A punto estuve de titular este artículo “Formación de Gobierno en Portugal y Países Bajos: encuentra las siete diferencias”. Aunque vaya, casi se hubiese ajustado más a la realidad “encuentra las… ¿tres? similitudes”. Porque la formación de gobierno en estos países se parece como un huevo a una castaña.

Hace pocos días, pasó desaparecida en nuestros noticiarios la renuncia del líder de la ultraderecha holandesa, Geert Wilders, a encabezar el gobierno. Pese a haber ganado las elecciones, el candidato del Partido por la Libertad (PVV) asume que carece de suficientes apoyos para asumir la jefatura de gobierno. En nuestro país vecino, las elecciones del domingo pasado abren un escenario incierto, ante la negativa del centroderecha a admitir a la ultraderecha en el consejo de ministros.

“el líder de la ultraderecha holandesa, Geert Wilders, renunció a encabezar el gobierno”

Desde 2015, los españoles hemos descubierto cuán difícil puede volverse el proceso de armar un gobierno. Por dos veces hemos tenido que repetir elecciones en estos últimos diez años. ¿Por qué no decirlo? Algunos no las teníamos todas de que no tocara volver inmediatamente a las urnas, después de los resultados de las últimas generales.

Sin embargo, en España, con todos nuestros defectos tenemos una ventaja. El Rey propone un candidato a Primer Ministro, pero este no jurará el cargo hasta que obtenga la confianza del Congreso. Esto supone una innovación respecto a los esquemas constitucionales unánimemente vigentes hasta mediados del siglo pasado, donde imperaba el dualismo, es decir, la necesidad de que el gobierno recibiera la doble confianza: la del Jefe del Estado y la del parlamento.

“en España […] el Rey propone un candidato a Primer Ministro, pero este no jurará el cargo hasta que obtenga la confianza del Congreso”

Esto se traducía en que el Rey o Presidente de la República nombraban al Primer Ministro y este juraba el cargo junto a sus ministros ante el Jefe del Estado. Después, el gobierno en su conjunto -no únicamente su líder- se sometía a una votación de confianza en el parlamento.

Claro, cuando todo iba bien, a esto de juramentar antes o después de pasar por el parlamento se le podía aplicar aquello de que el orden de los factores no altera el producto. El problema surge cuando las mayorías parlamentarias no están claras o se oponen a la agenda política del Jefe del Estado.

“Después de juramentar, el gobierno en su conjunto -no únicamente su líder- se sometía a una votación de confianza en el parlamento”

Formar gobierno se convertía entonces en un infierno, o, más bien, mantener ese gobierno. Formarlo, lo formaba el Presidente o Rey por su cuenta. Aunque luego el parlamento obligaba a ese gobierno a dimitir, a veces en cuestión de semanas o incluso días, y de vuelta a la casilla de salida. Bien a buscar a otro candidato o, si acaso, el Jefe del Estado podía disolver el Parlamento, llamando a elecciones extraordinarias.

Después de la Segunda Guerra Mundial, para prevenir la inestabilidad política que habían explotado los movimientos fascistoides y ultras para desprestigiar a la democracia, empezaron a llegar las reformas. La Ley Fundamental de Bonn (1949), la constitución alemana, abrió la veda. El Presidente alemán no escoge a “su candidato” ni condiciona la agenda política del gobierno. Su rol es favorecer el entendimiento entre partidos si las mayorías parlamentarias no están claras. Y el canciller únicamente jura el cargo junto a sus ministros, después de haber obtenido personal e individualmente la confianza del Bundestag.

“el parlamento obligaba a ese gobierno a dimitir, a veces en cuestión de semanas o incluso días”

En Países Bajos, en cambio, sigue en vigor un esquema constitucional decimonónico. De hecho, aún leemos en su Carta Magna (art. 42): “El gobierno se compone del Rey y de los ministros”. No se define el rol de los Estados Generales, el parlamento holandés, en la formación de gobierno.

Sobre el papel, el modelo holandés se asemeja al inglés. Después de las elecciones generales, el Rey de Inglaterra convoca al ganador de las elecciones y le nombra Primer Ministro, sin más. No hay envestidura parlamentaria, ni voto de confianza del parlamento.

“En Países Bajos, en cambio, sigue en vigor un esquema constitucional decimonónico”

Claro, si tu sistema electoral asegura que, casi siempre, existan mayorías absolutas, pues el monarca tampoco se moja políticamente. La cosa cambia, si un Rey convive con el parlamento más fragmentado del mundo, junto a la Knesset en Israel, como ocurre en Países Bajos y, dicho sea de paso, en Bélgica.

