La editorial Temas de Hoy continúa sorprendiendo con sus títulos. En esta ocasión apuestan por el talento nacional y presentan Jódete y crece, la primera novela de Juan Pablo Cuevas. En ella encontraremos a Javier, Emma y Andrés, los protagonistas de una historia de búsqueda del propio camino dentro de una sociedad llena de promesas vacías.
Hablamos con el autor y dramaturgo Juan Pablo cuevas sobre su libro, las inquietudes de sus personajes, que también son las suyas, y sobre este precario mundo que ha dejado a la generación mejor preparada en un barco a la deriva.

 

Jódete y crece es una tragicomedia teatral que lleva dos años interpretándose en el teatro Lara de Madrid. ¿Cómo ha sido el proceso de conversión de la obra en una novela? ¿Qué diferencias destacas entre ambos formatos?

Primero montamos la obra para poder trabajar como actores. Luego quise publicar el texto íntegro, pero me animaron a hacerlo en forma de novela. Estoy contento por haber llevado ambos proyectos a cabo. Cada formato posee unas posibilidades narrativas, unas licencias y unos permisos diferentes.

La persona que haya visto la función y leído el libro va a notar que está consumiendo productos distintos. La obra interpela al espectador, hay una constante ruptura de la cuarta pared, mucha metaobra. También da la posibilidad de crear otros lugares y espacios. Por otra parte, la narrativa permite ampliar y enriquecer la línea de pensamiento de los personajes, conocer qué piensa Javier, cómo ha llegado hasta ahí y el bagaje cultural que tiene.

 

Como bien dices, la narrativa ahonda en la línea de pensamiento de los personajes. Dado que tanto la figura de Javier como la de los demás protagonistas provienen de la obra, ¿has profundizado en su desarrollo para la redacción de la novela o no han cambiado respecto a la función?

Sí, los personajes ahora están más formados, la novela lo pedía; los entendemos mejor y podemos disfrutar de momentos que en la representación tenías que imaginarte. Me he centrado en contar y en hacer que la narración del pensamiento sea más sólida. Lo que se pierde es la inmediatez del teatro, aunque he utilizado algunas de sus características como acotaciones y diálogos incrustados con el nombre del personaje. No quería perder la esencia de la que proviene.

«Para mí, escribir es asumir tu propia mediocridad»

¿Te has impuesto alguna rutina de escritura?

Lo he intentado, pero no soy demasiado disciplinado y me cuesta mucho organizarme. Para mí, escribir es asumir tu propia mediocridad. Eso es más traumático para unos que para otros. En mi caso es bastante traumático, así que igual un día escribo muchísimo y luego no lo toco en dos semanas. Lo dejo ahí reposando. Después vuelvo, corrijo el texto y digo: bueno, no estaba tan mal. Lo acepto y ya puedo seguir. Hago pequeños duelitos cada cierto tiempo.

 

Los protagonistas están llenos de conflictos internos que pocas veces son capaces de poner en palabras. ¿De dónde crees que viene este miedo, esta incapacidad,  a expresar lo que sentimos y lo que somos?

Cuando pones algo en palabras se vuelve realidad. Las palabras sentencian. Es jodido poner lo que pensamos en palabras cuando sabemos que supondrá un poco de trauma. A veces somos incapaces de hacernos cargo de ello y vamos diciendo lo contrario a lo que pensamos, haciendo lo contrario de lo que queremos, intentando a ver si el otro se da cuenta y no tenemos que decírselo. El teatro es un fiel reflejo de esa incapacidad. En las obras de Chéjov los personajes siempre dicen lo contrario a lo que piensan, a lo que desean, porque aceptar los propios deseos es complicado.

A mí me daba miedo ser actor ya que conlleva unos riesgos muy importantes, como escribir una novela. Tienes miedo a defraudar, a darte la hostia. Cuesta vivir sin ese temor hasta que te permites hacerlo. Las deadlines de la vida nos ayudan un poco. Si tuviésemos todo el tiempo del mundo nunca haríamos nada. Lo de ser seres finitos nos permite que haya mucha acción en nuestra vida. Si fuésemos inmortales dejaríamos todo para mañana.

 

Una de las citas que podría definir muy bien tu libro, en palabras del propio Javier, es la siguiente: “Por mucho que nos cueste aceptarlo, no podemos seguir idealizando lo que es crecer”. ¿Qué daño ha hecho a nuestra generación crecer con unas expectativas que la propia sociedad nos ha negado?

Es todo el trauma que vivimos. Es la decepción hecha persona. Somos la decepción hecha persona. Nos creímos una narrativa que no era verdad y ahora todo se ha desmontado, nos ha explotado. Esa desilusión nos ha marcado como generación. Lo interesante sería saber cómo transformarla. Estamos muy pendientes de cumplir las expectativas de los demás y de la imagen que tenemos de nosotros mismos en vez de plantearnos qué queremos, cómo queremos ser felices o qué podemos aportar al mundo. Crecer es curar las heridas, dice el libro, y a veces la cura es distraerse a largo plazo: no pensar tanto en nosotros, no tocarnos tanto la llaga.

Además, lo que han hecho es convencernos de que ser adulto tiene que ver con tener un trabajo estable, una casa, una pareja, etc. Y ser adulto, al final, es hacerse cargo de tus mierdas, lo que conlleva mucha responsabilidad y crear a gente crítica. Mediante la precariedad y los alquileres abusivos nos han prohibido acceder a todo eso y han vetado ser adulto. De esta forma nos quitan credibilidad y hacen que no podamos cambiar el mundo.

