Este fin de semana se han celebrado dos elecciones en Europa. Los comicios italianos de ayer han acaparado casi toda la atención. Apenas los checos sabían que entre el viernes y el sábado elegirían a un tercio de su senado. Aún menos atención, han despertado las elecciones parlamentarias en las repúblicas insulares de Nauru y São Tome y Príncipe. Como sabéis, aprovecho estas ocasiones para esbozar la arquitectura constitucional de otros países, así que vamos allá.

Desde una vertiente política, las elecciones italianas podrían ser históricas si sus resultados llevan a Meloni al Palacio Chigi, sede del Primer Ministro italiano. No sólo se trata de que por primera vez una mujer gobernaría Italia, sino que encabezaría el gobierno la líder de un partido, Fratelli d’Italia, que no oculta sus simpatías por Mussolini. Su base histórica y su simbología, la antorcha, sin duda, son fascistas, aunque, desde su boom demoscópico, ha flexibilizado algunos puntos de su programa y moderado el tono. Hasta han echado a un candidato que simpatizaba con Hitler.

Los tres líderes de la derecha italiana. De izquierda a Derecha: Giorgia Meloni (Fratelli d’Italia), Berlusconi (Forza Italia) y Salvini (Lega).

A grandes rasgos, su programa es ultraconservador: antiaborto, anti-LGTBI, antifeminista, anti-UE, pero sobre todo xenófobo e islamófobo. Su propuesta más radical: sacar a Italia del euro. Les deseo suerte con lo último, ya que no existe un procedimiento para abandonar el euro, una vez lo adoptas como moneda, sin salir simultáneamente de la UE.

Estas elecciones italianas, sin embargo, son también importantes desde una perspectiva jurídica. Se estrena ley electoral, cuya consecuencia más importante es la reducción del número de legisladores. La cámara de representantes pasa de 630 diputados a 400 y el senado pierde 115 senadores, con lo que sus escaños se reducen a 200.

«[En Italia] la cámara de representantes pasa de 630 diputados a 400 y el senado pierde 115 senadores»

Aunque se eligen simultáneamente, el senado se vota por regiones. La cámara de representantes se elige mediante un sistema mixto, similar al Bundestag alemán, que combina circunscripciones unipersonales, donde sólo un diputado puede ser elegido y circunscripciones con lista electoral como las españolas.

Senado de Italia.

La constitución italiana otorga a ambas cámaras los mismos poderes. La aprobación de una ley exige del voto favorable de la cámara de representantes y el senado. No es este un rasgo exclusivo de Italia. Ocurre en países de bicameralismo perfecto, como Argentina, Estados Unidos, Brasil, Austria o Alemania y en gran medida Rumanía. En estos países, sin una mayoría en ambas cámaras, la agenda política del gobierno queda bloqueada.

La auténtica peculiaridad italiana radica en que en allí el gobierno nombrado por el Presidente de la República ha de superar un debate de investidura en la cámara de representantes y otro en el senado para empezar a gobernar. En España y en el resto de países parlamentarios, la investidura del gabinete se circunscribe a la cámara baja. Más aún, el senado italiano también puede derribar al gobierno mediante una moción de censura.

Cámara de Diputados de Italia.

La debilidad de los gobiernos italianos se ve agravada por dos factores más. El primero de ellos es la abigarrada fragmentación del espectro político en una ingente diversidad de partidos. El segundo es un factor institucional. El gobierno italiano mantiene un modelo de Primer Ministro de primus inter pares (primero entre iguales) en lugar de lidership cabinet (liderazgo de gabinete), como hemos adoptado la mayoría de los gobiernos parlamentarios, después de la Segunda Guerra Mundial. Entre otras cosas, esto significa que el Primer Ministro italiano no puede cesar y nombrar sin más a sus ministros. Debe apelar al Presidente de la República para que abra una crisis de gobierno. Esto significa que en caso de un ministro se revele, el jefe de Gobierno sólo tendría un medio para destituirlo inmediatamente: presentar su propia dimisión, lo que cesa a todo el gabinete. Y aún así, ese ministro seguiría en su puesto como interino.

«El gobierno italiano mantiene un modelo de Primer Ministro de primus inter pares«

En la República Checa, la renovación del senado se hace por tercios, cada dos años, coincidiendo con otras elecciones: presidenciales, asamblea de diputados, o, en este caso las municipales. Los senadores son escogidos por distritos de manera directa por circunscripciones unipersonales. Si ningún candidato alcanza más de la mitad de la mitad de los votos, los dos candidatos más votados irán a una segunda ronda. A diferencia de los diputados, los senadores checos no necesitan ir dentro de la candidatura de un partido político, de modo que se pueden presentar como independientes.

Comparado con el italiano, el senado checo tiene muchos menos poderes frente a la cámara de diputados. Puede proponer leyes y vetar leyes aprobadas por la cámara de diputados. Como ocurre en España, los diputados pueden levantar ese veto por mayoría absoluta, ergo esa cámara tiene la última palabra. Sin embargo, hay excepciones.

