Brasil, no sé, pero su Cámara de Diputados ha enviado al Senado un proyecto de ley de amnistía que busca exonerar a Bolsonaro de su condena a 27 años de cárcel. Recordemos que el ex Presidente ha recibido esta pena por intentar un golpe de Estado que se materializó en la vandalización de las sedes de las altas instituciones del país, entre ellas, las propias cámaras parlamentarias.
A diferencia de lo ocurrido en el Capitolio de Washington D.C. unos años antes, en el asalto a la Plaza de los Tres Poderes en 2023, por suerte, no hubo muertos. No obstante, junto a numerosos daños materiales, el ataque se saldó con más de 40 policías heridos, en varios casos de importante gravedad, así como un número similar de heridos entre los asaltantes.
«la Cámara de Diputados [brasileña] ha enviado al Senado un proyecto de ley de amnistía que busca exonerar a Bolsonaro de su condena»
Más profunda es la tragedia de que una parte importante de Brasil no aceptara el resultado de las elecciones presidenciales. Desde la convicción sincera –aunque carente de pruebas– o bien, como subterfugio oportunista, muchas personas estaban dispuestas a boicotear el traspaso de poderes que dicta la democracia.
Durante el juicio afloraron datos que hicieron la situación, si cabe, más alarmante. Pese a que ninguna conspiración homicida se ha probado, los testigos corroboraron que varias personas del entorno del entonces Presidente le plantearon estudiar la posibilidad del asesinato político de Lula Da Silva.
«Incluso si Lula moría antes de tomar posesión, esto no le habría mantenido en la presidencia»
Poco me sorprender que Bolsonaro descartara la idea. Incluso si Lula moría antes de tomar posesión, esto no le habría mantenido en la presidencia. Si muere el presidente electo, juramenta, en su lugar, el vicepresidente electo. Así ocurrió con el fallecimiento de Tancredo Neves, ganador de las elecciones presidenciales de 1985. Su candidato a vicepresidente, José Sarney se convirtió entonces en Jefe de Estado.
Incluso si Lula y Geraldo Alckmin, su vicepresidente, hubiesen muerto, Bolsonaro tampoco habría podido retener la presidencia de forma automática. Bien es verdad que, entonces, de acuerdo con el art. 80 de la constitución, el Presidente de la Cámara de Diputados, que se habría convertido en Presidente interino, tendría que haber convocado nuevas elecciones inmediatamente.
«Incluso si Lula y Geraldo Alckmin, su vicepresidente, hubiesen muerto, Bolsonaro tampoco habría podido retener la presidencia de forma automática»
¿Sin Lula, habrían aumentado las posibilidades de victoria bolsonarista? Algunos expertos señalan que la imposibilidad del hoy Presidente de presentarse –mientras se le juzgaba por corrupción, aunque finalmente fuese absuelto– resultó un factor clave en la victoria de Bolsonaro en 2018, junto al atentado que sufrió el propio candidato derechista.
Insistamos en que nadie ha podido demostrar que Bolsonaro se tomara en serio estas propuestas ni que maquinara un plan de asesinato. Sin embargo, no ha dejado de escandalizar a un país que recuperó su democracia hace pocas décadas –1985– que dentro de la cámara presidencial se sostuvieran diálogos tan siniestros.
«nadie ha podido demostrar que Bolsonaro se tomara en serio estas propuestas ni que maquinara un plan de asesinato»
Su condena criminal a 27 años es doblemente histórica. Desde el regreso de la democracia, se trata de la primera condena a un militar brasileño por un tribunal civil –Bolsonaro era reservistas, pero seguía siendo militar– y el primer ex Presidente condenado por intentar dar un golpe de Estado. Aclaremos que no es el primer ex Jefe de Estado condenado, Collor de Mello (1990-1992) fue declarado culpable de corrupción en 2023. Había sido juzgado por otros delitos, aunque se le absolvió de tales cargos. Michel Temer (2016-2019) y el propio Lula da Silva (2003-2010) fueron juzgados, aunque exonerados de las acusaciones.
¿Hay motivos para amnistiar a Bolsonaro? Mucha gente defiende que, en la medida en que la constitución le permite presentarse de nuevo a Presidente, intención que ha manifestado, no se debería privar, por sentencia judicial, al pueblo brasileño de la última palabra. Esto nos lleva a una cuestión atávica en el debate democrático: ¿qué hacemos si el pueblo considera que un criminal, judicialmente condenado, es la mejor opción política para un cargo? En este breve artículo, ni podemos ni pretendemos contestarlo.
«no es el primer ex Jefe de Estado brasileño condenado»
Lo cierto es que, desde que se aprobó la propuesta de amnistía por la Cámara de Diputados, las manifestaciones contra la medida han sido numerosas. Mucha gente ve con malos ojos que haya delincuentes de primera y de segunda, en especial, en una cuestión tan grave como un golpe de Estado. No obstante, también es igualmente cierto que a Bolsonaro no le faltan apoyos entre la opinión pública, por más que su popularidad haya decrecido un poco de un tiempo a esta parte.
Volviendo al itinerario legal, la primera pregunta qué nos asalta es ¿qué posibilidades tiene la amnistía de salir victoriosa en el Senado? Aparentemente, muy pocas.
«¿qué posibilidades tiene la amnistía de salir victoriosa en el Senado?»
Mientras que la cámara de diputados brasileña es un mastodonte de 513 miembros, el Senado sólo cuenta con 81 escaños. A esto hemos de añadir que la cámara baja, históricamente, presenta una elevada fragmentación. En la actualidad, apoyan al Presidente Da Silva, 227 diputados divididos entre 8 partidos. Se agrupan como oposición 185 escaños, sumando seis partidos. Pero quedan 101 diputados, asignados entre dos partidos, más un legislador independiente, que a veces caen del lado del gobierno y otras, como ha ocurrido con la amnistía, en contra.
En la cámara alta, Da Silva disfruta del apoyo estable de 42 senadores (seis partidos y un independiente), mayoría absoluta, frente a los 39 de los partidos de la oposición. Por lo tanto, salvo sorpresa mayúscula, el Senado rechazará la amnistía. A diferencia de España, Brasil sigue un esquema de bicameralismo perfecto, similar al de Estados Unidos. La aprobación de una ley requiere de la aquiescencia de ambas cámaras, con una no basta.
«En la cámara alta, Da Silva disfruta del apoyo estable de 42 senadores»
Incluso si, contra todo pronóstico, la amnistía se aprobara, Lula podría vetarla. En este caso, de acuerdo con el art. 66 de la Constitución, diputados y senadores se reunirían en sesión conjunta y mediante voto secreto tendrían que levantar el veto por mayoría absoluta. A tamaño periplo, habríamos de añadir la posibilidad de que la amnistía acabara impugnada ante el Tribunal Supremo, que allí también ejerce las funciones de nuestro Tribunal Constitucional.
Las perspectivas, pues, no parecen muy halagüeñas para Bolsonaro. Todo indica que su amnistía morirá en el Senado brasileño.










