Por lo general, quien lucha en una guerra civil suele esperarse a la victoria, antes de labrarse nuevos enemigos allende de sus fronteras. Los rebeldes hutíes, sin embargo, han roto con esta prudente tradición. Todavía se encuentra muy lejos de gobernar todo Yemen, pero ya le han declarado la guerra a Israel.

Si no fuera por las acciones de sus barcos en el Mar Rojo, uno pensaría que se trata de una bravuconada. La seriedad de la amenaza, por desgracia, ya la han padecido varios buques mercantes. Por ahora, sus ataques contra ciudades israelíes se han visto bloqueados por el llamado escudo antimisiles. No obstante, la posesión de misiles mar-tierra nos muestra que no se trata de rebeldes a la manera del estereotipo, o sea, guerrilleros apenas armados con metralletas que luchan en una guerra de guerrillas.

“quien lucha en una guerra civil suele esperarse a la victoria, antes de labrarse nuevos enemigos allende de sus fronteras”

¿Pero por qué no invertir este armamento en derrotar a sus adversarios en Yemen? Bien, pues, porque, quizás, para ellos apoderarse de todo el país no sea una prioridad. Después de todo su lema es: “Dios es grande, muerte a Estados Unidos, muerte a Israel, maldición a los judíos, victoria al Islam”.

Muchos medios de comunicación hablan de los hutíes como “etnia” o “pueblo”. Ninguna de estas descripciones es correcta. Los hutíes son un movimiento político militar que toma su nombre de su comandante fundador, Husein Badrudin al Huti, abatido en 2004 por el ejército yemení.

“su lema: Dios es grande, muerte a Estados Unidos, muerte a Israel, maldición a los judíos, victoria al Islam”

En su movimiento guerrillero rebelde, al Huti recogió muchos sentimientos nacionalistas del Yemen del Norte, del que hablaremos enseguida. Pero, sobre todo, creó un movimiento religioso ecléctico del que hacía las veces de líder espiritual. Los hutíes son uno de los pocos movimientos político-militares musulmanes radicales –y el único con relevancia– donde conviven suníes y chiíes, si bien estos últimos son mayoría.

¿Cómo unos rebeldes del desierto tienen acceso a armamento sofisticado? Pues, como hemos mencionado mayoritariamente es un movimiento chií, concretamente siguen el zaidismo, una Escuela Teológica que representa a una cuarta parte de los chiíes del mundo. No es la misma que siguen los ayatolás, pero siguen compartiendo la fe chií con la República Islámica de Irán y con el grupo terrorista libanés Hezbolá, sus principales patrocinadores.

“Los hutíes son un movimiento político militar que toma su nombre de su comandante fundador, Husein Badrudin al Huti”

Como sabemos, uno de los grandes objetivos de Irán y Hezbolá es la destrucción de Israel. De ahí que, teniéndolos a ellos como aliados y financieros, los hutíes parezcan más interesados en intimidar a Israel y sus aliados en el Mar Rojo que en expandir su dominio hacia el sur y el este de Yemen.

Si echamos un ojo al mapa de Yemen, vemos que hoy país se dividide en tres colores.

Archivo:Map of the Yemeni Civil War as of 28 July 2019.png - Wikipedia, la  enciclopedia libre

Las zonas en rosa, se encuentran bajo control del Consejo Presidencial y sus aliados. Esta entidad se ha visto reconocida por la mayoría de países, como el legítimo sucesor del gobierno del país, anterior a la guerra civil que fracturó Yemen tras la Primavera Árabe. Pese a este relativo éxito en la esfera internacional, ya vemos que ni la capital, Sana’a, ni la importante ciudad de Adén se encuentran bajo su control.

Las comarcas meridionales de Yemen, en ocre, se encuentran formalmente bajo la bandera del Consejo Transicional del Sur. Este gobierno proviene de un movimiento paramilitar, la Alianza del Sur, que reclama la secesión del sur de Yemen. Sus primeras actividades se remontan al 2007. En la práctica, sin embargo, el Consejo Transicional sólo se mantiene gracias al apoyo militar que Emiratos Árabes Unidos ha desplegado en el territorio.

“Los hutíes son uno de los pocos movimientos político-militares musulmanes radicales donde conviven suníes y chiíes”

La capital, Sana’a, y el conocido como Yemen del Norte, en verde, se encuentran bajo control de los hutíes y su Supremo Consejo Político, casi en su totalidad. Entre estas regiones y territorio del Consejo Transicional del Sur vemos un círculo blanco. Estos valles desérticos son la principal base de operaciones de Al Qaeda. Si bien, la organización terrorista mantiene actividad en prácticamente todo el territorio a través de sus células.

Si retrocediéramos en el tiempo, hasta mediados de los sesenta veríamos que el país se encontraba dividido en tres regiones, muy similares a las actuales. Lo cuál nos da una idea de cuán profundo se enraízan los orígenes del conflicto interno yemení.

“el Consejo Presidencial reconocido por la mayoría de países, como el legítimo sucesor del gobierno del país”

Poco después de la Primera Guerra Mundial, con el Imperio Otomano expulsado de Arabia, se definieron las fronteras entre el Reino del Yemen que vendría a corresponderse con el territorio que hoy controlan los hutíes, respecto al Protectorado Británico de Adén, que abarcaba el resto del país. Pensemos que los ingleses también controlaban el Protectorado de Omán, los actuales Emiratos Árabes, Kuwait, Qatar, Bahréin e Irak. Sin embargo, sus dominios yemeníes se revelaron más complejos de gestionar de lo esperado.

