Con giros tan constantes como inesperados, la crisis bélica entre Israel e Irán no admite vaticinios certeros. En este momento, lo más seguro es mirar al pasado o, más exactamente, al interior, a la psique de Netanyahu. Y es que Irán siempre fue la obsesión del primer ministro hebreo.

Como contexto, desde el derrocamiento del Sah, la República Islámica de Irán siempre ha puesto a Israel en la cima de su lista de enemigos. En los últimos años, esa lista se ha ido acortando. Las necesidades económicas y la mediación China han propiciado el acercamiento de Teherán a Arabia Saudita y otras monarquías suníes del Golfo Pérsico.

«la crisis bélica entre Israel e Irán no admite vaticinios certeros»

Otra lista que también se empequeñece es la de países aliados de los ayatolás. La caída de régimen chií de Al Asad en Siria –país de mayoría suní– les ha privado de su aliado más consistente. Si a esto le sumamos que Rusia, empantanada en Ucrania, no se encuentra en condiciones de acudir en su ayuda y que la opinión popular iraní está más que soliviantada con sus líderes, la necesidad del enemigo exterior se hace más acuciante que nunca.

En el otro bando, la mayoría de analistas coincide en que el primer ministro israelí lleva los últimos años huyendo hacía adelante. Los escándalos de corrupción asociados a campañas electorales le persiguen desde hace más de un lustro. Mantenerse como jefe del gobierno hebreo no sólo le permite ralentizar su juicio ante el Tribunal Supremo. Quizás sea lo único que le salva de dar con sus huesos en la cárcel.

«la mayoría de analistas coincide en que el primer ministro israelí lleva los últimos años huyendo hacía adelante»

Con uno de los parlamentos más fragmentados del mundo, la gobernabilidad de Israel está marcada desde su fundación, por la inestabilidad de sus coaliciones de gobierno y las elecciones anticipadas. El presente gobierno de Netanyahu no es ninguna excepción. De hecho, sin la escalada en Gaza y los ataques a Irán, no es osado afirmar que el gobierno ya se habría roto dadas las tensiones entre los partidos que lo integran.

En pocas palabras, sí, a Netanyahu le interesa que apuntarse a cualquier crisis bélica que facilite su continuidad en el cargo. Aunque esto no es incompatible con valorar la obsesión personal que el líder del Likud ha tenido siempre con el país de ayatolás.

«a Netanyahu le interesa que apuntarse a cualquier crisis bélica que facilite su continuidad en el cargo»

Hay que remontarse a los años noventa. Conforme Shamir y otros dirigentes históricos del entonces centro-derecha hebreo se van retirando, Netanyahu empieza a ganar protagonismo en política israelí. Al principio, se le conoce principalmente como el hermano del único soldado abatido en la Operación Thunderbolt, nombre en clave del rescate en el aeropuerto de Entebbe (Uganda), de los pasajeros de un vuelo secuestrado por terroristas alemanes de signo comunista y simpatizantes de los palestinos.

No obstante, su fama familiar enseguida se vio reemplazada por un mote: «Señor Seguridad» o «Mr. Seguridad». El apodo derivaba de sus encendidos discursos contra Irán, en quien veía a la peor amenaza para la supervivencia de Israel.

«sus encendidos discursos [de Netanyahu] contra Irán, en quien veía a la peor amenaza para la supervivencia de Israel»

Parece que el apodo no le hizo demasiada gracia. Prefería y aún prefiere «Bibi», diminutivo de Benjamin, su nombre de pila. Aunque, ¿para qué negarlo? Se ganó el apodo a pulso. Basta con ojear sus memorias o leer alguna de las entrevistas que concedió en aquella época, para ver hasta qué punto estaba convencido de que, si se permitía a Irán adquirir armas nucleares o, sencillamente, modernizar su arsenal, sería el final de Israel.

Ego no le falta, claro. Netanyahu se ha visto a sí mismo, desde su llegada a la política, como un Churchill israelí. La comparativa no responde tanto al liderazgo del celebérrimo premier británico en la Segunda Guerra Mundial, como a su rol en el parlamento británico a lo largo de la segunda mitad de 1930.

«Netanyahu se ha visto a sí mismo, desde su llegada a la política, como un Churchill israelí»

En aquella época, Churchill se convirtió en un apestado en su propio partido. Sus intervenciones parlamentarias estaban dominadas por las críticas a la inacción del gobierno, ante el cada vez más evidente rearme alemán. Conservadores y laboristas lo tildaban de belicista melancólico de la épica militar. Los hechos claro, le acabaron dando la razón en 1939, pero entonces ya era tarde.

Si él es Churchill, Netanyahu ve a Irán como la Alemania Nazi previa a la Segunda Guerra Mundial: una amenaza durmiente que, sin exagerar, le obsesiona desactivar. La megalomanía de la metáfora se exacerba si consideramos que proviene de un judío.

«Si él es Churchill, Netanyahu ve a Irán como la Alemania Nazi previa a la Segunda Guerra Mundial»

Por ahora, Irán e Israel parecen poco dispuestos a hacerse daño. Aunque la Administración Trump insista en lo contrario, el reciente ataque a Irán a distado de ser devastador. El Pentágono admite que como mucho retrasaron unos meses el programa nuclear iraní. ¡Ah! Que el Presidente publicara en redes sociales algunos de los objetivos principales antes del ataque, si duda tampoco ayudó demasiado a su efectividad.

La respuesta iraní también se ha quedado en lo simbólico. Disfrazados con la más agresiva de las retóricas, sus contrataques han mostrado una prudencia exquisita. Vamos, incluso han avisado a los estadounidenses de que bases militares en el Golfo Pérsico les iban a atacar antes de empezar el bombardeo. Víctimas mortales, cero.

«Por ahora, Irán e Israel parecen poco dispuestos a hacerse daño»

De momento, la escalada parece improbable. No obstante, el gobierno iraní y el propio Netanyahu, por distintos motivos, se encuentran a atrapados por la necesidad de cohesionar sus países en una lucha hacia el exterior. Los problemas internos de un lado, las causas judiciales del otro, forman un coctel peligroso sazonado con la obsesión del líder israelí con la que considera la mayor amenaza para la supervivencia de Israel.