Muy mal tiene que estar tu país, cuando un grupo armado asalta una cárcel y los presos prefieren quedarse dentro. Mucho me temo que no se trata de un chiste. Esto ocurrió en Haití la semana pasada. Hace años que la pequeña nación insular vive atrapada en una crisis dentro de una crisis, dentro de otra crisis.

Muchos todavía recordamos las estremecedoras imágenes del terremoto que en 2010 devastó el país. Casi como una alegoría del desmoronamiento de la autoridad estatal, el Palacio Presidencial se derrumbó, dejando al gobierno huérfano de sede. Desde entonces, el país ha ido de mal en peor.

“Muchos todavía recordamos las estremecedoras imágenes del terremoto que en 2010 devastó el país”

La llegada a la presidencia de un músico outsider, Michel Martelly, en 2011, trajo esperanzas de que el aire fresco entrara en la corrupta clase política del país. Para desesperación de los haitianos, su mandato empezó con una costosísima toma de posesión. Con la devastación sísmica a cuestas, gastó casi dos millones en juramentar como Jefe de Estado.

Una semana antes de que expirará su mandato, Martelly dimitió acosado por los escándalos de corrupción. Había aceptado sobornos de empresas, evadido parte de su fortuna a paraísos fiscales y a la vecina República Dominicana. La cosa llegaba tan lejos que Canadá y la Unión Africana adoptaron sanciones personales en su contra.

“La llegada a la presidencia de un músico outsider, Michel Martelly, en 2011, trajo esperanzas”

En noviembre 2016, ganó las elecciones Jovenel Moïse. Su difícil presidencia terminó bruscamente con su asesinato el 7 de julio de 2021. La autoría intelectual de los hechos sigue envuelta en el misterio y la incertidumbre.

Por si un magnicidio del Jefe del Estado no fuera bastante, la constitución haitiana dicta que ante la dimisión, muerte o incapacidad del Presidente, asume su rol, como interino el Primer Ministro. ¿Y dónde está el problema? Pues en que Moïse estaba en proceso de remodelar su gobierno. Ya había elegido a un nuevo Primer Ministro, Ariel Henry, pero aún no lo había nombrado.

“Jovenel Moïse terminó su difícil presidencia bruscamente con su asesinato el 7 de julio de 2021”

El todavía Primer Ministro, Claude Joseph, trató de paralizar el nombramiento de Henry argumentado que se había convertido en Presidente. Varios líos judiciales, un intento del parlamento de nombrar a un Presidente Provisional y amagos de un golpe militar, después, el 20 de julio Ariel Henry juramentó como Primer Ministro de Haití, a la par que Presidente interino.

La primera prioridad de Henry, prácticamente la única, pasa por reconstruir en Haití algo parecido a una autoridad estatal. Haber emprendido una gira internacional para recabar esa ayuda no ha contribuido sino a empoderar más si cabe a los grupos violentos y paramilitares que asolan Haití. La imagen es que el Presidente abandonaba el país porque ni su propia seguridad estaba garantizada.

“La primera prioridad de Henry, prácticamente la única, pasa por reconstruir en Haití algo parecido a una autoridad estatal”

La verdad, no me atrevería a descartar que, en parte, la gira internacional haya buscado poner a salvo al hombre que debe dar continuidad al gobierno de Haití. Sin embargo, tampoco es que en Haití no queden diputados y ministros. Además, la gira de Henry ha terminado con un éxito notable: Kenia se ha comprometido a enviar policías al país caribeño para ayudar a desarticular a los grupos armados.

La historia de Haití se compone sobre tragedias. La antigua colonia francesa logró su independencia en una revuelta de sus muchos esclavos negros que arrancó en 1791, aunque no sería hasta 1804 que Francia reconocería la independencia. Por cierto, la pérdida de esta colonia fue una de las principales razones, sino la capital, para que Napoleón legalizara de nuevo la esclavitud, abolida en los primeros años de la Revolución de 1789.