El Protectorado de Adén acogía entidades de lo más diversas: dos ciudades Estado y cuatro sultanatos mal avenidos entre ellos. En 1962, los ingleses trataron de resolver el rompecabezas partiendo por la mitad su protectorado. En el territorio que hoy controla el Consejo Transicional del Sur se estableció el Protectorado de la Federación de Arabia del Sur. Su propósito era emular a los Emiratos Árabes en el otro extremo de la Península Arábiga. En paralelo, se reorganizó el territorio restante del Protectorado de Adén, como el Protectorado de Arabia del Sur en 1963.

“El Protectorado de Adén acogía entidades de lo más diversas: dos ciudades Estado y cuatro sultanatos mal avenidos entre ellos”

Ni una ni otra entidad vivieron demasiado. Las clases dirigentes, además opresivas y autoritarias, eran vistas por sus pueblos como traidores que se habían vendido a los ingleses. A diferencia de los otros dominios ingleses en la Península Arábiga, el nivel de vida de los yemeníes no experimentó mejoras sustanciales. Cuando por fin obtuvieron la independencia, en 1967, ambos protectorados se reunificaron en la República Popular de Yemen, único régimen marxista-leninista puro, que se ha visto el mundo árabe. Popularmente, se le conoció como Yemen del Sur, hasta su desaparición.

Pese a que, como hemos dicho, las gentes estaban hartas de sus sultanes, para pueblos donde la fe islámica se encontraba tan arraigada, el advenimiento del comunismo trajo más problemas que soluciones. La prometida ayuda a soviética llegaba siempre tarde y en cuentagotas. Para colmo, los comunistas importaron su vieja tradición de rivalidades mortales a la zona.

“en 1967, ambos protectorados se reunificaron en la República Popular de Yemen, único régimen marxista-leninista puro en el mundo árabe”

En 1980, el Presidente, Fattah, fue forzado a dimitir por el Politburó y se exilió a Moscú. Su sucesor, Ali Nasir trató de reorientar el régimen hacia un socialismo árabe, al estilo del que Nasser había implantado en Egipto o, en su defecto, a la vía revolucionaria de Gadafi. Poco o ningún éxito encontraron sus proyectos de rehacer puentes con sus vecinos de Omán o Yemen del Norte.

En 1986, Fattah retornó al país para intentar recuperar el poder por la fuerza. Su golpe fallido arrastró al país a una guerra civil durante algo más de un mes. No por breve resultó menos sanguinaria. Más de 60.000 personas tuvieron que dejar sus hogares, entre ellas el propio Ali Nasir que se exilió, y unas 4.000 murieron en luchas urbanas. Fattah no recuperó el poder. Desapareció en el curso de la guerra. El ex mandatario fue declarado muerto y su lugarteniente Ali Salim asumió la Secretaría del Partido Socialista de Yemen.

Con el desmoronamiento de la URSS, Arabia Saudí se sintió tentada a anexionarse Yemen del Sur. El propio Osama Bin Laden ofreció las milicias de Al Qaeda, cuya eficacia había quedado probada en la lucha contra los soviéticos en Afganistán, para instaurar un gobierno títere saudí. Pero el Director de los Servicios de Inteligencia de Arabia Saudita, el príncipe Turki bin Faisal, terminó imponiendo su postura, contraria a la intervención, en la corte de Al Riad. A su entender la operación presentaba demasiados riesgos y muy pocos beneficios.

“Con el desmoronamiento de la URSS, Arabia Saudí se sintió tentada a anexionarse Yemen del Sur”

En el norte las cosas no habían ido mejor. En 1962, la monarquía fue derrocada y se instauró la República Árabe de Yemen, o Yemen del Norte, cuyas tensiones étnicas, agravadas por la división entre monárquicos y republicanos, no tardaron en explotar. El primer Presidente, al Sallal, militar, tuvo que exiliarse a Egipto en 1967 por un golpe sangriento de al Irayani, un líder republicano que recelaba del acercamiento de Sallal al Egipto de Nasser. En su mandato empezaron las conversaciones para unificar todo Yemen.

En 1974, al Iryani le llegó el turno de exiliarse, en su caso a Siria, cuando los militares retomaron el poder. Los dos siguientes presidentes, al Hamdi (1974-1977) y al Gashmi (1977-1978), terminaron abruptamente su presidencia. Ambos fueron asesinados.

“En 1962, la monarquía fue derrocada y se instauró la República Árabe de Yemen, o Yemen del Norte”

Meses después de la muerte de al Gashmi, tomó el poder un nuevo militar, Ali Abdullah Saleh quien no sólo lo retuvo, sino que en 1990 se convirtió en el primer Presidente de todo Yemen, con el ganador de la guerra civil de Yemen del Sur, Ali Salim, como su Vicepresidente.

Su régimen estuvo marcado por la represión y una corrupción sin límites. Si la unificación de Yemen es, en gran medida, el advenimiento de un Estado artificial, uno de tatos que nos ha dejado el colonialismo, sin duda, un gobierno así no contribuyó a formar el espíritu nacional. Cuando las protestas de la Primavera Árabe llevaron al colapso de su presidencia en febrero de 2012, las tensiones étnicas y las antiguas divisiones entre norte y sur reaparecieron rápido, o, como en el caso de los hutíes, se vieron vigorizados por la descomposición del poder estatal.

“Ali Abdullah Saleh en 1990 se convirtió en el primer Presidente de todo Yemen”

Yemen y los ataques hutíes en el Mar Rojo nos muestran hasta qué punto la estrategia de la contención occidental fracasa. Desde la Primera Árabe, hace más de una década, la política exterior occidental se basa en encapsular los conflictos bélicos en una zona concreta, evitar su propagación y, sobre todo, prevenir la migración a Europa. Por supuesto es muy razonable tratar de evitar la expansión de las guerras, pero sin una intervención decisiva sobre el terreno, sin aportar estabilidad directamente a las sociedades de origen, más pronto o más tarde, el conflicto se desborda.