De Qatar podríamos decir aquello de piensa mal y acertarás. La abolición de tu propia democracia nunca despierta entusiasmo en la comunidad internacional. Poco importa que sea muy joven y que, en palabras del Emir, acabes con el “experimento”, mediante referéndum. De ahí que la elección de la fecha, el pasado 5 de noviembre, el mismo día que los estadounidenses votaron a su Presidente, resulte demasiado oportuna para tomarse por una casualidad.

En 2003, los cataríes aprobaron en otro referéndum democratizar un poco su país. En concreto, el pueblo refrendó que 30 de los 45 diputados del Consejo de la Shura o Asamblea Consultiva de Qatar se escogieran en elecciones. Los 15 restantes, seguiría designándolos a dedo el Emir.

“En 2003, los cataríes aprobaron en otro referéndum democratizar un poco su país.”

Una diferencia esencial entre los Estados de Derecho y los que no lo son es que los últimos aprueban leyes o celebran referéndums, sin tomarse su cumplimiento demasiado en serio. Pese a la claridad del referéndum y a la rotundidad de su resultado con un 96’98% a favor (participación 68%) no fue hasta 2021, un año antes del Mundial de Futbol, cuando el gobierno catarí lo implementó.

En octubre de aquel año, el pequeño país celebró elecciones parlamentarias. Las primeras de su historia y, por ahora, serán las últimas. En el referéndum de principios de mes, con un 90’6% a favor (participación 84%), los cataríes decidieron poner fin a su bisoño sistema electoral.

“Pese la rotundidad de su resultado con un 96’98% a favor, no fue hasta 2021, cuando el gobierno catarí lo implementó”

¿Y este cambio tan brusco? ¡Si aún no han pasado ni tres años!

El gobierno catarí afirma que las elecciones habían traído demasiadas divisiones políticas y conflictos familiares. La gente, aseguran, se cansó enseguida del “experimento”, palabra que repiten como un mantra. El portavoz del Emir apela, además, al derecho de cada pueblo a buscar el sistema político que más se amolde a su sociedad.

Este argumento resulta difícil de rebatir…, en abstracto. Después de todo, la democracia multipartidista es un producto de la historia cultural de Occidente. Forzar a todos los pueblos a aceptarla parece, como poco, contraproducente para su éxito.

“En el referéndum de principios de mes, con un 90’6% a favor, los cataríes decidieron poner fin a su bisoño sistema electoral”

Ahora, en la práctica, quien critica la democracia invariablemente defiende los intereses de una minoría que acapara el poder. Y, aunque tendríamos que discutir caso a caso, por lo general, ese gobierno se aleja de un ejercicio benévolo de la autoridad.

Examinando lo ocurrido en Qatar es imperativo admitir que sus habitantes muestran escaso afecto hacia la democracia. No obstante, las explicaciones del gobierno y la corte del Emir incurren en una palpable capciosidad.

“es imperativo admitir que los cataríes muestran escaso afecto hacia la democracia”

Para empezar, resulta difícil creer que el sistema electoral establecido en 2021 haya causado tanta división social. La asamblea carecía de partidos políticos. Formalmente, todos sus miembros eran independientes. Como en otros países árabes, caso de Jordania, con una democracia mucho más consolidad, las relaciones de parentesco en un sentido amplio, esto es, como clan, condicionaron más el voto que las cuestiones ideológicas.

Tampoco es que el funcionamiento del Consejo de la Shura concediera mucho margen para el debate y la división. Todas sus decisiones, censurar al primer ministro –nombrado por el Emir–, aprobar el presupuesto y las demás leyes exigen de una mayoría de dos tercios.

“resulta difícil creer que el sistema electoral establecido en 2021 haya causado tanta división social”

Con un tercio de los escaños nombrados a dedo por el Emir resulta difícil que el resto de diputados acuerden leyes excluyéndolos por completo. No olvidemos que, incluso aunque fuesen capaces, el Emir tampoco está obligado a sancionar nada. Siempre podría vetar esa ley.

Enfrentarse a la corona, por tanto, no era viable. También resultaba arriesgado darle dolores de cabeza. Después de todo, sus días estarían contados si el país o el propio Emir percibían este nuevo Consejo de la Shura, apenas parcialmente democratizado, como causante de bloqueo legislativo y, en definitiva, como un problema para Qatar. En consecuencia, se quedaría muy corto describir como colaborativa su relación con el gobierno del Emir, durante estos dos años. La unanimidad en voto ha distado de ser la excepción en el seno del Consejo.

“resulta difícil creer que el sistema electoral establecido en 2021 haya causado tanta división social”

¿Entonces qué división política ha traído esta asamblea al país? Más bien habrá causado una apatía mayúscula ¿no? Poco les habrá importado a los ciudadanos ahorrarse con su voto futuras elecciones que pocos o ningún incentivo les ofrecían.

¿Miente el gobierno del Emir? Lo cierto es que el sistema electoral sí ha traído una fuerte división social en Qatar, pero no por cuestiones ideológicas, como se insinúa. Las fricciones familiares no provienen de las opciones de voto, sino de la ley electoral.

Según sus términos, para participar en las elecciones hay que ser:

    • De nacionalidad catarí.
    • Mayor de 18 años para votar y mayor de 30 para presentarse.
    • Carecer de antecedentes penales.
    • Inscribirse en el censo electoral.
    • Disfrutar de fluidez en el árabe escrito y oral.

A primera vista, quitando lo de haber cumplidos la treintena para presentarse, estos requisitos electorales parecen bastante convencionales. No exageraríamos si dijéramos que son homologables en gran medida a nuestra ley electoral o a las de los países de nuestro entorno.

“Lo cierto es que el sistema electoral sí ha traído una fuerte división social en Qatar”

Pero hay una trampa. De acuerdo con la ley de nacionalidad catarí (de 2005, dos años después del primer referéndum), es catarí quien puede probar que residía en el país antes de ¡1930! O bien que es descendiente directo cataríes que habitaban la pequeña península arábiga antes de esa fecha.

Quizás sorprenda, pero buena parte de los cataríes no son legalmente nacionales de Qatar, sino una especie de residentes por parentesco o por matrimonio con un catarí. Incluso pueden usar documentos de identidad de Qatar, de modo que hasta que no se celebraron las elecciones de 2021, esto de ser o no “nacional”, en sentido estricto, se percibía como algo superfluo. A menudo, ni siquiera se era consciente de ello.

“es catarí quien puede probar que residía en el país antes de ¡1930!”

Con la llegada de la democracia, se han dado casos de primos y hermanastros que podían votar y otros que no. Gente que lleva toda su vida viviendo en Qatar, que ha nacido allí, de repente ha descubierto que su gobierno no le consideraba “nativo”. Poco cuesta entender que el anodino parlamento enseguida concitara odio y malestar. En solidaridad con sus parientes, muchos cataríes amenazaban con boicotear las próximas elecciones.

¿Jugada redonda para el Emir? Pues tal parece. Su tímida y reticente apertura democrática con el Mundial a las puertas y con su país estaba en el centro de la opinión pública internacional, finaliza con el aplauso popular. A cambio, se aprobará una ampliación de la nacionalidad para todo el pueblo.