general y también quien dicta su cese. La única excepción es Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón, cuyos gobernadores generales son votado por el parlamento.
En la práctica, pues, este representante de la Corona, este Jefe de Estado en funciones, es un ministro más del gabinete nacional. Como ocurre en el propio Reino Unido, los poderes de la Corona y los del gobierno acaban aunados en el primer ministro.
“No ha de confundirse la monarquía común, con la Commonwealth o Mancomunidad de Naciones”
Otro efecto de la monarquía común es la penosa situación de la segunda cámara o senado en todos estos países. A medida en que, bajo la tutela londinense, los integrantes de imperio británico se convirtieron en países, al gobierno metropolitano se le ocurrió que era una idea genial replicar allí su sistema parlamentario. Esto es una cámara de los comunes votada por el pueblo, junto a una cámara nobiliaria, formada por la nobleza. El problema, claro está, es que en las colonias las simpatías y arraigo de la nobleza distaban del que gozaban en Gran Bretaña.
Conforme la independencia gradual de estos territorios se consolidaba, qué hacer con esos senados nobiliarios se fue convirtiendo en una pregunta más y más incómoda. No digamos si, como Irlanda –que no pertenece a la Commonwealth–, después de independizarte (1922) te convertías en una república (1949). Ya se sabe que la nobleza y las repúblicas suelen casar poco y mal.
“Jamaica inició a reforma constitucional que culminaría con la instauración de una república”
Dublín optó por hacer de su cámara de los lores un senado corporativo, un consejo de sabios, no votado en elecciones abiertas. Sus integrantes son escogidos por las universidades, grupos económicos, entidades civiles y otros.
Tras darle muchas vueltas los neozelandeses abolieron su cámara alta (1951) y se quedaron con un parlamento unicameral. Australia, en cambio, parcialmente inspirada por Estados Unidos, hizo de su senado una cámara de elección directa y reforzó sus poderes en cuestiones territoriales y presupuestarias, aunque sin llegar a la absoluta igualdad que mantienen las dos secciones del parlamento estadounidense.
“Otro efecto de la monarquía común es la penosa situación de la segunda cámara o senado en todos estos países.”
La mayoría de países que han permanecido en la monarquía común, como Canadá y la propia Jamaica, han acabado cargando con senados simbólicos. Sus miembros ya no son nobles. En muchos casos, como en Canadá, sus cargos son vitalicios –o hasta la edad de jubilación forzosa. ¿Y quién los elige? El gobernador general… a propuesta del primer ministro. Vaya, los elige el jefe de gobierno.
En Jamaica existe una variación constitucional, que comparte con otras monarquías caribeñas. Los senadores se nombran cada cinco años, después de las elecciones generales: trece a propuesta del primer ministro y ocho a propuesta del líder de la oposición.
“La mayoría de países que han permanecido en la monarquía común, como Canadá y la propia Jamaica, han acabado cargando con senados simbólicos”
Queda un tercer vínculo con el antiguo imperio, quizás el más polémico, el Privy Council o Consejo Privado del Rey, con sede en Londres. Grosso modo, este organismo es una especie de Consejo de Estados para el gobierno inglés. También asesora en cuestiones de derecho internacional a la Commonwealth. Pero, además, dispone de una sección judicial compuesta por jueces del Tribunal Supremo de Reino Unido y de otros países de la Commonwealth.
Está sección judicial opera cómo tribunal de apelaciones del propio Supremo británico y resuelve conflictos jurídicos entre los miembros de la Mancomunidad. Hasta aquí todo bien… el problema es que algunos de los reinos de la monarquía común lo siguen manteniendo como órgano judicial superior.
“Queda un tercer vínculo con el antiguo imperio, quizás el más polémico, el Privy Council o Consejo Privado del Rey, con sede en Londres”
Una cosa es que el Privy Council haga de instancia judicial suprema del Reino Unido y, a la vez, de Tribunal Internacional para la Commonwealth. Más incómodo es que como país, tu máximo órgano judicial siga afincado en un Estado extranjero.
No por casualidad, muchos países de la monarquía común han abandonado el Privy Council. Canadá, Australia y Nueva Zelanda han creado sus propios Consejos Privados u otros órganos judiciales que asumen su función, limitando la influencia del consejo privado de Londres a cuestiones de la Commonwealth.
“Más incómodo es que como país, tu máximo órgano judicial siga afincado en un Estado extranjero”
Otros reinos, como las Islas Salomón mantienen un hipotético recurso judicial al Privy Council de Londres, pero desde 2016, su efectividad es nula y una Corte de Apelación nacional ha asumido sus competencias. Más o menos el mismo camino ha seguido Papúa Nueva Guinea.
En 2023, Barbados, Belice, Dominica, Guayana y Santa Lucía crearon un Tribunal Internacional conjunto que actuara como instancia judicial suprema compartida de estos pequeños países caribeños.
