Con las elecciones europeas a la vuelta de la esquina, dedicaremos las próximas semanas a describir las principales instituciones comunitarias. Aunque hoy empezaremos por acercarnos un poco a la historia de la UE.

Compleja y enrevesada, la historia de la UE existe a dos niveles: el ideológico y el institucional. La segunda se compone de una ristra de fechas que conmemoran los eventos más notables. Sin embargo, por muy importantes hayan sido los acuerdos concretos entre Estados, nunca se habrían alcanzado sin décadas de un trabajo invisible, de debate político y expansión del sentimiento europeísta.

“la historia de la UE existe a dos niveles: el ideológico y el institucional”

Como tantos movimientos políticos complejos, resulta imposible atribuir a un concreto evento la aparición del europeísmo. Pese a la diversidad de opiniones existe un consenso en torno a los años 1923, 1929 y 1942, considerados clave.

En 1923, el conde Richard Coudenhove-Kalergi publica el manifiesto Paneuropa. A la vez funda la Unión Paneuropea Internacional. Kalergi plantea la necesidad de crear un Estado Europeo basado en los principios del liberalismo, el cristianismo y responsabilidad social, en oposición “al nihilismo, el ateísmo y el inmoral consumismo”. Aunque no lo mencione expresamente, hay que añadir el pacifismo como rasgo elemental del paneuropeísmo. Después de todo, un puntal de Paneuropa era prevenir una nueva guerra como la de 1914.

“En 1923, el conde Richard Coudenhove-Kalergi publica el manifestó Paneuropa

Kalergi encuentra enseguida apoyo entre algunos importantes intelectuales, como Einstein, Thomas Mann, Salvador de Madariaga o miembros de la antigua dinastía de Habsburgo. Ahora bien, la popularidad del paneuropeísmo a pie de calle resultó más bien escuálida. Mayor impacto tuvo la declaración del Primer ministro francés, Aristide Briand, en 1929.

En esta alocución, Briand quien pertenecía a la Unión Paneuropea Internacional de Kalergi, abogó por avanzar hacia una Europa federal. Un año antes, cuando ocupaba la cartera de exteriores gala, se había firmado el Pacto Kellogg-Briand en París, que pretendía constituir la renuncia formal de las naciones a la guerra ofensiva. En medio se semejante clima de optimismo, se hacía fácil creer que tan grandes proyectos resultarían realizables. La crisis económica no tardaría en dar al traste con todos esos planes aupando al nacionalismo agresivo.

“Briand quien pertenecía a la Unión Paneuropea Internacional de Kalergi, abogó por avanzar hacia una Europa federal”

En 1942, tres destacadas figuras de la oposición democrática a Mussolini, Spinelli, Rossi y Colorni firmaron el Manifiesto de Ventotene, abogando por una Europa libre y unida. Después de la guerra, en 1946 fundaron la Unión de los Federalistas Europeos.

Ya sabemos que el paneuropeísmo y el federalismo europeo fracasaron. El auge del fascismo y el nazismo arrastró una vez más al Viejo Continente a la guerra. Aunque precisamente el desenlace de la Segunda Guerra Mundial reafirmó la vocación entre las distintas naciones europeas por hermanarse. Claro está, los países que quedaron al otro lado del telón de acero, perdieron durante cuatro décadas la libertad de elegir su destino.

“En 1942, tres destacadas figuras de la oposición democrática a Mussolini, Spinelli, Rossi y Colorni firmaron el Manifiesto de Ventotene, abogando por una Europa libre y unida”

Mientras tanto, en occidente, el Plan Marshall americano contribuyó a acelerar la reconstrucción de Francia, Italia, el Benelux y el este de Alemania. Para distribuir los fondos estadounidenses, se creó, en 1948, Organización Europea para la Cooperación Económica u OECE. A partir de 1961, esta organización internacional se reinventaría como la OCDE, o sea, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.

También en 1948 Francia, Reino Unido, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo firmaron el Tratado de Bruselas que creó la Unión Europea Occidental. Su propósito era establecer una alianza militar europea, sin embargo, este proyecto se vio eclipsado apenas un año después por el nacimiento de la OTAN.

