El domingo 18, Portugal vivió una jornada histórica. Por segunda vez desde la Revolución de los Claveles (1974), ningún candidato presidencial alcanzó la mayoría absoluta de los votos. La anterior fue en el distante 1986. El próximo 8 de febrero, el país decidirá entre el candidato socialista, António José Seguro (31’11%), y André Ventura (23’52%), el líder de Chega, fuerza hermana de Vox en el país luso.

De buenas a primeras, Ventura encara la segunda vuelta con más posibilidades de victoria, a pesar de los diez puntos que le separaron de su rival hace pocos días. ¿Motivo? El resto de los candidatos pertenecen a formaciones más o menos derechistas.

«Por segunda vez desde la Revolución de los Claveles (1974), ningún candidato presidencial alcanzó la mayoría absoluta de los votos.»

De Figueiredo (16%), el tercero en votos, pertenece Iniciativa Liberal, que sólo cuenta con 9 diputados en la Asamblea Nacional. Le sigue el almirante De Gouveia e Melo quien se hizo con un impresionante 12’32%. Impresionante, porque era el candidato de un partido carente de representación parlamentaria: el Partido Popular Monárquico, que, como se deduce de su propio nombre, aspira a la restauración de la monarquía.

A mucha distancia, ha quedado Luís Marques (11’30%), a pesar de ser el candidato del Partido Socialdemócrata –no os engañe el nombre, es el PP portugués– al que pertenece el actual primer ministro, el señor Montenegro. Sin duda, el centroderecha es el gran derrotado de estas elecciones.

«el Partido Popular Monárquico, que aspira a la restauración de la monarquía»

No es aventurado imaginar que la mayoría de votantes de estos tres candidatos sea más afines políticamente a un derechista, aunque radical, que a un socialista. Si Ventura no gana quizás no sea tanto por una cuestión ideológica, como por el recelo de los portugueses a un Presidente excesivamente activo. O dicho a la inversa, su victoria indicaría que los portugueses demandan un cambio, en detrimento de las convenciones político-constitucionales hasta ahora de consenso en el país vecino.

Me explico. Pese a que los portugueses lo votan directamente, el Presidente no gobierna Portugal. Ese rol le pertenece al primer ministro que, como el nuestro presidente del gobierno, se escoge indirectamente, a partir de una elección parlamentaria.

«la mayoría de votantes de estos tres candidatos sea más afines políticamente a un derechista»

Cuando un Presidente, el Jefe de Estado, va desempeñar un rol mayormente ceremonial se esperaría que su elección se produjera de manera indirecta, como ocurre en Italia, Grecia, Alemania o Israel. De hecho, parece contradictorio que gobierne una persona escogida indirectamente, en lugar de quién sí ha sido votado directamente por pueblo. O, al menos, si ha de compartir su poder con un primer ministro, que el Presidente desempeñe un rol gubernamental activo, como pasa en Francia, Ucrania o Rumanía.

No es Portugal el único país con esta contradicción. Austria, Eslovaquia, Irlanda, la República Checa, Polonia, Finlandia e Islandia, entre otros, le siguen en su paradójico modelo.

«Pese a que los portugueses lo votan directamente, el Presidente no gobierna Portugal»

Lo más curioso es que las constituciones de estos países, sobre el papel atribuyen muchos poderes a la Jefatura de Estado. Sin embargo, estos apenas se ejercen, empleándose sólo de manera excepcional. De ahí que algunos constitucionalistas describan estos regímenes políticos como semipresidencialismo durmiente. Algo así como que el Presidente de Francia decidiera no ejercer su autoridad, dejando gobernar en solitario al primer ministro.

Claro está, si Presidente tras Presidente, los Jefes de Estado portugueses no se explayan en sus prerrogativas constitucionales, significa que existe un gran acuerdo entre partidos y la propia sociedad para llevar al Palacio de Belén, a candidatos que suscriban esta costumbre. Ahí es donde Ventura podría hacer saltar por los aires medio siglo de tradición. Y eso, tal vez, espante a algunos de sus votantes potenciales en los caladeros derechistas más moderados.

«algunos constitucionalistas describan estos regímenes políticos como semipresidencialismo durmiente»

¿Pero qué podría hacer, después de su hipotética victoria, el candidato de Chega para sacudir el marco institucional luso? Pues, para empezar: disolver la Asamblea Nacional. Aunque debe oír antes el parecer del Consejo de Estado y de los partidos políticos, el Presidente disfruta de un margen amplísimo para convocar elecciones legislativas.

