La conmoción y la extrañeza han seguido a la propuesta de Trump para Gaza. Después de asegurar, en rueda de prensa, que Gaza es inhabitable para la próxima década, recomendó que los palestinos abandonaran la franja. Una vez vaciada de población, EE.UU. asumirá el control de Gaza, edificando un gran complejo de lujo para “todo el mundo”. A su lado, Netanyahu (de nuevo líder del gobierno israelí, desde 2022) sonreía alabándole, como el mejor amigo que Israel ha tenido en la Casa Blanca.

Esta Riviera de Oriente Medio, en palabras de Trump, presenta ciertas lagunas de planificación. Para empezar, ¿adónde enviamos a casi dos millones de personas? Cuando los periodistas se lo preguntaron, el Presidente estadounidense apuntó a Egipto y Jordania. Dos días más tarde, el ministro de defensa israelí invitó con mordacidad a España, Irlanda y Noruega, países que reconocieron al Estado Palestino el año pasado, a acoger a los gazatíes para no quedar como hipócritas.

“La conmoción y la extrañeza han seguido a la propuesta de Trump para Gaza”

Provocaciones bravuconas a un lado, la Liga Árabe y el Consejo del Golfo –Arabia Saudí, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Omán– ha respaldado sin fisuras la negativa jordana y egipcia a acoger a tan inasumible número de refugiados. Mucho más tibio se ha mostrado su apoyo directo a los palestinos.

El gobierno israelí ya ha puesto encima de la mesa una propuesta que, a diferencia de la Riviera de Oriente Medio, parece peligrosamente planificada. Propone realojar a los palestinos de Gaza en Puntlandia, Somalilandia y Marruecos. Este último destino parece añadido a la lista para camuflar la naturaleza del plan.

“¿adónde enviamos a casi dos millones de personas?”

Somalilandia y Puntlandia son dos Estados no reconocidos por la comunidad internacional. Se corresponden a las dos regiones septentrionales de Somalia, en el Cuerno de África.

Desde que Somalia se convirtió en un Estado fallido (1991), la mayor parte del país, quedó en manos de distintos señores de la guerra. Aún hoy, su frágil gobierno oficial apenas es capaz de regir Mogadiscio, al amparo de los cascos azules de la ONU.

“Propone [Israel] realojar a los palestinos de Gaza en Puntlandia, Somalilandia y Marruecos”

En medio del caos, las regiones de Somalilandia y Puntlandia proclamaron su independencia unilateralmente. Para sorpresa del mundo, sin apenas apoyos, han conseguido consolidar una autoridad gubernamental propia. Ambas gozan de parlamento y gobiernos electos, además de unas fuerzas armadas y de seguridad civil que, aunque rudimentarias, garantizan a sus gobernantes un control mucho más efectivo sobre sus territorios que el que ostenta el gobierno oficial de Mogadiscio sobre cualquier metro cuadrado somalí. Somalilandia incluso acuña su propia moneda, dispone de documentos de identidad, ha logrado progresos económicos que no por humildes resultan desdeñables y mantiene conversaciones diplomáticas informales con varios países y la UE.

Como se ve, la paradoja es que estos dos Estados no reconocidos funcionan en la práctica como Estados mucho más auténticos, que la Somalia que sí reconoce la comunidad internacional. Esta falta de reconocimiento limita a ambas entidades políticas para participar en organizaciones internacionales, recibir inversiones de otros países, o beneficiarse de sus políticas de cooperación y desarrollo.

“la paradoja es que estos dos Estados no reconocidos funcionan en la práctica como Estados mucho más auténticos, que la Somalia”

Entre sus líderes y sus poblaciones, habita la convicción de que, en el momento en que un país importante, léase Israel, les abra una embajada, vendrá un reconocimiento en cascada por otros. De modo que estarían dispuestos a todo para obtener ese reconocimiento pionero, incluido a albergar a cientos de miles de desplazados en campos o instalaciones similares.

