Hay pocos musicales que hayan marcado a una generación tanto como Grease. La película de 1978 protagonizada por John Travolta y Olivia Newton-John se ha convertido en parte ineludible del imaginario colectivo con sus coreografías y canciones que son ya parte de la cultura pop.
Cabría entonces preguntarse, ¿puede aún sorprender la producción teatral de Grease? La respuesta es bastante sencilla: sí. Tres años después de su estreno, el musical de instituto por excelencia regresa a Madrid, tras una gira de dos años, incluida una estancia en Barcelona.
Danny, Sandy, Rizzo, Frenchy, Kenickie y los demás estudiantes de Raydell se han instalado, solo durante 10 semanas, en el Teatro Apolo, para despedirse del verano y volver a las clases.
La producción de SOM Produce se caracterizó desde un principio por la juventud de su elenco (alrededor de los 17 años en su estreno), que lo acercaba a la edad real de los personajes, un primer distintivo con la cinta, que también le aporta una muy necesitada frescura. Ya que los protagonistas no dejan de ser adolescentes y en escena podemos verlos comportándose como tal. Los T-Birds son un grupito de niñatos que se toman a sí mismos demasiado en serio, pero que dejan ver entre las costuras que aún siguen siendo niños jugando a ser mayores. Mientras que las Pink Ladies demuestran su perfectamente ensayada pose de “mujer elegante y moderna” desde su fiesta de pijamas. Esta constante dualidad entre lo que se es y lo que quieren ser es una fuente inagotable de humor que empuja al público a redescubrir a unos personajes de los que pensaba que lo sabía todo.

Empezando por Danny Zuko (Quique Niza) al que, a diferencia del de Travolta, la máscara de chulo inaccesible se le escapa con mayor facilidad, dejando al descubierto a un joven irreverente, divertido, muy amigo de sus amigos y locamente enamorado. Sandy Olsson (Mia Lardner), por su parte es menos pánfila, tiene unos recios principios y no duda en defenderse con uñas y dientes cuando es necesario, sin perder el aura de dulzura que le dibujan la melena rubia y los vestidos de vuelo con zapatitos blancos.
Completan los T-Birds Kenickie (Marc Ribalta), Doody (Miguel Millán), Roger (Pau Gimeno), Sonny (Aleix María) y Eugenne (Christian Velert), con una relación mucho más profunda y juguetona de lo que se podría adelantar cuya la lucha constante entre la presión de grupo y la individualidad se puede también trasladas a las Pink Ladies encabezadas por una potente Rizzo (Isabel Pera) junto a Frenchy (Sònia Vallverdú), Marty (Laura Miguel) y Jan (Paula Domínguez), aunque Patty (Rocío Serrato) también se les une de vez en cuando, quieran ellas o no.
Quizá el mayor reto de cualquier producción de Grease sean las expectativas y esta no sólo sabe manejarlas, sino que juega de manera magistral con ellas. El público, en su enorme mayoría, sabe lo que viene y lo espera con ansias, llegando a revolverse en sus asientos cuanto más se acerca el momento de escuchar alguno de los temas icónicos del musical. Pero, justo cuando parece que empieza, no lo hace. Estas cómicas dilataciones de los instantes previos generan una tensión que se extiende de manera casi asfixiante por la sala y que resulta en el éxtasis absoluto una vez concluye e inicia el número, algo que se corrobora gracias a las interminables ovaciones que se suceden durante el espectáculo.
Sin embargo, no se limitan a jugar con las ganas del público, sino que le ofrecen más de lo que esperaba ver. Con una base tremendamente sólida construida con una calidad sobresaliente en lo que a coreografías y acrobacias se refiere, se siguen añadiendo elementos extra que sorprenden a los espectadores. El ejemplo más claro de esto ocurre durante Grease Lightning, el famoso número del coche, en el que un inesperado juego entre iluminación y vestuario arrancan exclamaciones y aplausos histéricos a todo el patio de butacas.
Otra de las piezas clave de este Grease es, sin lugar a dudas, Vince Fontaine (Adrián Lastra), el presentador del programa de moda en la radio que se cuela cada noche en las habitaciones para mantener una charla de tú a tú con los presentes. Lastra baila con destreza sobre la cuarta pared y se desdobla en una amplia gama de personajes, algunos que no terminan de desligarse de Fontaine, como el ángel de la guarda de Frenchy; o el hilarante entrenador de Zuko. Sea como fuere, Fontaine desprende carisma y elegancia, así como una cierta mordacidad que eleva el humor de juvenil a adulto con una gran facilidad.

De esta manera, el espectáculo dirigido por David Serrano, con coreografías de Toni Espinosa, iluminación de Juanjo Llorens, diseño escénico de Ricardo Sánchez Cuerda y vestuario de Ana Llena, con Jesús Serrano en la dirección musical; supone la oportunidad perfecta de redescubrir el que para muchos es El Musical.
Completan el elenco Alba Samitier, Carmen Bravo, Silvia Cordero, Amanda Palomino, Pau Zeiss, Diego de Domingo, Fernando Rois, Arturo Fajardo, Daniel Mena Mújica, Alicia Santos, Nerea González, Pablo Bravo y Sergi Boix.
Grease, el musical ofrece una oportunidad de mirar al pasado, de conectar con el adolescente interior de la mano de nuestro guía en este viaje, Vince Fontaine, que no dejará que nos hundamos en la nostalgia y, por lo contrario, nos brindará las herramientas necesarias para afrontar el futuro. Y para los últimos reticentes: por mucho que hayas visto Grease, siempre hay algo más que contar.










