Ayer domingo, los venezolanos votaron en referéndum si la región de Esequiba pertenece a su país o a la vecina República de la Guayana. La medida tendría sentido, claro, si Esequiba se encontrara en poder Caracas. El gobierno le estaría preguntando al pueblo si la retiene o se la entrega a su vecino. Lo surrealista aquí es que Esequiba es parte efectiva de la Guayana, un país con conflictos territoriales a este y oeste.

A otro le dejaremos el interesante comentario a fondo del referéndum venezolano. Obviamente, Nicolás Maduro no puede ejecutar el resultado de un referéndum que ha ganado por abrumadora mayoría. Su convocatoria hay que interpretarla en clave interna, el intento bastante desesperado de cohesionar a un país hundido en la miseria, contra el enemigo externo.

“Ayer domingo, los venezolanos votaron en referéndum si la región de Esequiba pertenece a su país”

¿En el Palacio de Miraflores están tan locos invadir Guayana? Cuesta creerlo. Pero bueno, ahí tenemos la invasión de las Malvinas por Galtieri o el ataque de Idi Amin a Tanzania. No sólo salieron mal para ellos como gobernantes, sino que Argentina y Uganda pagaron un alto precio en vidas. El tiempo dirá… pero las fuerzas armadas venezolanas no están en condiciones de llevar a cabo una invasión, menos aún contra un país tan hermanado a Reino Unido y con tan importantes relaciones comerciales con los Estados Unidos.

Sobre el mapa, vemos que Esequiba representa más de la mitad del territorio de la Guayana. No obstante, su densidad poblacional es muy baja. De los algo más de ochocientos mil guáyanos, apenas doscientos mil viven en Esequiba. Selvática y montañosa, su orografía no acoge bien grandes núcleos urbanos, pero su riqueza en recursos materiales es altísima, tanto en minerales como en petróleo.

“Esequiba representa más de la mitad del territorio de la Guayana”

Aunque no únicamente de Venezuela recibe reclamaciones territoriales la Guayana. Su vecino occidental, Surinam, se autoproclama legítimo soberano de la región de Tigri, en el sur de Guayana. En el remotísimo supuesto de que el gobierno de Georgetown cediera a las reclamaciones de Surinam y Venezuela, Guayana se vería reducida a un tercio de su actual territorio.

Guayana Esequiba: Geoeconomía de una ocupación

¿De dónde vienen todos estos conflictos? La historia del Caribe meridional es bastante compleja. La llegada europea a la zona, por supuesto, la inauguran los españoles. Alrededor del S. XVII la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales empezó a navegar por la zona. Sin embargo, no fueron propiamente holandeses colonizaron esa región después de España, sino… lituanos.

“Surinam, se autoproclama legítimo soberano de la región de Tigri, en el sur de Guayana”

Antes de perder su independencia, el Ducado de Curlandia, logró establecer un puñado de colonias en África y América, gracias a una alianza matrimonial entre una princesa del lugar y un Príncipe de Brandemburgo, a su vez accionista de la Compañía neerlandesa. Entre los asentamientos coloniales lituanos se encontraba en la isla de Tobago. Estos navegantes bálticos mapearon por primera vez la costa de Surinam y Guayana con exactitud. Tras su desaparición como Estado soberano, su efímero imperio colonial pasó a manos holandesas, cuyos marinos colonizaron la Guayana.

Durante el S XVIII se produjeron varios episodios convulsos en el Caribe. La presencia inglesa y francesa en sus archipiélagos se asentó para desesperación española que, sin embargo, fue capaz de repeler varios intentos de invasión inglesa en la costa venezolana y una tentativa sueca de asentarte en Tobago y la Guayana. Menos suerte tuvo evitando la consolidación de la Guayana holandesa –que abarcaría las actuales Guayana y Surinam– y la todavía es la Guayana francesa.