Hemos heredado cuestiones que no nos apetecían. Lo guay es que tenemos una gran oportunidad para repensarlo todo. Somos una generación superpreparada: tenemos carreras, idiomas, medios… Falta que nos lo creamos, tomar las riendas y no permitir que nos digan que no. Y hacernos nuestro sitio, que todavía nos cuesta.

«Nos creímos una narrativa que no era verdad y ahora todo se ha desmontado, nos ha explotado. Esa desilusión nos ha marcado como generación»

¿Dirías que la imposibilidad de obtener cierta estabilidad debido a la precariedad laboral y al difícil acceso a una vivienda digna es lo que nos genera una sensación de presión constante?

Son muchas las causas de esa presión. Las que comentas son dos fundamentales al cuestionar lo más básico, aunque existen varios frentes abiertos que nos producen angustia. Me gusta pensar que la sensación de presión es mala porque nos hace daño y, al mismo tiempo, es buena porque nos vuelve inconformistas. Por eso suelo decir que soy hijo de mi tiempo: estoy muy a gusto en esta generación, no lo cambiaría por nada. Me siento feliz en este riesgo. Sí que trabajo para cambiar ciertos aspectos, como que podamos vivir mejor o que tengamos unas condiciones laborales dignas. Lo que he notado es que todo lo que hemos pasado me ha hecho crecer, ser crítico o apoyarme en mis amigos. Quizá si hubiese tenido de todo no habría madurado y sería ahora un criajo estúpido. Que lo soy un poco, pero igual menos.

 

Javier tiene una relación conflictiva con sus padres. De hecho, lo rechazan abiertamente. ¿Afecta ese comportamiento a Javier y a su manera de crear vínculos amistosos o amorosos?

Sí, le ha afectado mucho. En una ocasión comenta que solo busca que lo quieran por las cosas más feas, estúpidas y aleatorias. Eso le marca en sus relaciones. Él ansía amar así: desea querer a la gente por sus defectos, por sus errores, por sus taras. A Javi le jode que no lo quieran en la diferencia, pero él no es capaz de querer a su padre en la diferencia. Ese es su ejercicio. Querer sin ser semejantes es algo muy complicado que todos deberíamos intentar. Disfrutar desde ahí y no esperar nada más es lo difícil. Ese es el trauma de Javi y el de muchos.

 

 

La incomprensión que se da entre Javier y su padre no es un caso puntual, se trata de una situación que todavía existe en estos tiempos modernos. ¿Idealizamos la figura de los padres y, si estos no son como nos gustaría que fuesen, optamos por refugiarnos en las amistades?

No hay que pensar que los padres están siempre para dar, también están para recibir. Habría que establecer cómo sería la relación a la inversa y ver cómo se podría mejorar. Es un debate interesante. Al final, Javi se construye mucho en torno a Emma, su amiga. La amistad está ahí como nuestra segunda familia y está bien disfrutarla desde ese lugar, darle ese permiso. Esa amistad reconforta y es lo que pasa un poco dentro de esta historia: reconfortarse en la amistad, en el sexo, en la pareja, en las noches de fiesta, en las drogas o en el alcohol. A veces la parte fea se oculta. En Jódete y crece, como no es una novela bonita, he querido mostrarla. El lector busca lo crudo, que lo sorprendan.

 

Al terminar de leer Jódete y crece me quedó claro que, además de sorprender, uno de sus puntos fuertes es que abre debates, genera preguntas y replantea temas.

Sí, yo creo que lo importante es tener preguntas, no tanto respuestas. Una respuesta es una solución que dura unos minutos en la cabeza, una pregunta la puedes arrastrar toda tu vida. Querría hacerle un hueco a la gente que lee Jódete y crece en las preguntas que yo me hago. Si eso pasara sería muy feliz. Este es un libro para habitar la pregunta, el desconcierto. En él se critica la sexualidad, la herencia de los padres, la responsabilidad de uno mismo con uno mismo y con los demás, el no crear relaciones tóxicas con tus amigos… No etiquetarlo todo. No va tanto a  valorar la experiencia sino a vivir la experiencia. Los tres protagonistas intentan justo eso y ver qué sacan de ello. No se da nada por sentado y es lo que mola. Hay que buscar la felicidad sin miedo a lo que pueda pasar, incluso a defraudarse. Hay que negarse mucho, ahí es cuando terminas de crecer.

 

Por último, ¿podrías recomendarnos uno o varios títulos que te hayan marcado?

Hay un libro de John Berger que se llama “De A para X”. Trata sobre una mujer que le escribe cartas a su marido mientras cumple condena en la cárcel. Es una combinación maravillosa entre lo personal y lo político, lo social y lo privado. Está muy bien para llevarte a lugares que no conocías.

 

¿Y alguna obra de teatro?

Recomiendo muchísimo “Man Up”. Es una obra que hicieron en el CDN sobre la masculinidad. Un fantástico proyecto sociológico de las chicas de Teatro en vilo. Otra obra interesante es “Prostitución”, en el teatro español. Me hizo pensar mucho. Creo que el teatro está ahí para eso, para hacernos pensar y para levantarnos un poco de la silla.

 

  • Título: “Jódete y crece”
  • Autora: Juan Pablo Cuevas
  • Nº de páginas: 192
  • Editorial: Temas de hoy
  • Idioma: Castellano
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • ISBN: 978-84-9998-780-4
  • Año de edición: 2020

 

 

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