“en 1948 Francia, Reino Unido, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo firmaron el Tratado de Bruselas que creó la Unión Europea Occidental”

Ese mismo año, en 1949, Bélgica, Francia, Luxemburgo, Países Bajos, Reino Unido, Irlanda, Italia, Dinamarca y Noruega firmaron el Tratado de Londres, creando el Consejo de Europa. Esta organización tenía por objetivo promover la democracia y los derechos humanos en el Viejo Continente, así como el desarrollo de sus habitantes. No obstante, se excluyó de sus competencias cualquier cooperación en defensa.

Un año después, los mismos países firmaron el Convenio Europeo de Derechos Humanos. Tal vez, esta sea la mayor contribución que el Consejo de Europa ha hecho a nuestro continente y al mundo.

“en 1949, Bélgica, Francia, Luxemburgo, Países Bajos, Reino Unido, Irlanda, Italia, Dinamarca y Noruega firmaron el Tratado de Londres, creando el Consejo de Europa”

Todas estas organizaciones se basaban en el llamado principio de cooperación. Esta es, de hecho, la pauta característica de cualquier organización internacional: varios Estados crean unas instituciones supranacionales para coordinar esfuerzos entorno a un asunto. Sin embargo, el europeísmo buscaba dar un paso más, ambicionaba la federalización progresiva de Europa, a través de un proceso de integración.

La integración supone algo más que aunar esfuerzos de manera coordinada. Implica crear unas instituciones comunes a diversos Estados que asuman el ejercicio de ciertas competencias. Hasta la fecha, entre los cientos de organizaciones internacionales, únicamente la UE se ajusta a esta descripción.

“el europeísmo buscaba dar un paso más, ambicionaba la federalización progresiva de Europa, a través de un proceso de integración”

Así, el 9 de mayo de 1950, el ministro francés de exteriores, Robert Schuman, hizo una declaración pública animando a crear una “Alta autoridad común” que gestionara los recursos de carbón y metal en Europa. El autor intelectual de este llamado fue uno de los considerados padres de Europa, Jean Monnet.

Sobre la Declaración Schuman-Monnet es importante entender tres aspectos:

  1. La excesiva dependencia europea del carbón, en plena descolonización que dejaría a las potencias del Viejo Continente sin acceso estable al petróleo.
  2. Pese a su incuestionable importancia económica, la gestión del carbón y el acero no soliviantaba tanto los ánimos políticos como la defensa, la policía o la justicia. Ergo era un punto de partida ideal para rehacer puentes entre Francia y Alemania.
  3. Daba un nuevo significado al 9 de mayo, fecha de rendición incondicional alemana en 1945.

En Bonn, capital de la República Federal Alemania, el canciller Adenauer se mostró entusiasmado con la propuesta francesa. Apenas hacía un año que las Alemanias, la Federal u occidental y la Democrática u Oriental habían recuperado su independencia.

“el 9 de mayo de 1950, el ministro francés de exteriores, Robert Schuman, hizo una declaración pública”

Para gobierno de Bonn, aquello suponía volver a la escena internacional por una puerta nada modesta. Además, suavizaría las tensiones en torno al Ruhr. Esta región alemana muy rica en carbón estaba ocupada por Francia que planeaba su anexión, movida precisamente por su riqueza carbonífera. Si una autoridad supranacional gestionaba el carbón, tal vez, la presión francesa por reescribir las fronteras disminuiría.

El 18 de abril de 1951, los gobiernos de Francia, Italia, Alemania occidental, Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo firmaron el Tratado de París que creaba la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA). Había nacido la llamada Europa de los seis.

“el canciller Adenauer se mostró entusiasmado con la propuesta francesa”

El tratado entró en vigor el 23 de julio del año siguiente. Una de sus peculiaridades es que a la CECA se le puso fecha de caducidad: 50 años. Poco habitual en una organización internacional es nacer para un periodo de tiempo acotado. Eso nos demuestra hasta qué punto los gobiernos eran consciente de la debilidad económica del carbón, así como que concibieron la CECA como la primera de piedra de un algo más. El 23 de julio de 2002, la CECA se disolvió formalmente, para entonces, la Unión Europea ya era una realidad muy diferente a la de los años cincuenta.