“Estos navegantes bálticos mapearon por primera vez la costa de Surinam y Guayana con exactitud”

En 1796, la República Francesa invadió Holanda. Inglaterra aprovechó la coyuntura para ocupar la mayor parte de la Guayana holandesa, supuestamente, para protegerla de la invasión francesa. Sin duda, Napoleón quería expandirse por el Caribe, pero vaya, después de su derrota Londres no mostró demasiado interés en devolver la Guayana. Pese a las protestas holandesas, no les devolverían el control de su colonia hasta el Tratado Anglo-holandés de 1824. Vaya, técnicamente, les devolvieron la mitad de su colonia. Aquí aparecieron la Guayana Británica y la Guayana Holandesa, que, con el tiempo, se convertirían en las actuales Guayana y Surinam.

Mientras tanto, Venezuela había hecho suyas las demandas territoriales del Imperio español, sobre parte de lo que ahora dominio británico. En 1895 las tensiones escalaron entre ambos países. Venezuela trató de atraer el apoyo de lobistas estadounidenses, invocando la doctrina del Presidente Monroe “América para los americanos”.

“En 1796, la República Francesa invadió Holanda. Inglaterra aprovechó la coyuntura para ocupar la mayor parte de la Guayana holandesa”

Las presiones estadounidenses llevaron al Primer Ministro británico, Lord Salisbury, a firmar el Tratado de Washington (1897) con Venezuela. Según sus términos, ambos países aceptaban un arbitraje internacional, norteamericano vaya, a sus demandas. Para desconcierto de los venezolanos –y de los británicos– el laudo arbitral favoreció a Londres en casi todas sus pretensiones. Pese a que Caracas protestó enérgicamente contra el fallo, al final, lo acató y entre 1904 y 1905 una comisión diplomática de ambos países fijó la frontera.

Durante la descolonización, Venezuela denunció ante la ONU algunas irregularidades habidas en el arbitraje. El mismo año de la independencia de Guayana, 1966, Reino Unido sello un Acuerdo en Ginebra con Venezuela, a fin de fijar un marco de negociaciones sobre la delimitación fronteriza entre la futura Guayana independiente y Caracas.

“Lord Salisbury firmó el Tratado de Washington (1897) con Venezuela. Según sus términos, ambos países aceptaban un arbitraje internacional”

En la práctica, no sirvió de mucho. Guayana demandó que, para renegociar las fronteras, Venezuela debía probar fehacientemente que el arbitraje merecía verse anulado por irregularidades. En una deficiente estrategia jurídico-diplomática, Caracas replicó que, una vez firmado el Acuerdo de Ginebra, lo que se abría era una negociación política sobre fronteras desvinculada del Arbitraje de 1899. Así, llegaron a un punto muerto.

En octubre de 1966, Venezuela ocupó militarmente la isla de Ankoko, en la desembocadura confluente de los ríos Cuyuni y Wenamu. Aunque sigue reteniendo la isla hasta la actualidad y ha establecido una base militar en su suelo, el gesto despertó mucha hostilidad en la comunidad internacional.

“En octubre de 1966, Venezuela ocupó militarmente la isla de Ankoko”

Cualquier simpatía en favor de Venezuela se evaporó dos años más tarde. Entonces tuvo lujar el alzamiento Rupununi. Este pueblo indígena había pedido al gobierno de Georgetown que reconociera su propiedad sobre sus tierras. Tras la negativa redonda de las autoridades de Guayana se lanzaron a la vía armada.

No existen evidencias de que Venezuela gestara el alzamiento. Ni siquiera es tan evidente como dicen algunos historiadores británicos que Caracas proporcionara las armas. Sin duda hubo algún grado de envolvimiento. Es más, Venezuela dio asilo y nacionalidad al líder de la rebelión, Hart, y muchos de sus aliados, pero en última instancia se lavó las manos de la suerte de los Rapanui.