Como ya hiciera Sant Vicente y Granadinas (2009), Granada y Antigua y Barbuda rechazaron en referéndum (2018) abandonar el Consejo Privado de Londres. En los tres países, la monarquía goza de una cómoda popularidad, por encima del 52%, lo que hace más fácil mantener vínculos efectivos con la antigua metrópolis.
“muchos países de la monarquía común han abandonado el Privy Council”
Otro país que tampoco se plantea romper lazos con Carlos III ni con el Consejo Privado es Tuvalu. Después de todo, ese pequeño país insular del Pacífico, con menos de 12.000 habitantes, es el único reino donde la popularidad del Corona (71%) supera a la de la propia Inglaterra (57%).
Con una adhesión mucho más baja a la monarquía (40%) y una población muy superior a la de estos otros Estados, cuesta entender que Jamaica no haya independizado totalmente su poder judicial a estas alturas. Ni siquiera se ha adherido a la Corte Caribeña. Y este es quizás el punto más polémico de la reforma constitucional republicana.
“cuesta entender que Jamaica no haya independizado totalmente su poder judicial a estas alturas”
Entre los reinos de la monarquía común, existen sentimientos muy diferentes acerca de la continuidad de la Corona. Como hemos visto, algunos países muestran una sólida adhesión a la monarquía. En otros, existe una aceptación del status quo, un no lo toques si funciona. Tácitamente esto implica aceptar a Carlos III como jefe de Estado simbólico, aunque tampoco se registren cuotas muy convencidas de monarquismo.
Incluso en países, como Jamaica, cuya población se declara partidaria de convertirse en una república dentro de la Commonwealth, el debate dista de figurar entre las prioridades demoscópicas de los ciudadanos. Más importante aún, hay importantes divisiones de opinión acerca de qué republicanismo se prefiere.
“hay importantes divisiones de opinión acerca de qué republicanismo se prefiere”
En Australia tales divisiones ya frustraron el destronamiento de la difunta Isabel II. En 1999, los australianos celebraron un referéndum monarquía vs república, aprovechando un pico de republicanismo. Contra todo pronóstico, triunfó la monarquía porque los republicanos se mostraron incapaces de acordar si querían una república parlamentaria o una presidencialista.
La propuesta republicana del gobierno jamaicano tendrá que votarse en el parlamento y luego superar un referéndum. Como admite su propio portavoz, en un país pobre, el debate sobre la jefatura de Estado no levanta pasiones ni agita inquietudes. Para colmo, el gobierno empieza a tomar conciencia de que su propuesta resulta decepcionante para los jamaicanos republicanos.
“En Australia tales divisiones [entre republicanos] ya frustraron el destronamiento de la difunta Isabel II en 1999”
En su mayoría, estos apuestan por una república presidencialista, como la mayoría de países americanos. ¿Y qué se encuentran? El gobierno propone que Presidente de la República de Jamaica imitando el modelo de Barbados.
En 2021, Barbados se convirtió el último país de la Commonwealth en dejar la monarquía común. Allí hubo consenso en que era mejor que, tras décadas de parlamentarismo, el Jefe de Estado mantuviera un rol ceremonial. Su elección se confía al parlamento que debe aprobar a un candidato propuesto conjuntamente por el primer ministro y el líder de la oposición. Pues en esto quieren replicar en Jamaica.
“En su mayoría, los jamaicanos apuestan por una república presidencialista”
¿Y el senado? Bueno, el proyecto de reforma constitucional, de nuevo, es tibio. El número de senadores se elevaría a veintisiete, todos ellos nombrados por el Presidente: quince a propuesta del primer ministro, nueve a propuesta del líder de la oposición y tres por su propia iniciativa entre miembros de “sector privado, la sociedad civil, o las comunidades religiosas organizadas”. La elección de este senado republicano seguiría fuera del voto popular. Sus poderes tampoco aumentarían, siendo irrelevante salvo para hipotéticas reformas constitucionales.
La mayor decepción, sin embargo, sigue siendo el Consejo Privado. ¡Este seguirá de máximo órgano judicial en la República de Jamaica! El gobierno esgrime motivos prácticos, como que la jurisprudencia consolidada que se aplica en la isla emana del Privy Council londinense…, argumentos poco convincentes. Ningún consuelo aporta a los jamaicanos republicanos que le cambien el nombre en su constitución. De aprobarse la reforma, ya no se le llamará «Consejo Privado del Rey», sino el «Consejo Privado de Londres». Casi parece un chiste… ¿Cuándo empezamos a creer que, cambiando el nombre, se altera la naturaleza de las cosas?
“La mayor decepción, sin embargo, sigue siendo el Consejo Privado. ¡Este seguirá de máximo órgano judicial en la República de Jamaica!”
Aunque el futuro es incierto, hay motivos para pensar que esta reforma republicana fracasará. No por falta de republicanos jamaicanos, sino porque se percibe como una distracción de los problemas sociales del país que a lo sumo no pasa de modificaciones estéticas. Unos políticos contentos con el poder que les da el status quo desechan al Rey, sin aumentar ni mejorar la democracia en país. ¿Qué incentivos habrá para ir a votar?










