Editoriales independientes y pequeñas librerías se unen través del manifiesto En Defensa del Libro para reflotar al sector tras el noqueo del Covid-19.

 

Fernando Diego García vive hoy confinado entre dos crisis. Tras su paso por el hospital para superar una neumonía causada por la infección de la Covid-19, ha tenido mucho tiempo a solas para pensar en la incidencia económica del parón por la crisis sanitaria en el sector editorial. Aislado y enfermo, todavía le quedan fuerzas y ganas de seguir luchando por aquello que siempre ha sido imprescindible en su vida: los libros. Como editor y fundador de Libros del Zorro Rojo, comparte junto a otras más de 300 editoriales independientes y pequeñas librerías de barrio las ganas de reivindicar siempre la necesidad de un buen libro como parte fundamental y cultural de la sociedad. Bajo esta premisa y ante la amenaza de la pérdida de miles de puestos de trabajo y obras de literatura, han firmado un manifiesto En Defensa del Libro, poniendo por escrito todas sus reivindicaciones como sector.

«A la problemática del sector editorial debido a los grandes recortes en los presupuestos culturales en los últimos años, se une ahora esta nueva caída en las ventas derivada de la pandemia mundial»

A la problemática del sector editorial debido a los grandes recortes en los presupuestos culturales que se vienen ejerciendo en los últimos años, se une ahora esta nueva caída en las ventas y publicaciones de libros derivada de la pandemia mundial. “Hemos perdido un trimestre entero, por lo que se calcula que la facturación se cerrará este año con un veinticinco o treinta por ciento por debajo de lo normal”, me informa Fernando. Y añade que los editores estiman este cálculo muy optimista y “pensamos que la reducción será de hasta un cincuenta por ciento. Si ya teníamos dificultades para subsistir contando con una facturación del cien por cien, esta caída puede suponer un golpe difícil de superar para muchas pequeñas y micro editoriales”, asegura.

La solución tiene dos niveles. Uno que es el privado, por el cual las empresas podrían salvar parte de las pérdidas mediante la adquisición de créditos ICO a los bancos, siempre y cuando cumplan los requisitos de solvencia para poder acceder a ellos. Y, por otro lado, está la inversión estatal, a través de la modificación de la Ley de Contratos del Sector Público, para propiciar adquisiciones por contrato menor desde las distintas administraciones públicas, sin excluir a pequeñas y medianas empresas, como ocurre hoy. “Nuestra intención es retomar las cifras de compras institucionales anteriores a 2010 para bibliotecas públicas, escolares y universitarias y que todas las empresas que forman parte del tejido editorial, tanto pequeñas librerías como pequeñas editoriales, se vean beneficiadas por esta inversión pública”, comenta pausadamente Fernando. Se muestra orgulloso por la unanimidad en las líneas de trayectoria a seguir que ha supuesto el manifiesto. Y sabe que “a largo plazo y con la voluntad política de querer salvaguardar la variedad editorial con la que contamos hoy por hoy” si aguantan la tormenta, la calma que puede atisbarse debería ser mucho más sosegada que aquella que han venido manteniendo a lo largo de la última década. Las empresas adheridas a estas reivindicaciones manifiestan su voluntad de que, en la medida de lo posible, constituyan una oportunidad para España de acercarse a la media europea de inversión en cultura (que en la actualidad asciende a un 2%, frente a la media española, que es del 0,6%).

«Las empresas adheridas a estas reivindicaciones manifiestan su voluntad de que constituyan una oportunidad para España de acercarse a la media europea de inversión en cultura»

El manifiesto también cuenta con otros puntos menores como son acciones dirigidas al fomento de la lectura, creación de bonos canjeables por libros en librerías de proximidad o exoneraciones específicas de impuestos por un tiempo limitado a aquellas librerías con facturación anual menor de 250.000 euros que puedan verse gravemente afectadas por la crisis.

Fernando, quien desde su editorial especializada en libro infantil ilustrado, lucha desde hace años por mejorar y socializar los conocimientos del sector de la edición literaria, se queda con lo más esperanzador de todo este oscuro momento que es “la oportunidad de aprovechar esta coyuntura para repensar un nuevo modelo de negocio y de relación entre pequeña librería y pequeña editorial que sea sostenible y que no deje de lado a nadie” concluye.

Algunas de las medidas planteadas a través del manifiesto ya se están evaluando gracias a las gestiones de los gremios y cámaras del libro con los ministerios de Cultura y Hacienda, y con las comunidades autónomas. En Cataluña, nada más comenzar el Estado de Alarma, la Administración dio la orden de ejecutar la compra por la totalidad del presupuesto anual que había sido asignado, con el objetivo de paliar al máximo las pérdidas antes de que fuese demasiado tarde, “demostrando el interés en querer mantener vivo un sector que debería crecer cada año en lugar de menguar en presupuesto público”, indica Fernando. No debemos olvidar que los libros son cultura y la cultura enriquece y forma parte de una sociedad. Pocos libros quedarán para la posteridad como auténticas joyas del país, otros muchos sólo formarán parte de un período cultural determinado y limitado. Pero sin la variedad e independencia de voces literarias que encontramos gracias a todas estas pequeñas editoriales y librerías, podríamos un día encontrarnos en una ‘nueva realidad’ vacíos de obras literarias que nos ayuden a volver a salir de casa sin movernos de nuestros sillones.

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