Nueva victoria de la extrema derecha, esta vez, en Austria. Atestiguamos la repetición del escenario arrojado por las últimas elecciones regionales alemanas. El FPÖ, ultraderecha austríaca, se ha hecho con la primera posición en el parlamento, pero no podrá formar gobierno. No obstante, como Alemania, su éxito quizás no radique en los escaños, sino en el logro de que, al menos en parte, su programa electoral se vaya volviendo transversal.

Con seguridad, si dijéramos que la mala gestión de la migración es un hecho indiscutible en las últimas décadas europeas, alguien nos lo discutiría. No obstante, si hiciéramos una encuesta, probablemente, la aplastante mayoría coincidiríamos en que, en las últimas décadas, la migración ha traído a Europa problemáticas, ignoradas por políticos e intelectuales que suelen vivir en barrios cuya población es autóctona cuasi en su integridad.

“Nueva victoria de la extrema derecha, esta vez en Austria.”

No ahondaré en la cuestión. Daría para mucho. Las propuestas populistas, características de los movimientos ultras, rara vez –si es que alguna– resuelven algo. Si el abordaje de la cuestión migratoria se lleva a cabo en esa clave, poco se puede esperar. Nada importa si lo hacen los nuevos partidos o los clásicos.

¿Qué ocurrirá en Austria? Todo apunta a una gran coalición opositora. El pacto entre el centro-derecha del ÖVP y los socialistas del SPÖ dejará fuera al FPÖ del gabinete. Más importante aún, el centroderecha ha cerrado la puerta a una coalición con los ultras. Al austriaco medio esta postura del ÖVP le parecerá un tanto mezquina. Después de todo, han gobernado varias veces con el FPÖ, pero siempre liderando la coalición. Ahora que los papeles se invierten no quieren.

“¿Qué ocurrirá en Austria? Todo apunta a una gran coalición opositora.”

El Parlamento austríaco se divide en el Nationalrat (Consejo Nacional) cuya composición votan los austríacos en las elecciones y el Consejo Federal o Bundesrat. Pese a compartir el nombre, guarda un parecido escaso con su homónimo alemán.

En el país vecino, la cámara alta no se elige, sino que se reúnen en ella los distintos gobiernos federales con un voto ponderado, proporcional a su población. Para entendernos, el voto del gobierno de Berlín vale mucho más que el Turingia. No es exagerado decir que, junto al senado italiano, el Bundesrat alemán es la cámara alta más poderosa de Europa. A falta de acuerdo entre el Bundesrat y el Bundestag, la ley no se aprueba.

“El Parlamento austríaco se divide en el Nationalrat (Consejo Nacional) […] y el Consejo Federal o Bundesrat.”

En Austria en el Bundesrat recuerda vagamente a nuestras diputaciones provinciales y a nuestro senado. Sus diputados surgen de las elecciones regionales. Cada estado o Land de la Federación Austríaca dispone de más o menos sillones en el Bundesrat, de acuerdo con su población. En proporción a la composición de cada Landtag o parlamento territorial, los partidos reciben más o menos escaños en el senado austríaco. Mutatis mutandis, las municipales españolas determinan igual la composición de las diputaciones provinciales.

Su poder es más bien reducido. Salvo en lo que se refiere a leyes, reformas constitucionales o tratados internacionales que incidan directamente en las competencias de los Estados federados o a la reforma del propio Bundesrat, su aquiescencia no es imperativa. El voto en contra de esta cámara, a lo sumo, opera como un veto suspensivo que fácilmente levará el Nationalrat. Vaya, como nuestro senado.

“El voto en contra del Bundesrat, a lo sumo, opera como un veto suspensivo que fácilmente levará el Nationalrat.”

Nos queda por hablar del Presidente. El sistema político de este país pertenece al enigmático presidencialismo durmiente. Si leemos su constitución, enseguida advertimos que tan plausible es la interpretación de que el Presidente dirija al gobierno, como que lo haga el canciller, denominación que en Austria y Alemania se emplea para el Primer Ministros.

En realidad, esto no es tan peculiar. Muchas repúblicas parlamentarias, por no decir todas, distan en clarificar que el rol del Jefe del Estado se reduce a lo ceremonial, en su carta magna. Las intenciones no escritas y la práctica institucional han clarificado estos extremos. Aun así, no han faltado conflictos o amagos de conflictos.

“El sistema político de este país pertenece al enigmático presidencialismo durmiente.”

Sin alejarnos mucho de Austria, en 1959, los alemanes asistieron a la tercera elección presidencial desde la restauración de la democracia. El Presidente Heuss, que había desempeñado el cargo inmaculadamente durante una década, había consolidado una jefatura de Estado discreta, simbólica, dejando el poder en la cancillería. No deja de ser paradójico que, como ocurre en tantas repúblicas parlamentarias, la constitución alemana limita a dos mandatos el ejercicio de la presidencia, un cargo ceremonial, pero no impone restricción alguna a la reelección del canciller, detentador del poder efectivo.

Gran parte de la CDU alemana y sus aliados liberales del FDP, anhelaban la sustitución de Adenauer. A pesar de sus grandes éxitos electorales, su estilo de gobierno, democrático sin duda, pero autocráticamente cesarista, y más aún, su avanzada edad, casi octogenario, cargaban argumentos en su contra a sus correligionarios críticos. Así, le propusieron que dimitiera como canciller, para elevarlo a la presidencia.