¿Acaso es legal deportar masivamente a la población de un territorio? Rotundamente, no. De entrada, constituye un crimen internacional de lesa humanidad. Claro que ni Estados Unidos ni Israel reconocen a la Corte Penal Internacional.

“¿Acaso es legal deportar masivamente a la población de un territorio? Rotundamente, no.”

La cosa está tan mal que las mejores esperanzas de los gazatíes y, en general, de los palestinos se encuentran en el Tribunal Supremo de Israel. Este ya condenó la erección del muro en Cisjordania y Jerusalén Este, así como la política de asentamientos. Hay que decir que el gobierno israelí siempre ha dado con argucias jurídicas para desoír sus sentencias o cumplirlas a medias y en diferido.

El frente diplomático no pinta mejor para los palestinos. Netanyahu lleva décadas cociendo a fuego muy lento la estrategia de vaciar Gaza y Cisjordania. Tanto en su primera etapa en el gobierno (1996-1999), como en los primeros años de la segunda (2009-2021), el premier israelí ha aseguró no oponerse “si se daban ciertas condiciones” a la solución de los dos Estados. Llegó a desautorizar públicamente a algunos de sus ministros y colegas de partido cuando dijeron que el líder del Likud se oponía a un Estado Palestino.

“La cosa está tan mal que las mejores esperanzas de los gazatíes y, en general, de los palestinos se encuentran en el Tribunal Supremo de Israel”

Sin embargo, Netanyahu nunca concretó cuáles eran esas condiciones, más allá de que fuera un Estado desmilitarizado. Lo que sí hizo fue ir tejiendo un cerco diplomático que aislara a los palestinos.

Durante el enfriamiento de las relaciones Tel Aviv-Washington, bajo la presidencia de Obama, Netanyahu empezó a acercarse a China, Turquía, Rusia y Arabia Saudí. Con Pekín, estas relaciones se fundamentan sobre todo en intereses comerciales. En cambio, en los otros casos, Israel se ha mostrado capaz de aprovechar el divide y vencerás, diciendo una cosa y la contraria.

“Netanyahu empezó a acercarse a China, Turquía, Rusia y Arabia Saudí”

Arabia Saudí –que aún no reconoce a Israel como país– comparte con los hebreos un enemigo común: Irán y su satélite libanés, el grupo terrorista, Hezbollá. Si bien, la tradicional hermandad entre los árabes y su fundamentalismo religioso han hecho de Arabia Saudí un hueso duro de roer, este enemigo común y que, en los últimos años, Hamás, grupo terrorista que gobierna Gaza, se haya acercado a Hezbollá y a Irán, ha convencido al Príncipe Heredero y gobernante saudí en la sombra, Bin Salman, de que los palestinos no merecen seguir posponiendo una alianza estratégica con Israel.

A Rusia, en cambio, Israel la ha convencido de que se desentienda de los palestinos prometiéndole mano blanda con Irán. Tel Aviv no atacará masivamente al aliado de Moscú, si la República Islámica chií le paga con la misma moneda. A cambio, Israel deja de denunciar la venta de armas rusas a Teherán. Para sellar su nueva amistad, durante la guerra civil Siria, Netanyahu se comprometió a avisar a Putin con una hora de antelación, antes de bombardear territorio sirio, de modo que se asegurara de que no hubiese bajas rusas –los sirios, sus aliados incluidos, importaban menos al Kremlin.

“A Rusia, en cambio, Israel la ha convencido de que se desentienda de los palestinos prometiéndole mano blanda con Irán”

Con Ankara la normalización de relaciones resulta aún más surrealista. Después de que la Primavera Árabe revolucionara el escenario político de Oriente Medio y El Magreb, Erdogan intentó expandir su islam democrático por Túnez, Egipto y Libia, apoyando partidos políticos similares al suyo. El fracaso de esta estrategia le convenció de que Turquía nunca recobraría su influencia histórica en el mundo árabe.