Tradicionalmente, esta facultad se ha usado en momentos en que el gobierno perdía la mayoría parlamentaria. Sin embargo, la constitución deja abierta la puerta a que el Presidente convoque elecciones siempre que lo desee durante sus cinco años de mandato, si considera que la composición de la Asamblea ya no responde al sentir popular.

«¿qué podría hacer, después de su hipotética victoria, el candidato de Chega, para sacudir el marco institucional luso?»

Ahora mismo, Ventura tendría varias excusas. Si gana, se alzaría con la Jefatura de Estado el segundo partido en votos de la Asamblea. Además, el gobierno de Montenegro se encuentra en minoría parlamentaria y el candidato presidencial de su partido ha quedado el último.

La presidencia únicamente se ve privada de dicho poder durante los seis primeros meses de su mandato y los seis últimos. Tampoco puede disolver el parlamento durante los estados de emergencia y de sitio –que, por otra parte, declara el propio Presidente, a petición del gobierno y con autorización del parlamento.

«A diferencia de lo que ocurre en Francia, el Presidente no puede despedir al gobierno sin más»

A diferencia de lo que ocurre en Francia, el Presidente no puede despedir al gobierno sin más. La constitución sólo le permite dar este paso, si es capaz de justificar jurídicamente su necesidad «para asegurar el funcionamiento de las instituciones democráticas» (art. 195.2). Pocos escenarios parecen ajustarse a este precepto. Quizás que el Presidente temiera fundadamente un golpe de Estado por parte del primer ministro…

Ahora bien, después de unas elecciones parlamentarias, que, como hemos visto, puede convocar cuando quiera, el Presidente nombra al primer ministro y a los demás miembros del gobierno. En los diez días siguientes, el gobierno debe presentar su programa la Asamblea que sólo puede rechazarlo por mayoría absoluta, obligando entonces al gobierno a dimitir. De no alcanzarse esa mayoría negativa, puede seguir adelante.

«después de unas elecciones parlamentarias, el Presidente nombra al primer ministro y a los demás miembros del gobierno»

Por tanto, si espera seis meses, Ventura podría forzar elecciones y luego nombrar primer ministro a un miembro de su partido. Esta senda no está exenta de riesgos, salvo que Chega consiguiera mayoría absoluta sola o en coalición. Apartándose del modelo alemán o español, la moción de censura portuguesa no es constructiva. No requiere votar a un primer ministro alternativo. Basta que la mayoría absoluta de la Asamblea quiera echar al gobierno.

Si Ventura se empecinara en imponer un primer ministro de su cuerda, sin mayoría parlamentaria, el país se precipitaría rápidamente a una crisis institucional sin precedentes donde se encadenaría gobiernos presidenciales de corta vida –pues el parlamento los iría cesando– con probables repeticiones de elecciones parlamentarias. Lo que se dice inestabilidad con mayúsculas.

«Si Ventura se empecinara en imponer un primer ministro de su cuerda, sin mayoría parlamentaria, el país se precipitaría rápidamente a una crisis institucional sin precedentes»

Probablemente, Ventura no llegara tan lejos, pues un pulso tan agresivo al parlamento podría volverse en contra de la popularidad de la Chega. Pero podría hacer otras cosas…

El Presidente portugués dispone de un doble derecho de veto sobre las leyes, los tratados internacionales y decretos del gobierno. En su primera modalidad, se trata de un veto suspensivo. En pocas palabras, retrasa la sanción de las normas, hasta que el Tribunal Constitucional le confirme que son conformes a la carta magna.

«El Presidente portugués dispone de un doble derecho de veto sobre las leyes, los tratados internacionales y decretos del gobierno»

En la su segunda, el parlamento puede levantar por mayoría absoluta el veto presidencial en tratados y leyes. Caso distinto es el veto sobre los decretos del gobierno. No existe procedimiento para sortearlo. El gobierno debe aceptar el bloqueo o ablandarse ante el Jefe del Estado.

Pese a que en la historia reciente de Portugal muchos Presidentes han convivido con gobiernos de signo político contrario, la lealtad institucional ha primado en la relación entre el gobierno el Palacio de Belén. ¿Pero mantendrá Ventura esa lealtad? Parece dispuesto a torpedear la acción de un gobierno que no ceda a sus demandas.

«¿Podría destituirse al Presidente?»

¿Podría destituirse al Presidente? Teóricamente sí, pero en la práctica es casi imposible. Una vez electo, salvo dimisión o incapacidad, el Jefe de Estado luso únicamente puede ser destituido por una condena penal del Tribunal Supremo, previa acusación criminal de la Asamblea Nacional, aprobada por mayoría de dos tercios.

Los portugueses tendrán, pues, la última palabra dentro de dos semanas…