En los primeros meses del año los aniversario de nacimientos de caballos gloriosos se suceden, uno tras otro, día tras día. Cosa lógica por otro lado, porque si de 1 a febrero a 1 de mayo son uno escasos 90 días, y suponiendo que cada año nazcan 10 o 12 productos en el hemisferio norte que van a engrosar la lista de caballos notables (y hay que sumarles sus madres) pues en 4 o 5 décadas por pura estadística todos los días tendremos un ruidoso cumpleaños que celebrar.

Pero el de hoy es muy especial. Como todos sabéis y habéis leido, hoy 30 de marzo cumple años nada más y nada menos que Galileo, Rey de Reyes, y cuya carrera en el stud le ha catapultado como una de las figuras señeras en lo que llevamos de Siglo XXI.

Pero no sus asusteis, que no voy a hablar de la cantidad de clásicas que han ganado sus hijos, ni de sus múltiples records, ni de su magnífico Derby, ni incluso de ese maravilloso King George que ganó a Fantastic Ligth marcando un soberbio 132 RPR y que probablemente sea su mejor actuación en ¡las pistas.

Voy a hablar de su debut. Sí, de esa victoria que solo sirve para rellenar historial. Porque si pocas veces se ve a un debutante imponerse a un puñado de buenos potros ya bregados en competición en terreno pesado, todavía más raro es que ese debutante les endose nada más y nada menos 14 cuerpos. Sí, han leído bien… 14 cuerpos y en un hipódromo de la categoría de Leopardstown. Por detrás, Taraza, una representante de Oxx que defendia los colores del Aga Khan y que más tarde sería una 106 RPR, American Gothic, que sería un más que decente 103 RPR, y Khetaam un Maktoum entrenado por Prendergast que tras lograr buenos resultados en liso brilóo especialmente en la modalidad de hurdle.

Pero no se vayan, que aun más… esa brutal actuación de Galileo se vería refrendada por una marca que muy pero que muy raramente se ve en un debut, como es un 113, rating que en circunstancias normales puede ser suficiente pelear por un Grupo I a dos años, como por ejemplo en ese mismo años ser segundo de Minardi en el Phoenix Stakes o tercero en el siuempre durisimo  Racing Post Trophy  donde Tamburlaine de Hannon fue segundo con una marca de 114.

Sin duda la carrera como corredor (y no digamos como reproductor) de Galileo tomaría posteriormente un vuelo y una relevancia que hace que esta victoria en su debut no deje ser un asterisco en su palmares, pero no por ello deja de ser una actuación que merece ser recordada. Y es que está claro que Galileo venía bendecido por el Dios Nearco desde su puesta de largo (donde por cierto ya partía como favorito pagándose al par)

No sé que cuentan los gitanos de los comienzos, pero aquí no fue el caso. Ni por asomo.

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