Visión 2030 se llama el plan de transformación económica inaugurado por el gobierno de Arabia Saudí en 2015. Vaya, siendo precisos, es su segunda parte. La primera, el Plan de Transformación Nacional, concluyó en 2020, con muchas más penas que glorias. Su relanzamiento, a partir de esa fecha, ya puede calificarse hoy de fracaso, el décimo intento fallido, en la sempiterna ambición de liberar al país de su dependencia del petróleo.
La pregunta es obvia: ¿cómo es posible? Sin duda, la orografía y el clima saudíes presentan severos desafíos para muchas actividades productivas. No obstante, su elefantiásica riqueza debiera de compensar estas carencias con creces.
“Visión 2030 se llama el plan de transformación económica inaugurado por el gobierno de Arabia Saudí en 2015”
¿Acaso no es el país capaz de aclimatar gigantescos estadios para acoger competiciones deportivas de fútbol o golf entre otros? ¿Dónde está el problema? Pues, en su estructura de gobierno, en ciertas inercias sociales y, muy especialmente, en su educación.
Quizás sorprenda, pero el sistema educativo saudí es de los peores del mundo desarrollado. Las drásticas limitaciones morales y religiosas reducen sus enseñanzas al estudio del árabe clásico y actual, del Corán junto a un compendio de textos teológicos, así como de una aritmética bastante básica. Un estudiante saudí promedio carece de opciones reales para competir con sus vecinos de Omán, Kuwait, Emiratos o Bahréin, incluso Irán, donde el rigor islámico no cercena de manera tan severa el acceso a las ciencias y las tecnologías.
“[Visión 2030] ya puede calificarse hoy de fracaso, el décimo intento fallido, en la sempiterna ambición de liberar al país de su dependencia del petróleo”
Entre los saudíes se viene gestando un creciente escepticismo hacia su régimen. Con la llegada de internet, se están visibilizando hechos insólitos, como que, a pesar de la asfixiante imposición del wahabismo –corriente ultraortodoxa del islam suscrita bajo el gobierno de los Saud–, casi uno de cada cinco jóvenes saudíes se considera ateo o agnóstico. Otra minoría en aumento es la de padres pudientes que prefieren que sus hijos y, aún más, a sus hijas vivan en el extranjero.
Las carencias del sistema educativo saudí, por supuesto, motivan que mucha gente, incluso la adicta al régimen, envíe a sus hijos a estudiar fuera. Pero muchos de estos científicos, ingenieros o economistas, cuando se plantean volver a su país, descubren que allí no tienen opciones de trabajar. Al menos no, en puestos de renombre.
“Quizás sorprenda, pero el sistema educativo saudí es de los peores del mundo desarrollado.”
No existen grandes laboratorios, empresas de aeronáutica o automoción, ni proyectos de investigación punteros. Las prohibiciones religiosas impiden explorar aspectos la biología y la genética, importar ciertos materiales narcóticos, o incluso reproducir por completo la figura humana en un dibujo… A nivel comercial, que cobrar o pagar intereses se considere un pecado análogo al robo, imposibilita el despegue de sector financiero y el auge empresarial en general. Ni pueden pagar intereses a sus inversores –sólo parte de los beneficios– ni tomar dinero en préstamo para crecer y/o salir de un aprieto.
Tampoco hay grandes incentivos para personas altamente formadas vayan a trabajar a Arabia Saudí. Al margen de la ya citada falta de oportunidades atractivas, científicos o ingenieros extranjeros difícilmente estarían cómodos allí, ya no digamos si son mujeres. Pese a que en los últimos años se han habilitado hoteles y espacios donde los foráneos pueden vivir a la occidental, en temas como vestimenta, consumo de alcohol o un acceso algo más libre a internet, perviven las prohibiciones draconianas que impiden a los extranjeros mezclarse con la población local. La libertad religiosa sigue limitada al interior de sedes diplomáticas. En suma, los excelentes salarios que este país pueda ofrecer no compensan esta atmosfera claustrofóbica, máxime cuando literalmente países vecinos como Emiratos o Qatar ofrecen esas mismas condiciones económicas, pero con menos prohibiciones y unas oportunidades laborales mucho mejor referenciadas internacionalmente.
“Tampoco hay grandes incentivos para personas altamente formadas vayan a trabajar a Arabia Saudí.”