“Kenia se ha comprometido a enviar policías al país caribeño”

Haití se convirtió en el primer país independiente la Centroamérica contemporánea y el primer Estado moderno regido por negros. Algo que le llevó a sufrir el bloqueo comercial y diplomático de los imperios europeos y de Estados Unidos, donde la esclavitud aún era una práctica arraigada. Sus desafíos iniciales fueron las elevadas tasas de analfabetismo y, en general, escasa formación de gran parte de su población. A esto se le unen las rencillas y caudillismos de los libertadores.

En 1804, el Gobernador General, Jean-Jacques Dessalines, antiguo esclavo de las plantaciones de caña de azúcar, ni corto ni perezoso, se proclama emperador. ¿Ridículo? Pues a este lado del Atlántico Napoleón había hecho lo mismo.

“Haití se convirtió en el primer país independiente la Centroamérica contemporánea y el primer Estado moderno regido por negros”

El reinado de Jacques I fue breve y estuvo marcado por la inestabilidad. Con su magnicidio en 1806, se disolvió el Primer Imperio Haitiano. Entre 1806 y 1820, Haití se dividió en dos: en el sur se estableció la República de Haití. En el norte se creó el Estado de Haití, con Henri Christophe, ex cocinero según se dice, como dictador. En 1811, quizás aún bajo la influencia de Dessalines, Christophe se coronó Rey de Haití.

Las extravagancias y el despilfarro de Henry I de Haití han quedado inmortalizadas en la magistral novela breve del escritor cubano, Alejo Carpentier, El Reino de este mundo. Histriónico hasta el final, puso fin a su vida suicidándose con una bala de oro en el palacete donde toscamente trató de imitar a Versalles, antes de caer bajo la furia de los revolucionarios.

“Entre 1806 y 1820, Haití se dividió en dos: en el sur se estableció la República de Haití. En el norte se creó el Estado de Haití”

En 1820 no sólo se reunifican los dos Haitíes, sino que la República de Haití, por única vez en su historia extiende su dominio sobre toda la isla de La Española. Sin embargo, la unión con la futura República Dominicana no durará.

En 1849 el país se divide. El presidente y dictador que pilotó la disolución, Faustin Soulouque decidió darle una nueva oportunidad a la monarquía y tuvo la gentiliza de ofrecerse candidato. Nacía así otra extravagante dictadura personal, el Segundo Imperio de Haití. Este duraría una década, pero Faustino I acabaría siendo derrocado.

“Las extravagancias y el despilfarro de Henry I de Haití han quedado inmortalizadas en la magistral novela breve del escritor cubano, Alejo Carpentier, El Reino de este mundo

A partir de entonces, Haití quedó a merced de diversos gobiernos más o menos estables, más o menos corruptos. Desde la presidencia de Theodore Roosevelt (1901-1908), inauguró una política de fuerte intervencionismo en Latinoamérica, conocida como Big Stick o Gran Garrote.

Durante la Guerra Fría Haití quedó preso de la larga dictadura de los Duvalier. Proclamado Presidente vitalicio, François Duvalier llegó al poder en 1957 y lo retuvo hasta su muerte en 1971, cuando le tomó el relevo su hijo Jean Claude, también como Presidente vitalicio, hasta su deposición en 1986. No es fácil ubicar ideológicamente a los Duvalier. En un primer momento, mantuvieron una fuerte oposición a los Estados Unidos, por su apoyo a Trujillo, dictador de la vecina República Dominicana.

“Durante la Guerra Fría Haití quedó preso de la larga dictadura de los Duvalier”

Así se acercaron relativamente al bloque soviético, pero sobre todo al grupo de los países llamados no alineados. Con el tiempo rehicieron puentes con Washington. Después de todo, cuando tu principal objetivo es el enriquecimiento personal, pocos ascos se hacen a cambiar de alianzas. Tras su caída, la inestabilidad política y las crisis financieras han azotado hasta la fecha un país sin que se vislumbre un final.