«En la República Checa, la renovación del senado se hace por tercios, cada dos años»

En Chequia, el veto senatorial es inapelable en leyes electorales, tratados internacionales o reformas constitucionales. Además, el senado guarda un as en la manga: ha de aprobar a los magistrados del Tribunal Constitucional, propuestos por el Presidente de la República. Esta baza permite al senado tanto descartar candidatos demasiado politizados, como equilibrar su posición con la cámara de diputados a la hora de negociar una agenda política.

Senado de la República Checa, escaños: 81.

Vamos ahora al Golfo de Guinea. São Tome y Príncipe es un pequeño Estado conformado principalmente por dos islas, São Tome y la pequeña Príncipe, que junto a un par de islotes no alcanzan los 1000 km2 y cuyo censo es de 210.000 habitantes. Como el resto de las colonias portuguesas en África, vio la independencia en 1975, pocos meses después de la Revolución de los Claveles. Desde entonces ha superado diversos problemas de estabilidad interna hasta consolidar un sistema democrático estable, aunque con las carencias sociales propias de un país pobre.

«São Tome y Príncipe es un pequeño Estado conformado principalmente por dos islas, que no alcanzan los 1000 km2 y cuyo censo es de 210.000 habitantes»

Su sistema político es oficialmente semi-presidencialista. El Presidente es elegido directamente, lo que en principio le pondría a la par del modelo francés, donde el Presidente nombra y dirige el gobierno. Sin embargo, como Irlanda, Austria, Islandia, Polonia, Chequia o Portugal, la práctica constitucional acerca al país más al parlamentarismo de lo que se desprende de la, por otro lado, ambigua, letra de su constitución. De hecho, en la actualidad, el Primer Ministro pertenece al Movimiento por Liberación Nacional, el partido histórico de la independencia de São Tome y Príncipe, mientras el Presidente fue candidato de Acción Democrática Independiente, fundado en los años noventa.

Asamblea Nacional de São Tome y Príncipe.

Si el escrutinio confirma las últimas encuestas y sondeos a pie de urna, cambiarán las mayorías en la Asamblea Nacional de 55 diputados. Así el próximo Primer Ministro pertenecerá previsiblemente al partido del Presidente.

Y por último vamos a echar un vistazo a la República de Nauru, un microestado situado en mitad del Pacífico, literalmente sobre la línea del Ecuador. Con 21 km2, es el tercer país más pequeño del mundo, sólo por detrás de El Vaticano y Mónaco. Su población no alcanza los 12.000 habitantes.

Como muchos microestados, Nauru ha intentado sacar rédito de convertirse en un paraíso fiscal. No hay impuestos personales como el IRPF, ni tampoco gravámenes para las empresas. Apenas unas pocas tasas a pagar por los residentes, a fin de mantener los servicios y su escuálido gobierno. Sin embargo, su pasado corrupto no le ha ayudado a ganar inversores, con lo que su política de 0 impuestos se le ha vuelto en contra.

Nauru, a vista de pájaro.

Algo parecido ocurre con su otra gran fuente de riqueza: los fosfatos. Pese a que serían muy rentables, la corrupción y la sobreexplotación han impedido exprimir a partir de ellos un nivel de vida elevado para los habitantes de la isla. De hecho, cuando en 2007 Australia cerró el campo de detención de inmigrantes que mantenía en Nauru, su gobierno se inquieto por el impacto que tendría para sus ingresos y el empleo, en un país cuyo paro viene oscilando entre el 15% y el 30% y más del 90% de su empleo es público.

«La República de Nauru [..] con 21 km2, es el tercer país más pequeño del mundo»

Su sistema político-gubernamental es sumamente minoritario. Se trata del parlamentarismo con presidencia ejecutiva, también llamado a veces, presidencialismo limitado. Como en el presidencialismo, el Jefe de Estado y de gobierno son, en este sistema, la misma persona. Sin embargo, el Presidente no es elegido por el pueblo, sino por el parlamento entre los propios diputados. En cualquier momento, se le puede destituir por razones políticas, o sea, mediante una moción de censura, sin necesidad de acusarle formalmente de un delito, como ocurre en un impeachment.

Muchos de los países que emplean este sistema de gobierno suelen emplear algún mecanismo para reforzar al gobierno. En Sudáfrica, por ejemplo, una vez elegido el Presidente, el parlamento podría cesarle por una moción de censura, pero entonces el nuevo Presidente, automáticamente, sería el Vicepresidente. Medidas como estas buscan prevenir un uso irresponsable de la destitución del Presidente.

Parlamento de Nauru.

Sin embargo, Nauru carece de estos frenos. Tampoco tiene una gran tradición de partidos políticos. Estos son perfectamente legales, desde antes de la independencia en 1968. Sin embargo, con una población tan pequeña lo habitual es que muchos diputados se presenten como independientes. Para hacernos una idea, en el parlamento disuelto, de sus 19 miembros, 15 era independientes.

Combinados, todos estos factores se han traducido a menudo en largos periodos de inestabilidad política, durante los cuales la presidencia del país ha ido saltando de un diputado a otro. Esperemos que el parlamento saliente de las elecciones de ayer tenga mejor cabeza, porque si no, tocará esperar otros tres años.