Mucha gente se sorprende cuando descubre que en las dictaduras no sólo hay elecciones. ¡Es que muchas elecciones dictatoriales son multipartidistas! Sin ir más lejos, el pasado 25 de febrero, en Bielorrusia, se celebraron elecciones parlamentarias. Y hasta cuatro partidos se han hecho con alguno de los 110 escaños de la Asamblea de Representantes.

“¡Es que muchas elecciones dictatoriales son multipartidistas!”

Veamos los resultados:

  • Belaya Rus: 51 escaños.
  • Partido Republicado de Trabajo y Justicia: 8 escaños.
  • Partido Comunista de Bielorrusia: 7 escaños.
  • Partido Liberal Democrático de Bielorrusia: 4 escaños.
  • Independientes 40 escaños.

Si lo comparamos con las últimas elecciones legislativas, las de 2019, se aprecian los siguientes cambios:

  • El Partido Agrario de Bielorrusia y el Partido Patriótico de Bielorrusia, que disponían respectivamente de 1 y 2 diputados han desaparecido.
  • El Partido Liberal Demócrata ha ganado 3 escaños.
  • El Partido Comunista ha perdido 4 escaños.
  • El Partido Republicado de Trabajo y Justicia gana 3 escaños.
  • La fuerte irrupción de Belaya Rus, fundada recientemente.
  • Y el descenso de 49 diputados independientes.

Tengamos en cuenta que el Parlamento Bielorruso se compone de dos cámaras. Junto a la Asamblea de Representantes, existe el Consejo de la República, una especie de senado. Los diputados de la primera cámara, surgida de estas elecciones, se eligen individualmente en distritos unipersonales. En parte, este sistema electoral explicaría el elevado número de independientes, al votarse a personas y no a listas. También es una herencia de la URSS, donde podían presentarse candidatos independientes, si bien en la práctica eran comunistas en todo, excepto en el nombre.

“el pasado 25 de febrero, en Bielorrusia, se celebraron elecciones parlamentarias”

El Consejo de la República se elige indirectamente, a través de las entidades municipales de cada oblast o región, además de los electos por la capital, Minsk. Ambas cámaras deben aprobar una ley para que entre en vigor, aunque en la práctica, siguen pacíficamente los dictados del gobierno.

Basta con echar un vistazo a las características de cada partido:

  • Belaya Rus: es un partido surgido por iniciativa del Presidente Lukashenko, quien hasta ahora carecía de un gran partido oficial. Apoya su gobierno autoritario, su alianza con Rusia y se define también como “agrario”, o sea, defensor del mundo rural. De hecho, ha absorbido al antiguo Partido Agrario y su programa.
  • Pese a su denominación, el Partido Liberal Demócrata representa la máxima expresión de la ultraderecha en Bielorrusia. Apoya a filas cerradas a Lukashenko, incluso le anima a no tener tan buen corazón con los “enemigos internos”. Defiende una federación oficial con Rusia, incluso abre la puerta a integrar su país con cierta autonomía en el gigante vecino. El racismo, el antisemitismo y la xenofobia se encuentran también entre sus rasgos distintivos.
  • El Partido Republicano de Trabajo dice defender “una democracia socialista”. Hasta que nos concreten qué significa eso, de momento, apoyan sin fisuras al Presidente Lukashenko y en política exterior, defendiendo estrechar su alianza con el Kremlin ruso.
  • En cuanto al Partido Comunista, oficialmente, desea retornar a los buenos tiempos de la URSS, o sea integrarse de nuevo en Rusia y recuperar el modelo de Partido único. Mientras el pasado vuelve, se conforman con mostrar una incondicional lealtad a Lukashenko y ven positiva cualquier alianza con Moscú.

No hace falta que explique de qué pie cojean los diputados independientes ¿verdad?

“Los adictos al gobierno bielorruso culpan a la oposición de los resultados por boicotear los comicios”

Los adictos al gobierno bielorruso culpan a la oposición de los resultados. Es decir, la falta de garantías internas y de observadores internacionales llevó a las candidaturas oposición a boicotear los comicios. Aunque claro teniendo la verdadera oposición lleva décadas del parlamento bielorruso y, en general, de todas sus instituciones, tampoco podrá decir nadie que la oposición actuaba desde el capricho.