Disfrutar del placer de conducir en países como Chequia, donde las distancias son abarcables y los paisajes sorprenden en cada instante, es el mejor regalo que los viajeros más curiosos se pueden hacer. El buen estado de las carreteras, la fácil comunicación entre las ciudades y los atractivos naturales son grandes alicientes para hacer las maletas y poner rumbo a la República Checa para conocerlo por libre.

Los itinerarios en coche cuando se viaja a Chequia suelen partir de Praga, una capital europea que invita al deleite cultural, y se adentran en regiones donde la vida transcurre tranquila, entre pueblos encantadores, castillos, balnearios, lagos, granjas y grandes bosques. Esta ruta que os detallamos a continuación reúne, en un recorrido circular por parte del territorio, los atractivos más destacados para un primer viaje al país. El itinerario, que se extiende por algo más de mil kilómetros, está pensado para hacerse en unos doce días, aunque todo depende de la curiosidad del viajero y del tiempo disponible.

Punto de partida: Praga

La capital checa abruma y lo hace a conciencia, ya sea a pie de plaza o desde lo alto de una torre. Despliega sus armas de seducción y siempre deja ganas de más. Quienes ya la conocen, en un par de días descubrirán sus novedades, pero si es la primera vez, es aconsejable dedicar al menos tres días para sentir sus buenas vibraciones y cumplir con las visitas principales. También se puede dedicar un día a una excursión de ida y vuelta a Karlštejn, Konopiště, Terezín o el Paraíso de Bohemia antes de iniciar esta ruta en coche por la República Checa.

Karlovy Vary, entre balnearios y castillos

Apenas a dos horas desde Praga, se encuentra la ciudad de Karlovy Vary. Majestuosa, elegante y con una arquitectura creada a la medida de la alta sociedad que frecuentaba sus balnearios. Caminar por la ribera del río Tepla es no dejar de sorprenderse ni un momento con sus columnatas, palacetes, casinos, balnearios y hoteles históricos. Sus terrazas, siempre animadas, invitan a hacer un alto en el camino antes de seguir descubriendo la naturaleza apabullante que la custodia por todos lados. Observando la panorámica desde el mirador del Salto de Ciervo, se comprende la fidelidad que personajes como Goethe, Freud, Chopin o Casanova siempre le guardaron. Además de beber las aguas que manan de las fuentes termales, es muy conveniente hacer alguna excursión a entornos cercanos como la fábrica de cristal de Moser para observar el trabajo de los artesanos y admirar piezas históricas en su pequeño museo. O visitar pueblos como Loket, a unos 14 kilómetros, cuyo castillo acogía en sus retiros veraniegos a Carlos IV y donde es un placer degustar la cerveza de la microcervecería Florian.

Desde Karlovy Vary se puede completar el triángulo balneario visitando Mariánské LázněFrantiškovy Lázně, ciudades perfectas para el descanso y el retiro físico y mental. Sin embargo, el camino sigue porque a sólo 24 kilómetros se encuentra el palacio de Bečov nad Teplou que alberga el relicario de Santo Mauro, la segunda pieza más valiosa de Chequia, sólo detrás de las Joyas de la Corona, y que guarda una curiosa historia de espionaje.

De Pilsen a Bohemia del Sur

En menos de una hora se dejan atrás las columnatas y los misterios palaciegos para entrar en el universo dorado de la cerveza. ¿Sabíais que Pilsen es la cuna de las cervezas rubias tipo pilsner? Indudablemente, en este lugar hay que visitar alguna factoría como la Pilsner Urquell pero también es necesario dejarse llevar por sus calles para conocer el Museo de Marionetas o las casas funcionalistas diseñadas por Adolf Loos. 

A unas dos horas en coche desde Pilsen, camino de České Budějovice, se puede hacer una parada en el castillo de Hluboká nad Vltavou, una joya romántica que anticipa la belleza que encontraréis en la capital de Bohemia del Sur. Sus elegantes casas burguesas, situadas alrededor de una de las plazas más grandes de Chequia, son un buen lugar para tomar conciencia de este viaje por las carreteras de este bello país centroeuropeo. Los amantes de la cerveza gozarán con una visita a la fábrica de Budweiser Budvar.

A menos de media hora se ubica la ciudad de Český Krumlov, la gran joya renacentista de Chequia y, para muchos, la población más bonita del país. También la han bautizado como la Puerta de Šumava, ya que en sus alrededores se encuentra el precioso Parque Nacional de Šumava. El porte elegante de su castillo añade un toque romántico al ya coqueto casco medieval, que además está enmarcado por el más bello meandro del río Moldava.

De la arquitectura al vino y viceversa

La ruta sigue en Telč (a unas dos horas de Český Krumlov) y Třebíč. El primero, con sus poco más de cinco mil habitantes, ostenta con orgullo su declaración de Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Además, no deja de cosechar piropos cuando los viajeros recorren su casco antiguo, que dispone de la mejor muestra de Renacimiento italiano desde el norte europeo. Y si Telč impresiona, la judería de Třebíč no lo hace menos. 

En el entorno de Mikulov hay que levantar el pie del acelerador para admirar las colinas repletas de viñedos que lo rodean, ya que preparan la retina para la belleza que espera en Valtice. Esta ciudad recibe el sobrenombre de la capital del vino, debido al mar de viñas que rodea la zona y al excelente vino que producen los viticultores locales. En su palacio barroco, además de recorrer sus jardines hay que bajar a su bodega. 

A pocos kilómetros las emociones continúan en el recinto Lednice-Valtice, una elegante zona alrededor de varios palacios donde se ubican románticas construcciones, estanques y bonitos rincones. Denominado el Jardín de Europa, este espacio fue inscrito en la lista de la Unesco por su riqueza monumental y natural.

Brno, la capital de Moravia del Sur

Sólo 45 minutos en coche separan Brno de la zona palaciega de Lednice – Valtice pero su impronta es totalmente distinta, ya que además de ser la capital de Moravia, es la segunda ciudad más grande de Chequia. Esta vibrante urbe sorprende no solo por su historia y monumentos sino también por ofrecer una intensa agenda cultural, una gran oferta de ocio y un ambiente relajado y amigable. 

Brno, además, puede ser una excelente base para descubrir la región de Moravia realizando excursiones de un día. Dos visitas a menos de una hora son Kroměříž, una ciudad que ha enamorado a la Unesco y que está repleta de palacetes históricos, columnatas y grandes jardines. Otra parada indispensable es Olomouc, probablemente la ciudad más bella de Moravia y una de las desconocidas de Europa Central. En su casco histórico, el segundo más monumental del país después de Praga, destaca la Columna de la Santísima Trinidad, inscrita en la Lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Otros lugares en su casco urbano son la Catedral de San Wenceslao y el Museo Arzobispal. Y, por supuesto, hay que empaparse del animado ambiente de esta ciudad morava.

Litomyšl y Kutná Hora, de regreso a Praga

De vuelta a la capital se puede hacer una parada en Litomyšl, un lugar que destila arte y cuyo casco antiguo y palacio renacentista se hallan protegidos por la Unesco. Además, vio nacer al compositor Bedřich Smetana, de cuyo nacimiento se cumple este año su bicentenario. 

Y para poner el broche final un buen lugar es Kutná Hora con la bonita iglesia de Santa Bárbara, la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, la antigua mina de plata y el Osario de Sedlec que guarda más de 40.000 esqueletos humanos colocados de forma artística. 

Así, entre palacios, pueblos, cultura, naturaleza y una gastronomía, habrán pasado doce días y doce noches… y más de mil kilómetros de belleza checa.