El pasado mes de febrero, el Emir, Mishal I, disolvió la Asamblea Nacional de Kuwait. El 10 de mayo dio un paso más hacia la monarquía absoluta suspendiendo el nuevo parlamento y parte de la constitución. Desde entonces gobierna por Decreto, confirmando los temores de muchos kuwaitíes. Tal vez, en abril votaron un parlamento por última vez.
¿Acaso no es ya Kuwait una monarquía absoluta? La propia constitución kuwaití explicita (arts. 51 y 52) que el Emir ostenta tanto el poder ejecutivo, como el legislativo. Si bien, la carta magna afirma que comparte este último con la Asamblea Nacional.
“El pasado mes de febrero, el Emir, Mishal I, disolvió la Asamblea Nacional de Kuwait.”
De sobras sabemos que la mera presencia formal de un parlamento no garantiza el reparto real del poder en un Estado. Con la notable excepción Arabia Saudita, las monarquías absolutas instituyen siempre algún tipo de parlamento y elecciones –a menudo estas sin partidos políticos. Brunéi representa la otra excepción a esta práctica. No obstante, el pequeño sultanato sí dispone de un Consejo Legislativo, las últimas elecciones, en el país, se convocaron en 1962.
Los parlamentos de países como Omán, Esuatini (Suazilandia), Qatar o Bahréin apenas son caricaturas de un auténtico colegio legislativo. Tales asambleas limitan su rol, en el mejor de los casos, al asesoramiento del monarca-dictador. A menudo, ni siquiera esconden su naturaleza consultiva en la constitución oficial.
“¿Acaso no es ya Kuwait una monarquía absoluta?”
Un bloque aparte, conforman países como Jordania, Marruecos, Tonga o Liechtenstein cuyos monarcas ostentas poderes de gobierno, pero limitados y efectivamente compartidos con un parlamento. Aunque más cercano al absolutismo, Kuwait se ha ubicado en una posición ligeramente intermedia entre los dos modelos de monarquías gobernantes.
Históricamente, el contexto social kuwaití ha propiciado un reparto informal del poder. Desde su aparición a mediados del S XVIII, como una región del imperio otomano, los entonces jeques kuwaitíes de la familia Al Sabah compartían su autoridad con otros patriarcas de los clanes locales. A esta tradicional estructura social árabe, se añadieron en el S XIX las familias de mercaderes, favorecidos por los avances en la navegación.
“Históricamente, el contexto social kuwaití ha propiciado un reparto informal del poder.”
Esta pujante burguesía mercantil y los propios jeques favorecieron –por acción u omisión– la influencia británica. En 1913, el Imperio Otomano acordó la cesión de Qatar, Bahréin y Kuwait a Londres. Pese a que el tratado nunca terminó de ser ratificado, los tres territorios se convirtieron desde entonces en protectorados británicos.
El descubrimiento de la inmensa riqueza petrolífera de estos territorios desestabilizó la estructura político-social que se venía asentando, reforzando a la familia Al Sabah. Después de la independencia, en 1961, Abdalá III empezó a usar el título de Emir, en lugar del de jeque. Un año después, aprobó la aún vigente constitución en se vio obligado a hacer concesiones a la antigua burguesía mercantil, en la forma de una Asamblea Nacional, compuesta por 50 diputados electos y 16 nombrados por el gobierno, normalmente, los propios ministros.
“En 1913, el Imperio Otomano acordó la cesión de Qatar, Bahréin y Kuwait a Londres.”
La Casa de Al Sabah monopoliza desde entonces la corona y las carteras ministeriales. La mayoría de los últimos emires han ocupado el cargo de primer ministro antes de ascender al trono. La constitución deja claro que el parlamento no tiene ni arte ni parte en la conformación del gobierno, prerrogativa exclusiva del monarca.
Como en la mayoría de las monarquías árabes, la sucesión por primogenitura, característica de Europa, no se emplea en Kuwait –tampoco está prohibida. Acogiendo una antigua tradición, la constitución dicta que, un año después de su coronación, el Emir kuwaití debe designar a un heredero al trono. Históricamente, la mayoría de las veces se ha producido una sucesión entre primos, dentro de las dos ramas principales de la familia Al Sabah.
“Como en la mayoría de las monarquías árabes, la sucesión por primogenitura, característica de Europa, no se emplea en Kuwait”
La Asamblea Nacional aprueba las leyes, pero estas solo entran en vigor si el Emir las sanciona. No es que el Emir tenga las manos atadas si los diputados no le aprueban las leyes, ya que tiene un amplio margen para legislar por decreto.
Las tensiones entre el Emir y su gobierno con la cámara han protagonizado las últimas décadas de la vida política del país. Sin embargo, la oposición parlamentaria al monarca nunca ha dado lugar a un bloque homogéneo. Tradicionalmente y hasta las elecciones de abril, la diversidad de partidos que han habitado la Asamblea se agrupa en tres facciones políticas: el bloque liberal, el popular y los islamistas.
