Entre especulación y rumorología, algunos analistas creen que Putin ansia tomar toda la costa ucraniana y enlazar así con la región moldava de Transnistria, bajo control ruso desde 1990. Semejante pronóstico es arriesgadamente incierto, como poco.

Con el actual ritmo de bajas, si la guerra abierta se prolonga algunas semanas más, Moscú se verá obligado a movilizar a sus reservistas, o sea a civiles, para sostener a su maltrecha infantería. Tampoco podemos asegurar que Putin descarte la movilización general en su país. Estas semanas la Duma debate una ley para prolongar el límite de edad de los soldados profesionales y servicio militar obligatorio más allá de los 40 años.

«Se rumorea que Putin ansia tomar toda la costa ucraniana y enlazar así con la región moldava de Transnistria»

No obstante, a lo largo del verano, más que otra ofensiva a gran escala, parece probable que las tensiones bélicas se congelarán. Esto nos devolvería al escenario anterior a febrero, a una guerra silenciosa, operada en el este de Ucrania a través de grupos paramilitares contra el ejército ucraniano.

Pero ¿cómo es que Rusia posee un Estado títere en Moldavia? La respuesta exige remontarse bastante atrás en la historia de la pequeña nación rumana. Sí, habéis leído bien, la mayoría de moldavos son étnicamente rumanos. A decir verdad, su idioma es el rumano, pues el moldavo a duras penas reúne las variaciones que permitirían considerarlo un dialecto.

Es Transnistria la siguiente pieza en el proyecto del Kremlin de crear la Rusia Nueva?

Tales circunstancias han mostrado un gran impacto en la historia política moldava. Días después de su independencia de la URSS, en 1990, el gobierno de Chisinau realizó una declaración formal en que aseguraba que rumanos y moldavos son un solo pueblo.

Ese mismo año había ocurrido lo que muchos juzgaban imposible: la reunificación alemana. Muchos pronosticaron una rápida integración de Moldavia en la Rumanía postsoviética. Ya sabemos que esto no ocurrió y en gran media esto se debió a Transnistria y sus habitantes, étnicamente rusos.

Moldavia - Wikipedia, la enciclopedia libre
Bandera de Moldavia.

Entre los siglos XIV y XX, los Balcanes fueron una región en sujeta a tensiones y conflictos bélicos de manera casi ininterrumpida. Tres grandes imperios, Austria, Turquía y Rusia batallaron por el control de la región. En algunos casos la lucha se libraba de manera directa, en otros, intermediada por aliados y vasallos.

El complejo puzle étnico y religioso no ayudaba. Musulmanes, cristianos ortodoxos y católicos, convivían con minorías hebreas. Varios pueblos eslavos, serbios, croatas y búlgaros secundaban la política paneslava de Moscú. Mientras, los musulmanes bosnios y los albanokosovares veían alejarse la protección de La Sublime Puerta, como se apodaba al Imperio Otomano.

«Muchos pronosticaron una rápida integración de Moldavia en la Rumanía postsoviética.»

En medio, encontramos a los magiares (húngaros) y los rumanos, los dos únicos pueblos no eslavos de los Balcanes. Se pensaría que igual esto les llevó a algún tipo de alianza, pero no: se odiaban a muerte. ¿Por qué? En una palabra: Transilvania. Hungría integraba esta provincia de mayoría rumana que Bucarest reclamaba para sí.

¡Cuidado si pensamos que estos bloques mantenían alianzas constantes! Antes de convertirse en la bestia negra del Imperio Austrohúngaro, los serbios aceptaron la ayuda austríaca contra los turcos. Claro que eso de guerrear contra los turcos para expandir tu reino hacia el mar, para que luego Viena te apuñale por la espalda impulsando la creación de una Albania independiente debió de sentar mal.

Antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, hubo dos guerras balcánicas. La primera fue una alianza de Serbia, Bulgaria, Rumanía y Grecia contra Turquía. En la segunda (1913), Bulgaria entró en guerra con todos sus anteriores aliados y, por cierto, perdió. Resentida por las cesiones territoriales que implicó esta derrota, en 1915 Sofía abandonó el paneslavismo para aliarse con las Potencias Centrales atacando Serbia por la retaguardia.

Rumanía durante la Primera Guerra Mundial - Wikipedia, la enciclopedia libre
Rumanía entró en la Primera Guerra Mundial del lado de los aliados.

En cuanto a Rumanía, si bien sus relaciones con Rusia fueron como norma general cordiales, no estuvieron exentas de tensiones. En concreto, el Bucarest reivindicó desde principios del S. XX la soberanía de Bessaravia. Esta provincia de mayoría rumana es el origen de la actual Moldavia.

Cuando en 1917 el Imperio Ruso se desmorona y en poco tiempo se hunde en la guerra civil, Rumanía no está para echar cohetes. La mayor parte del país estaba ocupado por los ejércitos germano-búlgaros. Sin embargo, no dejó pasar la ocasión para reclamar la Bessaravia.

