El reino de Tonga lleva más de dos semanas sumido en una crisis constitucional sin que se vislumbre un desenlace claro. El monarca de este archipiélago pacífico, Tupou VI, se negó a nombrar a ministro de Exteriores a su Primer Ministro, Siaosi Sovaleni, que pretendía simultanear ambas carteras. En el mismo comunicado, la Casa Real anunció que el rey retiraba su confianza al ministro de Defensa, lo que en la práctica implicaba su destitución.

La fiscal general del país, Linda Folaumoetu’i comunicó al Gobierno y a sus conciudadanos que el monarca había obrado inconstitucionalmente. Por tanto, su retirada de confianza había de considerarse nula. Sin embargo, la cosa no está tan clara.

“El reino de Tonga lleva más de dos semanas sumido en una crisis constitucional sin que se vislumbre un desenlace claro”

Para rematar, todo este periplo ha ocurrido mientras Sovaleni se encuentra fuera del país, en Nueva Zelanda. El líder del gobierno tongano recibe allí tratamiento médico. ¡Pues menuda se le ha liado en casa para cuando vuelva! No ha trascendido qué enfermedad padece el Primer Ministro, pero dudo que semejante crisis le ayude en su recuperación.

Dentro de nuestro imaginario colectivo, existen dos clases de monarquías: la absoluta y la parlamentaria. Con cierta inexactitud, a esta última solemos llamarla monarquía constitucional.

Coronación de Tupou VI. Nótese la influencia de la coronación inglesa.

En la monarquía absoluta el monarca es una suerte de dictador coronado que disfruta de poderes omnímodos, caso de Arabia Saudita. El parlamentarismo regio se asienta sobre el principio de que el rey reina, pero no gobierna. Ergo, las decisiones políticas del Estado se confían a instituciones con legitimidad democrática.

¿A qué grupo pertenece el Reino de Tonga? Pues ni a uno ni a otro. Como ocurre en Jordania, Marruecos o Liechtenstein, el rey tongano dispone de amplios poderes gubernamentales, pero con límites constitucionales, al menos teóricamente. Tal es la herencia política inglesa, en este archipiélago.

“el rey tongano dispone de amplios poderes gubernamentales, pero con límites constitucionales, al menos teóricamente”

Nos remontamos a 1773, cuando el explorar James Cook avistó los archipiélagos de Tongatapu y Ha’apai, que bautizó como Islas de los Amigos, dada la cálida acogida que les dispensaron los nativos. En 1822, los misioneros ingleses establecieron una presencia británica permanente en la zona y apenas dos décadas más tarde apoyaron al joven guerrero, George Tupou I, en la unificación del país como Reino de Tonga.

La influencia de los misioneros, en especial de su líder, el pastor metodista, Waldemar Baker, resultó bastante positiva. El nuevo rey decidió abolir el sistema de siervos, las torturas, aprobó la libertad de prensa y en 1875 sancionó una constitución inspirada en el parlamentarismo inglés. Más aún, Tupou I nombró a Baker, su Primer Ministro.

“en 1875 Tupou I sancionó una constitución inspirada en el parlamentarismo inglés”

A partir de un tratado relativamente amigable, Tonga se convirtió en un protectorado británico en 1900. Desde entonces, Londres se ocuparía de su política exterior, defensa y grandes líneas comerciales, pero las instituciones tonganas, incluida su monarquía, mantuvieron la gobernanza doméstica de esta nación insular.

En términos igualmente amistosos, recuperó Tonga su plena independencia 70 años después. Su constitución decimonónica se mantiene en vigor. Lo que significa que, sobre el papel, el monarca conserva amplios poderes de gobierno.

“Tonga se convirtió en un protectorado británico en 1900”

No obstante, como ocurrió, por ejemplo, en Bélgica o en el propio Reino Unido, la Corona dejó de ejercer tales poderes, hasta hace dos semanas. Algunos juristas dirían que, tras tan largo tiempo, la Corona tongana había renunciado tácitamente a esas facultades. Y quizás, no tan tácitamente.

Después de todo, en 2006, Tupou V, hermano del actual monarca, anunció en su coronación que sólo ejercería sus poderes regios si el consejo de ministros y el parlamento estaban de acuerdo.

Difunto rey, Tupou V, hermano del actual monarca, famoso por democratizar su país.

No se quedó ahí, sino que instó a la Familia Real a alejarse de la política activa. Hasta el ascenso de Tupou V, resultaba muy común que los miembros de la realeza ocuparan cargos políticos. De hecho, tanto su padre, así como su hermano y futuro sucesor, el actual rey, ejercieron que nada menos que de Primer Ministro, durante sus años como príncipes.

Ahora bien, la cesión de los poderes de Tupou V se hizo mediante una declaración. No se enmendó la constitución escrita. Aquí es donde se abre un interesante debate jurídico acerca del peso de las costumbres y convenciones constitucionales.