¿Acaso los saudíes no gastan en educación? Sobre el papel, todo lo contrario. Desde 2017 el presupuesto anual de educación oscila entre los 50.000 y los 52.000 millones de euros. A esto hay que añadir que, en 2014, el príncipe Khaled al Faisal, entonces ministro de educación, aprobó un Proyecto de Reforma del Sector Educativo Público de casi 20.775 millones de euros.
Frente a semejantes cifras, mucha gente se pregunta: ¿dónde está el dinero? Porque desde luego a las aulas saudíes no parece llegar. Esto nos conduce a otro problema de Arabia Saudí: la corrupción y la falta de control de la familia o clan Saud, que monopoliza los puestos de gobierno y el presupuesto público del país.
“¿Acaso los saudíes no gastan en educación? Sobre el papel, todo lo contrario.”
Conviene evitar la confusión de ver a los Saud como una Familia Real a la europea, o sea, de, como mucho, una veintena de personas. No, la Casa de Saud la componen unas 15.000 personas, de las cuales 2.000 varones constituyen la casta dirigente que dominan el poder político, militar y económico del país.
A la corrupción se le suma la obstinada mediocridad de muchos de estos príncipes reales. Demasiado a menudo se asegura que las dictaduras gobiernan con mayor eficacia que las democracias. ¡Falso! En la práctica, suelen resultar infinitamente más nefastas, solo que se benefician de la opacidad y la represión que invisibilizan sus fracasos.
“otro problema de Arabia Saudí: la corrupción y la falta de control de la familia o clan Saud”
Para el caso saudí son muy representativas las inversiones que realiza el país. Mediante una dispensa especial concedida por las autoridades religiosas, el gobierno de Riad se dedica a comprar grandes paquetes de acciones por todo el mundo. Recientemente a España le dio un susto adquiriendo casi el 10% de Telefónica.
Estas compras erráticas vienen dando dolores de cabeza a los servicios de inteligencia y analistas financieros de medio mundo que tratan de buscar algún patrón siniestro o, al menos, inteligente. Sin duda, en algunos casos concretos habrá intereses especiales en juego. Pero en su aplastante mayoría se trata de maniobras improvisadas que el gobierno saudí viene realizando desde hace décadas.
“el gobierno de Riad se dedica a comprar grandes paquetes de acciones por todo el mundo”
La teoría de estas operaciones bursátiles, admitida por Riad, es adquirir acciones para que venderlas, cuando cae el precio del petróleo. En líneas generales, no es un mal diseño, pero claro, estaría bien que el que estuviera al mando supiera lo que está haciendo. Casi siempre que lleva a cabo ventas masivas de acciones, Arabia Saudí pierde dinero. De hecho, el sector público saudí en su conjunto ostenta un dudoso récord mundial de pérdidas en operaciones financieras, dada la incompetencia supina de quienes las dirigen.
Empeñados en no tirar la toalla, la Corte de Riad ha dado un giro a Visión 2030 tan improvisado como irracional. Por vez primera en su historia, empezarán a vender participaciones en el sector público saudí. En concreto, van a poner a la venta el 49% del aeropuerto del Rey Jálid y un porcentaje aún no especificado de Aramco, la empresa que explota el petróleo y el gas del país. También planean abrir un gran y lujoso resort turístico en el Mar Rojo.
“Por vez primera en su historia, empezarán a vender participaciones en el sector público saudí”
La mayoría de economistas expertos en la zona se muestras escépticos en el éxito de estas operaciones. En especial, en si el momento es propicio para vender parte del sector público de país. En cuanto al complejo hotelero de lujo se cuestiona su viabilidad, desde el punto de vista de la clientela.
En un plano más general, se remarca la torpeza económica del gobierno de los Saud. ¿Qué tipo de plan dinamizador de la economía es este? Van dando palos de ciego, de improvisación en pérdidas y de pérdidas en nuevas improvisaciones, atrapados en un círculo vicioso que ya habría engullido a cualquier otro Estado, carente del 24% de las reservas mundiales de crudo.
“se remarca la torpeza económica del gobierno de los Saud”
La paradoja es que, con tanta incompetencia, cuanto más intenta Arabia Saudí liberarse de su dependencia del petróleo, más se estanca en ella. Pero vaya, tal vez ese sea el principal problema. Los saudíes nada en riqueza gracias a sus recursos nacionales. El gobierno subvenciona a casi todos sus ciudadanos. Como resultado, se obtiene una sociedad próspera, poco apetitosa de rebelión, y apoltronada en un status quo del que tampoco tienen incentivos para salir.