«Bucarest reivindicó desde principios del S. XX la soberanía de Bessaravia»

En medio del caos reinante, Rumanía insta a los rumanos de la región a movilizarse. El 15 de diciembre de 1917, el Consejo Nacional [Sfatul Țării ] de Bessarabia proclama la independencia del país con el nombre de República Democrática de Moldavia. Pocas semanas más tarde, los bolcheviques invaden la región y entran en su capital, Chisinau.

El Consejo Nacional solicita entonces ayuda a Rumanía y pacta con ella una federación estatal. En otras palabras, Moldavia se incorporaría al Reino de Rumanía, pero conservando su autonomía. Ya con las tropas rumanas en el terreno y los bolcheviques en retirada, el 10 de diciembre de 1918, el Consejo Nacional proclamó la “unión incondicional” con Rumanía, esto es, sin autonomía política.

Rumanía durante la Primera Guerra Mundial - Wikipedia, la enciclopedia libre
En verde, el Reino de Rumanía antes de la Primera Guerra Mundial. Después, en color, vemos la ampliación territorial de la «Gran Rumanía», en rosa Bessarabia.

Algunos historiadores y nacionalistas moldavos sostienen que Rumanía forzó este cambio de postura. Muchas evidencias apuntan a ello, pero no es menos ciento que para los rumanos de Bessarabia cualquier solución que los llevara a integrarse en Rumanía hubiese despertado adhesiones.

En 1920 las potencias aliadas, excepto Rusia y Japón, reconocen la Bessarabia como parte de Rumanía en el Tratado de París. No fue esta la única ganancia territorial de Rumanía, después de la Primera Guerra Mundial. Con el Imperio Austrohúngaro desmembrado, el Tratado de Trianon (1919), le hizo entrega de Transilvania. En apenas dos años el país duplicó su tamaño y población. Empieza hablarse entonces de la Gran Rumanía.

«el 15 de diciembre de 1917, el Consejo Nacional [Sfatul Țării ] de Bessarabia proclama la independencia del país con el nombre de República Democrática de Moldavia»

La URSS, sin embargo, no estaba dispuesta a renunciar a Bessarabia. En 1924 crean la República Socialista Autónoma de Moldavia, en una estrecha franja de tierra al este del rio Dnieper. Esta región es actualmente Transnistria.

Al principio, esta “república autónoma” no pasó de ser un gobierno de circo y opereta, sin otro propósito que mantener vivía la reclamación territorial soviética sobre Bessarabia. En 1940, durante la luna de miel nazi-soviética, fruto del Pacto Ribbentrop-Molotov para invadir Polonia, Rumanía fue obligada a entregar Bessaravia a Rusia. Poco después también se la obligaría a devolver Transilvania a Hungría.

Con la derrota del Eje, Transilvania volvió a Rumanía, pero no así Moldavia. Esta se integraría en la URSS empezando un proceso de más de cuarenta años de rusificación. Se propició la migración de rusos étnicos a la franja este del Dnieper. Durante décadas, las escuelas enseñaron a los niños moldavos que no eran rumanos, sino rusos. Y la población adulta fue bombardeada con el mismo mensaje. Las autoridades se inmiscuían en las conversaciones de particulares en lugares públicos para que hablaran ruso y no rumano.

«Con la derrota del Eje, Transilvania volvió a Rumanía, pero no así Moldavia»

La estrategia rusa, sin embargo, se vio frustrada. No es fácil que un país olvide en pocas décadas su identidad. Menos aún si Rumanía insiste recordársela.

Aunque Rumanía era también una dictadura comunista y una bastante brutal, por cierto, no era un satélite soviético al uso. Comparada con el resto de países del Este, gozaba de una gran independencia política. En 1958 incluso forzó la retirada de soldados soviéticos de su territorio que debía aceptar como miembro del Pacto de Varsovia. Desde entonces, su membresía de esta OTAN soviética fue meramente formal.

Gracias a este estatus, el dictador rumano, Chauchescu se atrevió a reclamar formalmente la “devolución” de Moldavia. Por supuesto, la URSS jamás accedió a la demanda.

Con la caída del Telón de Acero (1989), Moldavia se proclama independiente. Las esperanzas de una reunificación rumana se acrecentaron, pero se desmoronaron de golpe en el noviembre de 1990. En Transnistria, grupos paramilitares de moldavos rusos, apoyados por batallones cosacos y el 14ª ejército ruso, estacionado en la zona, se sublevaron contra el gobierno de Chisinau. La guerra se prolongó hasta 1992 y terminó unos acuerdos de paz que eternizan ocupación militar rusa de Transnistria.

La guerra que dividió a eslavos y rumanos en Moldavia y que vio nacer un país no reconocido: Transnistria
La bandera de Transnistria, claramente soviética, ondea al lado de la Rusa en Tiraspól, capital de la región.

Aunque Transnistria se ha proclamado como Estado independiente y de facto funciona al margen del gobierno de Chisinau, ningún Estado la reconoce como igual, ni siquiera Rusia. De hecho, sólo otros tres Estados-autoproclamados, Abjasia, Osetia del Sur y Artsaj, la reconocen. Su gobierno es una dictadura en que un único partido, Renovación, monopoliza el parlamento. Pero sobre todo Transnistria es la base militar rusa más al oeste en el sur de Europa y un lastre para que Moldavia se estabilice y se acerque a la UE o la OTAN.