“Venezuela dio asilo y nacionalidad al líder de la rebelión, Hart, y muchos de sus aliados, pero en última instancia se lavó las manos de la suerte de los Rapanui”

En 1969, los venezolanos eligieron a un nuevo Presidente, Caldera, que quería mantener vivo el espíritu diplomático del Acuerdo de Ginebra. En 1970, los gobiernos de Guayana y Venezuela firmaron en la capital de Trinidad y Tobago, el Protocolo de Puerto España. Pocos ejemplos hay tan claros en la historia de un patadón y palante. El protocolo posponía doce años cualquier nueva reivindicación o discusión sobre las fronteras entre ambos países.

Mientras tanto, otro frente se abría para Guayana en Tigri, un área en el sur del país, que los holandeses mantenía que era suya, según el Tratado de 1824. Surinam no se independizaría de Países Bajos hasta 1975, así que la discusión era entre Guayana y Ámsterdam.

“En 1970, los gobiernos de Guayana y Venezuela firmaron en la capital de Trinidad y Tobago, el Protocolo de Puerto España”

Para prevenir más discusiones y frustrado por la pérdida de Ankoko, Guayana decidió disparar primero esta vez. En 1969, sus tropas ocuparon el Tigri. Pese a las protestas holandesas sus militares no se retiraron.

Después de su éxito mediando entre Guayana y Venezuela, Trinidad y Tobago se volvió a ofrecer como sede para conversaciones diplomáticas. En 1971, las autoridades de Guayana y el gobierno autónomo de Surinam acordaron que ambas retirarían sus tropas de Tigri y buscarían un cauce diplomático para resolver el problema. Sin embargo, Guayana nunca cumplió su parte y mantiene la ocupación del Tigri.

“En 1971, las autoridades de Guayana y el gobierno autónomo de Surinam acordaron que ambas retirarían sus tropas de Tigri […] Guayana nunca cumplió su parte”

Las protestas de Surinam, que alcanzó la plena independencia cuatro años después, no han servido de nada. Distinto ha sido el caso de Esequiba. En 1983 expiró el plazo dado por el Protocolo de Puerto España, con lo que Venezuela solicitó que abrieran negociaciones diplomáticas. Esto nunca ocurrió.

Entre tiras y aflojas, durante la presidencia de Hugo Chávez, se redoblaron los esfuerzos diplomáticos para reclamar Esequiba. Muchos han comentado la coincidencia de este renovado fervor venezolano por Esequiba, poco después de que se descubrieran de grandes reservas de petróleo en su suelo. Sin duda contribuyó, aunque para ser justos con Caracas, este país lleva reivindicando ese territorio desde su independencia de España.

“durante la presidencia de Hugo Chávez, se redoblaron los esfuerzos diplomáticos para reclamar Esequiba”

Ante la negativa de las partes a negociar, en 2017, el Secretario General de la ONU, António Guterrez, dijo que, si ninguna de las partes se oponía, quería someter la cuestión al Tribunal Internacional de Justicia. Nadie se opuso, así que el Tribunal de La Haya empezó a estudiar el caso.

El pasado viernes 1 de diciembre, ante la inminencia del referéndum venezolano, el Tribunal Internacional emitió una resolución acordando medidas cautelares. No ha dado la razón definitiva a ninguna de las partes, sin embargo, insta a mantener el status quo, Guayana debe seguir administrando Esequiba y Venezuela Ankoko. Ninguna de las partes ha de tomar acciones políticas y aún menos militares para reclamar territorio. Deben esperar a la sentencia del tribunal.

“en 2017, el Secretario General de la ONU, António Guterrez, dijo que, si ninguna de las partes se oponía, quería someter la cuestión al Tribunal Internacional de Justicia”

De repente, Maduro sostiene que dejarlo en manos de juristas internacionales es clasista y antirrevolucionario. Quiere que sean las gentes de a pie quienes zanjen democráticamente el asunto. No hace falta decir que su referéndum sólo cuenta votos de venezolanos de a pie, no de guáyanos.