Turquía volvió entonces la espalda a los árabes –desentendiéndose por el camino de la suerte de los palestinos– para centrarse en estrechar su alianza con Azerbaiyán y los Estados túrquicos de Asia Central. Esta política exterior que confrontaba directamente con Rusia encontró el sorprendente apoyo de… Israel.

“Con Ankara la normalización de relaciones resulta aún más surrealista”

Para rematar la jugada, con el apoyo de Trump y de las élites árabes, Netanyahu normalizó relaciones con Emiratos Árabes Unidos, mediante los Acuerdos de Abraham en 2020. Era el tercer país árabe, detrás de Jordania y Egipto en reconocer a Israel. Poco después, se sumarían Bahréin, Sudán y Marruecos –el último, a cambio, de que EE.UU. le reconociera su soberanía sobre la antigua colonia española del Sahara Occidental. Qatar no dio el paso, aunque durante el Mundial de Futbol (2022) aceptó, por primera vez, la visita de turistas con pasaporte israelí.

El inminente reconocimiento de Arabia Saudí convenció a Hamás de perpetrar el monstruoso ataque terrorista que costó la vida a 3000 personas, en suelo israelí los días 7 y 9 de octubre de 2023. Como esperaban los líderes del grupo terrorista, la brutalidad de la respuesta de israelí congeló una vez más el proyecto de Bin Salman.

“El inminente reconocimiento de Arabia Saudí convenció a Hamás de perpetrar el monstruoso ataque terrorista que costó la vida a 3000 personas”

En cuanto a Egipto, Jordania y Líbano, están hartos de los palestinos. Los ven como un problema del que les ha traído inestabilidad interna. La presencia palestina en Líbano alteró el equilibrio demográfico entre cristianos y musulmanes lo que, a la postre, llevó a la guerra civil libanesa (1975-1990).

En Jordania, el alud de refugiados palestinos ha llevado a un sinfín de tensiones con las autoridades de la monarquía hachemí. Después de la guerra de los seis días (1967), apoyada por Siria, la Organización de Liberación Palestina (OLP) organizó una estructura paramilitar cuyas tensiones con el gobierno de Ammán eclosionaron en el Septiembre Negro de 1970.

“En cuanto a Egipto, Jordania y Líbano, están hartos de los palestinos”

Durante dos semanas, el rey Hussein proclamó la ley marcial, nombró un gobierno de militares y sus fuerzas armadas atacaron preventivamente a los palestinos. La ayuda siria llegó tarde. Para entonces había más de 3.000 palestinos muertos y los líderes de la OLP fueron obligados a abandonar Jordania.

En 1988, que el rey Hussein que siempre había reivindicado la soberanía jordana de Cisjordania –lo que, por cierto, había vedado durante décadas a los palestinos el reclamar abiertamente un Estado Palestino, limitándose a pedir la liberación de su tierra– anunció unilateralmente que renunciaba a toda demanda sobre esta región. Esto permitió al entonces líder palestino Arafat reivindicar abiertamente un Estado propio. Eso sí, las ayudas jordanas en Cisjordania se esfumaron.

“Noam Chomsky no pudo expresarlo mejor: el principal problema de los palestinos es que no tienen riquezas”

No estaría de más que Jordania, Líbano, Siria y, en menor medida, Egipto hicieran un cierto examen de conciencia. Durante décadas han mantenido a los palestinos acinados en campos de refugiados, sin permitirles integrarse con la población local y ya no digamos adquirir su nacionalidad. Su sufrimiento se ha mantenido en el tiempo, como arma propagandística contra Israel, con la promesa cada vez más retórica de que los ayudarían a volver a su tierra. Ahora sus gobiernos prefieren llevarse bien con ese vecino rico y próspero que es el Estado hebreo, así que no saben qué hacer con ellos…

El filósofo y lingüista Noam Chomsky no pudo expresarlo mejor: “el principal problema de los palestinos es que no tienen riquezas”. Por eso el mundo los ignora. Desconozco si vemos Gaza convertida en un parque turístico de lujo. Si soy sincero, lo dudo un poco. Pero me temo que asistiremos a una limpieza étnica más pronto que tarde.