Maurice Audin no fue nadie. Casi nadie. Apenas un peón, una vida mínima, nombre que no aparece en los libros de historia. Doctor en matemáticas (aunque jamás llegó a defender su tesis en persona), profesor y recadero en la universidad, promesas del futuro, existencia truncada. Maurice Audin no fue nadie, o no debió serlo. Pero se le cruzó la muerte, la confusión, un informe oficial que lleva dentro lagunas, la certeza de que nada es como nos cuentan. Maurice Audin, que no era nadie, acabó convertido en símbolo de un horror. La Batalla de Argel, los paracaidistas franceses haciendo sacas de gente que jamás volvía a sus hogares. Colaboracionistas, decían. Como Audin, que tenía importancia creciente en el Partido Comunista de Francia allá en los tres departamentos del sur. Él no volvió, salvo transformado en metáfora, en recuerdo. Así sigue.

Más de medio siglo después su hija, Michele Audin, escribió un libro. El mismo que ahora traduce “Editorial Periférica” bajo el título “Una vida breve”. Sigue esa moda del autoconocimiento biográfico, de la investigación casi genealógica, que tanto se practica en la literatura francesa de hoy en día. Pero tiene una particularidad. Una gozosa particularidad. Bueno, en realidad dos.

«Vence la tentación. Volver a contar otra vez la historia que ya tantos contaron antes, con más contexto, con mayor minuciosidad»

La primera puede parecer casi excéntrica. Audin hija es, como antes fue Audin padre, matemática, así que le interesa bastante la historia de su disciplina. De esta forma entrelaza los avances, logros y hasta polémicas (siempre hay polémicas) de la misma en Francia (y el mundo) durante las primeras décadas del siglo XX con el devenir de su misma familia. El resultado es, en ese sentido, fascinante, pues nos permite aprehender cómo la Ciencia se alambica con vidas casi anónimas para completarlas, explicarlas, incluso ampliarlas. Supongo que conocimientos suficientes y algo de maña narrativa eso se puede lograr con cualquier disciplina del pensamiento, pero ello no hace menos llamativo el hallazgo de Audin (hija) en este libro. Es, por ese lado, lo mejor que tiene la obra.

El segundo acierto es una renuncia. A veces lo más difícil cuando se escribe es decir “no” a ciertas cosas sobre las que escribir. Audin lo hace. Vence la tentación. Volver a contar otra vez la historia que ya tantos contaron antes, con más contexto, con mayor minuciosidad. No, a Michele Audin no le interesa Maurice Audin como protagonista del “Caso Audin”, sino Maurice Audin como hijo, hermano, padre. Como ser humano, en última instancia. Eliminar la descripción de las torturas, del final, hace, paradójicamente, que éstas estén más presentes, como si flotasen por cada página de la obra. No supone olvidar lo que pasó, sino hacerlo visible a partir de su ausencia. Para qué hablar, si ustedes ya saben. Para que recalcar, si están viendo. Es un doble juego, que combina pudor y cierta decisión narrativa en lo que no es, en puridad, una narración.

«El resultado resulta fascinante. Un obra que interpela, que pregunta, que abre interrogantes»

El resultado resulta fascinante. Un obra que interpela, que pregunta, que abre interrogantes. Que te empuja a leer más sobre el hombre de quien, leyéndola, tan solo sabes que era un hombre. Nada más que un hombre. Todo un hombre.

 

Título: «UNA VIDA BREVE»
Autor: MICHELE AUDIN
Nº de páginas: 168
AutorEditorial: PERIFERICA
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788418264689
Año de edición: 2020

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