“Las tensiones entre el Emir y su gobierno con la cámara han protagonizado las últimas décadas de la vida política del país.”
El grupo liberal lo personifica una clase alta occidentalizada, partidaria de acercar Kuwait al modelo jordano o incluso a una monarquía parlamentaria. El bloque popular o populista acoge las demandas de la clase media kuwaití. Se caracteriza por un exacerbado nacionalismo contra la nacionalización y, en general, la concesión de derechos a los muchos extranjeros que trabajan en el pequeño país. Los islamistas, por su parte, preferirían acerca Kuwait a la ortodoxia de Arabia Saudita, no tanto para darle más poder a la corona, como para revertir cualquier proceso de occidentalización. Como se imaginará, encabezaron la oposición más furibunda a concesión del derecho a voto a las mujeres en 2005.
Pese a sus muchas diferencias, el grueso de los diputados ha logrado converger, al menos puntualmente, en un frente común, exigiendo que el gobierno y el Emir rindan cuentas ante el parlamento. En definitiva, en aumentar los poderes del órgano electo.
“Las tensiones entre el Palacio y la Asamblea a menudo se han saldado con la disolución de la cámara”
Las tensiones entre el Palacio y la Asamblea a menudo se han saldado con la disolución de la cámara, prerrogativa que permite al Emir paralizar el parlamento, mediante las urnas. En el pequeño país del Golfo, las elecciones anticipadas no son la excepción, sino la regla.
Entre 1976-1981 y, posteriormente, entre 1986-1991, Jaber III suspendió la Asamblea, como ahora ha hecho Mishal I. El advenimiento de la monarquía absoluta parecía entonces imparable, pero la invasión de Sadam Hussein cambió las cosas.
“Entre 1976-1981 y, posteriormente, entre 1986-1991, Jaber III suspendió la Asamblea, como ahora ha hecho Mishal I.”
La ocupación iraquí de Kuwait (1990-1991) se tradujo en un refuerzo de la identidad kuwaití y un relanzamiento del espíritu parlamentario. Muchos exiliados le dejaron claro a Jaber III que únicamente apoyarían su restauración si reabría el parlamento. Tras el éxito de la coalición internacional que expulsó a Hussein de Kuwait, Jaber III cumplió su palabra.
Después de la muerte del Emir, en 2006, la Asamblea Nacional llevó a cabo su mayor exhibición de fuerza. El sucesor, Saad I, padecía un cáncer de colón que, si bien, aún le dejaría vivir dos años más, lo mantenía en un estado tan lastimoso que parecía impedido incluso para prestar el juramento del Emir.
“La ocupación iraquí de Kuwait (1990-1991) se tradujo en un refuerzo de la identidad kuwaití y un relanzamiento del espíritu parlamentario.”
Aliada con parte del gobierno y de la Familia Real, la Asamblea Nacional votó unánimemente a favor de la inhabilitación Saad, el noveno día de su reinado. Sin apoyos y, en verdad, postrado por el cáncer, este firmó su acta de abdicación pocas horas después.
Otra versión de los hechos asegura que Saad ya se había decidido a abdicar. La intervención sobrevenida del parlamento, según este relato, fue una teatralización para atribuirse el mérito de un cambio de monarca.
“Aliada con parte del gobierno y de la Familia Real, la Asamblea Nacional votó unánimemente a favor de la inhabilitación Saad, el noveno día de su reinado.”
Factor decisivo o hábil estratega, la Asamblea quedó ampliamente reforzada ante el pueblo. El país atestiguó un escenario inédito: como Saad no había nombrado heredero, ya hemos visto que la tradición dictaba que lo hiciera al año de ascender al trono, durante cinco días la corona kuwaití quedó vacante. Finalmente, la Familia Real y el gobierno acordaron proponer al primer ministro como Emir.
El nuevo monarca, Sabah IV (2006-2022) y sus dos sucesores, Nawaf I (2020-2023) y Mishal I han invertido no pocas energías mantener a raya un parlamento cada vez más insistente en ampliar sus prerrogativas sobre el gobierno y la Corona. Entre 2006 y 2024, la Asamblea se ha disuelto 13 veces, no completando nunca una legislatura.
“Entre 2006 y 2024, la Asamblea se ha disuelto 13 veces, no completando nunca una legislatura.”
Pero la crisis de principios de año estuvo marcada por un factor diferencial que no pasó desapercibido para nadie. Los diputados ya no criticaban al primer ministro o al resto del gobierno, ni hacían abstractas apelaciones a la democratización. Se rompió el tabú de atacar a Emir a quien varios diputados dirigieron duras críticas.
No parece previsible en un país con tan elevado nivel de vida que una revuelta popular derroque a Mishal I en el corto plazo. Sin embargo, el hecho de que haya suspendido y no modificado o derogado la constitución, nos da una idea de hasta qué punto la Casa de Al Sabah sabe que en Kuwait a la Asamblea Nacional se la echará de menos.