“en 2006, Tupou V anunció que sólo ejercería sus poderes regios si el consejo de ministros y el parlamento estaban de acuerdo”

En los países de tradición anglosajona, gran parte de la arquitectura institucional del Estado descansa en tradiciones y costumbres, no recogidas por escrito. A menudo, se dice que algunos de estos países tienen una constitución oral. En realidad, sería más exacto hablar de que su régimen constitucional se compone de unos textos antiguos, como la Carta Magna inglesa de 1215, la Declaración de Derechos de 1689 o los primeros Estatutos legales de colonias, que se han visto modificados de facto por costumbres, prácticas convencionales reiteradas en el tiempo; algunas declaraciones solemnes, como la Declaración Balfour (1926), que, en la práctica, otorgó a Canadá, Australia y otros dominios británicos su independencia política; así como, ocasionalmente, leyes escritas más modernas.

La fiscal general Linda Folaumoetu’i apoya sus argumentos en que Tonga pertenece a esta tradición constitucional. En otras palabras, defiende que la constitución escrita de 1875 convive con una constitución oral basada en convenciones y costumbres que devienen irrevocables, una vez se consolidan.

“Tupou V instó a la Familia Real a alejarse de la política activa”

Según esta tesis, Tupou VI se halla vinculado por la decisión de su hermano. La renuncia de Tupou V iría más allá de un compromiso personal, sino que habría modificado para siempre el rol político de la corona.

Legalmente, sin embargo, tan contundente afirmación resulta, como mínimo, dudosa. En los países de constitución oral, como Reino Unido, Canadá o Nueva Zelanda, las normas basadas en prácticas mantenidas en el tiempo afectan a las instituciones en su conjunto, no únicamente a una y para una cuestión concreta. Por no mencionar que, incluso en estos países, la oralidad no está exenta de riesgos. Hasta que sus tribunales o una ley escrita no la clarifican, existe el riesgo de confrontar interpretaciones acerca de qué costumbre existe y a qué ámbitos afecta.

“En los países de constitución oral, las normas basadas en prácticas mantenidas en el tiempo afectan a las instituciones en su conjunto, no únicamente a una”

Pongamos un par de ejemplos, el rey de Inglaterra disfruta de un derecho de veto sobre una ley que hubiesen aprobado la Cámara de los Comunes y de los Lores. En Estados Unidos, el Presidente es escogido de manera indirecta, a través de un Colegio Electoral constituido por delegados de cada uno de los Estados.

Desde la reina Ana ningún monarca británico ha ejercido este derecho de veto. Y la última representante de la dinastía Estuardo dejó este mundo en 1714. En Estados Unidos, hace mucho más de un siglo y medio que el Colegio Electoral desempeña una labor puramente ceremonial. Respecto a las primeras décadas de la democracia americana, cuando los delegados electos sí votaban libremente a un Presidente, ahora se limitan a confirmar al candidato que más votos obtuvo en su Estado.

“incluso en estos países, la oralidad no está exenta de riesgos”

Ahora bien, sin cambios en la legislación escrita, ¿podemos afirmar que sería inconstitucional que Carlos III vetara una ley aprobada por su parlamento? ¿Sería realmente inconstitucional que el Colegio Electoral estadounidense escogiera a un candidato distinto al ganador de las presidenciales?

Honestamente, nadie puede asegurar que dispone de una respuesta absoluta a estas preguntas. Habría que esperar a que alguien rompiera la costumbre para ver cómo actuarían entonces los tribunales que tendrían la última palabra.

Tonga, país relativamente cercano a Australia, a Nueva Zelanda y a la América Samoa (EE.UU.), Hawái (EE.UU), así como la Micronesia francesa.

En la crisis de Tonga parece predecible, sin embargo, un final negociado de cariz político, antes que una sentencia judicial interpretativa de la constitución. La inmensa popularidad del rey entre la población desincentiva a los políticos para desafiarlo directamente. Aunque tampoco cabe esperar que la Corona lleve su pulso al gobierno hasta las últimas consecuencias.

Tonga disfruta del apoyo de algunos de sus más importantes vecinos como Nueva Zelanda, Australia, Francia o los propios Estados Unidos en áreas tales como defensa, infraestructuras, sanidad, conservación medioambiental, convenios educativos universitarios y un largo etcétera.

“En la crisis de Tonga parece predecible un final negociado de cariz político, antes que una sentencia judicial”

Dudosamente estos países verán con buenos ojos que Tonga retrocediera democráticamente. Bastante cuestionada está la circunstancia de que 9 escaños de su pequeño parlamento (26 diputados) pertenezcan a la nobleza, como para transigir con un monarca gobernante, sin que se retiren ciertas formas de cooperación.