En 1951, los políticos tomaron conciencia de que demasiado a menudo el candidato a Primer Ministro de la Corona acababa renunciado a encabezar el gobierno, o, aún peor, que todo el gobierno dimitía poco después de su nombramiento por falta de apoyos en el parlamento. La falta de mayorías claras obligaba a la monarquía a correr riesgos seleccionando un jefe de Gobierno. A la larga, esto podría interpretarse por la población como una muestra de preferencias políticas, algo incompatible para que esta institución se ajuste a la democracia.

“En 1951, los políticos tomaron conciencia de que demasiado a menudo el candidato a Primer Ministro de la Corona acababa renunciado a encabezar el gobierno”

Desde entonces idearon un sistema complejo en que junto a la figura del former o candidato a Primer Ministro, aparecieron otras dos, el informador y el scout o explorador. El propósito de estas últimas era alejar a la Corona de la arena política.

Tan pronto acaban las elecciones, antes incluso de que se sepa la composición definitiva del parlamento –en Países Bajos, algunos escaños pueden tardar varios días en acabar de asignarse– el partido que aparentemente tiene más escaños, designa a un explorador. Su propósito es sondear a las demás fuerzas políticas para ver qué posibilidades hay de que acepten al líder de su partido como jefe de Gobierno.

“idearon un sistema complejo en que junto a la figura del former o candidato a Primer Ministro, aparecieron otras dos, el informador y el scout o explorador

Si el explorador ve que su interlocución no está siendo fructífera, puede pasarle el turno a otro miembro de su partido o bien, otros partidos, por mayoría, pueden nombrar, un nuevo scout. Esto ocurrió en las últimas elecciones, cuando el explorador del PVV apenas encontró a quienes estuvieran dispuestos a conversar con él.

Una vez el parlamento se constituye, el explorador propone al Rey el nombre de un informador. Este suele ser un político o ex político de cierta reputación que se ocupa de negociar con los demás partidos para armar un gobierno. A veces, se cambia de un informador a lo largo del proceso, cuando el designado entiende que ya ha gastado todas sus cartas como mediador o como guiño entre los partidos negociadores.

“Una vez el parlamento se constituye, el explorador propone al Rey el nombre de un informador”

En todo caso, al final, cuando haya acuerdo, se nombrará al último informador, que se convertirá en el formador de gobierno, acordará una coalición y le presentará una lista de ministros al Rey que les tomará juramento. Acto seguido, el gobierno expone su programa al parlamento, donde ya sabe que cuenta con suficientes apoyos.

En Portugal la cosa es bastante diferente, aunque habría un punto en común. Allí el Presidente también nombra al gobierno sin el voto de confianza previo del Parlamento. No obstante, una vez nombrado, el gabinete debe superar un voto de confianza de la Asamblea Nacional. De no lograrlo, tendrá que dimitir.

“cuando haya acuerdo, se nombrará al último informador, que se convertirá en el formador de gobierno”

Por lo general, el Jefe de Estado luso suele someterse a la mayoría del parlamento. Si no ando errado, desde 1974, la única excepción se produjo en 2015, cuando Cavaco Silva se empecinó en renovar a Passos Coelho como Primer Ministro, a pesar de las izquierdas tenían mayoría. Como se esperaba, el gobierno no obtuvo la confianza parlamentaria y el Presidente tuvo que designar al socialdemócrata Antonio Costa cabeza de gobierno.

Después de las últimas elecciones, el conflicto que puede tener el actual Jefe del Estado, Marcelo Rebelo de Sousa, es que, aunque las derechas suman mayoría en el parlamento, el líder del equivalente al PP portugués, Montenegro, no desea integrar a la ultraderecha de “Chega” en el gobierno. Si la formación de André Ventura no se aviene a esta exclusión, la única posibilidad de Montenegro pasaría por la abstención de los socialistas, a quienes acaba de echar del poder.

“las derechas suman mayoría en el parlamento, el líder del equivalente al PP portugués, Montenegro, no desea integrar a la ultraderecha de “Chega” en el gobierno”

Si Montenegro no obtiene la confianza del Parlamento, después de ser nombrado, Rebelo de Sousa tendrá que calibrar otras posibilidades de gobierno. Incluso se abre la puerta a la repetición electoral.