“como en tantas repúblicas parlamentarias, la constitución alemana limita a dos mandatos el ejercicio de la presidencia, un cargo ceremonial”

Ladino como él solo, Adenauer aceptó, al principio, aquel retiro dorado que le ofrecían. Las alarmas se dispararon cuando un periodista le preguntó si, como Presidente, aceptaría la interpretación constitucional que reduce el rol gubernamental del Presidente o defendería una interpretación constitucional de una presidencia ejecutiva.

-Naturalmente, defenderé que la presidencia ostente los poderes más amplios posibles.

No exenta de ambigüedad, la respuesta se Adenauer resultaba sorprendente. Una enmienda a la totalidad, a su forma de ejercer el poder como canciller, durante diez años. Pero dejaba claro a sus rivales, quienes, al final, aceptaron su continuidad como canciller, que Adenauer podía ser muchas cosas, pero nunca un elemento decorativo.

“hay razones de peso por las que no todas las constituciones republicanas que admiten esta lectura presidencialista se consideren presidencialismos durmientes”

Ahora bien, hay razones de peso por las que no todas las constituciones republicanas que admiten esta lectura presidencialista se consideren presidencialismos durmientes, mientras que, en cambio, Irlanda, Finlandia, Portugal, Islandia o Austria sí integren esta categoría. Entre otros motivos, en estos países, el Presidente es votado directamente por la población.

La mayoría de repúblicas parlamentarias optan por una elección indirecta del Jefe del Estado, bien mediante una asamblea especial –Alemania o Italia– o exigiendo unas mayorías parlamentarias especiales –Grecia o Israel. Tal procedimiento resulta coherente, si atendemos a que el Presidente de la República no desarrollará un programa político, sino que ejercerá funciones ceremoniales, de arbitraje y puntualmente de control. ¿Vale la pena la movilización social y financiera de una elección directa, con incluso dos vueltas? Pues los presidencialismos durmientes responden que sí.

“La mayoría de repúblicas parlamentarias optan por una elección indirecta del Jefe del Estado”

Claro que, con frecuencia, esto degenera en una baja participación de tales comicios, bajísima, como bien saben nuestros vecinos lusos.

En estos países, el Presidente goza sobre el papel de amplios papeles que no utiliza. De ahí lo de “durmiente”. En Austria, este fenómeno adquiere una dimensión mayor que en el resto. Nos referimos al sistema de doble confianza.

El gobierno austríaco necesita mantener buenas relaciones con el Nationalrat y con el Presidente, a partes iguales, ya que ambos pueden destituirlo. Los sucesivos Jefes de Estado austríacos han ejercido esta prerrogativa constitucional con tanta discreción como las demás. Vamos, nunca han echado mano de ella.

“El gobierno austríaco necesita mantener buenas relaciones con el Nationalrat y con el Presidente, a partes iguales, ya que ambos pueden destituirlo”

Lo más cerca fue tras las elecciones de 2000. El centroderecha de Schüssel decidió formar coalición con el FPÖ. Era la segunda vez que el partido entraba en el gabinete ministerial. Irónicamente, la primera vez que el FPÖ gobernó en Austria fue de la mano de los socialdemócratas entre 1983 y 1990, con los cancilleres Sinowatz (1983-1986) y Vranitzky (1986-1997).

Para ser totalmente justos, sí, el FPÖ surgió como partido de los antiguos nazis y ultranacionalistas aledaños. Pero durante su coalición con los socialdemócratas se hizo bajo el liderazgo Steger en el partido. Director de una corriente moderada, aspiraba reformar el partido para convertirlo en una fuerza liberal. A la postre, el ala extremista le desalojó y terminó por recuperar el control de la formación.

“la primera vez que el FPÖ gobernó en Austria fue de la mano de los socialdemócratas”

A principios del tercer milenio, la situación era muy diferente. Austria acaba de superar el trauma de la presidencia de Waldheim. Antiguo diplomático, ex Secretario General de la ONU, se le tenía por un ciudadano ejemplar. Pero durante las presidenciales –que pese a todo ganó– se descubrió que Waldheim había excedido con mucho el rol de mero soldado alemán en la Segunda Guerra Mundial. Había sido un nazi convencido y entusiasta, condecorado por el dictador colaboracionista croata, Pavelić, genocida sanguinario.

Por cierto, ¿os gustan Los Vengadores de Marvel? Pues ya sabéis quién inspiró al líder de la Naciones Unidas que, en realidad, es un infiltrado de la organización nazi, Hydra, en Capitán América.

“Austria acaba de superar el trauma de la presidencia de Waldheim.”

El sucesor de Waldheim, el democratacristiano Klestil se impuso la tarea de purgar el el extremismo de la política nacional. Poca ilusión le hizo que Schüssel no quisiera repetir una gran coalición con los socialistas para pactar con el FPÖ. En un movimiento sin precedentes, el Presidente condicionó el nombramiento de Schüssel como canciller y el de sus ministros a que él y Haider, líder del FPÖ, firmaran una humillante declaración prometiendo expresamente defender la constitución y los DDHH. El propio Haider quedó vetado. Nunca entró en el gobierno, permaneciendo como Gobernador del Land de Carintia.

El actual Presidente, Van der Bellen, es el primero en el puesto que no pertenece a ninguno de los dos grandes partidos tradicionales (ÖVP y SPÖ). Militaba en el partido de los Verdes. A lo largo de su mandato ha conocido no pocas crisis de gobierno. Su perfil moderado hasta la dulcificación poco invita a esperar golpes sobre la mesa como el de Klestil. De momento, se ha limitado a decir que sólo nombrará un gobierno que cuente con una vasta mayoría parlamentaria.