La renuncia de Biden a un nuevo mandato presidencial no es un hecho aislado en la historia de los Estados Unidos. Destaca porque ningún Presidente había tomado esta decisión tan cerca de las elecciones. No obstante, por distintas razones, muchos inquilinos de la Casa Blanca han desistido de afrontar unas nuevas elecciones…, o las primeras.
Hoy, en Estados Unidos no es posible presentarse más de dos veces a la presidencia. En 1951, se ratificó la XXII enmienda constitucional que limitaba taxativamente a dos los mandatos presidenciales. Es más, en caso de que el vicepresidente ascienda a la presidencia por muerte, dimisión o incapacidad del titular, si le quedan dos años o más por cumplir de ese mandato únicamente podrá optar a un solo mandato adicional por derecho propio.
“La renuncia de Biden no es un hecho aislado en la historia de los Estados Unidos”
Hasta 1951, nada impedía que un Presidente se presentara al cargo tantas veces como quisiera. Si bien, únicamente Franklin D. Roosevelt se presentó y ganó a cuatro mandatos, al menos dos de sus predecesores, Ulysses Grant y Theodore Roosevelt, buscaron un tercer mandato no consecutivo. Ninguno de ellos consiguió la nominación de su partido, el republicano. Grant lo dejó correr, pero no así T. Roosevelt.
Como vicepresidente, T. Roosevelt había llegado a la presidencia en 1901, al morir asesinado W. MacKinley poco después de jurar su segundo mandato. En 1909, prácticamente había servido ocho años enteros, así que desechó la idea de una nueva reelección y nombró a dedo a Taft, como sucesor. No tardaría en pelearse con este bonachón. Desairando a su propio partido, en 1912 se presentó por el Partido Progresista, torpedeando la reelección de Taft y garantizando la llegada del demócrata Wilson a la Casa Blanca.
“Ulysses Grant y Theodore Roosevelt buscaron un tercer mandato no consecutivo”
Cuando los delegados de la Convención de Filadelfia (1787), conocidos como los padres fundadores, redactaban la constitución estadounidense la posibilidad de limitar los mandatos se puso encima de la mesa. Aunque no participó directamente, Jefferson sostuvo la conveniencia de un mandato único de seis años.
Ironías del destino, décadas más tarde, cuando los Estados esclavistas se escindieron de la Unión, para formar los Estados Confederados de América (1861-1865), optaron por este mandato presidencial. México, actualmente, se rige por el modelo de sexenios sin reelección. El mandato presidencial chileno también es sexenal, aunque con posibilidad de reelección, pero no inmediata, hay que dejar pasar seis años.
“Jefferson sostuvo la conveniencia de un mandato único de seis años”
Entre los padres fundadores había temor a que el Presidente estadounidense se convirtiera en un rey sin corona. Por eso algunos veían con recelo la reelección ilimitada. Sin embargo, pronto se vio claro que esto no sería un problema.
Tras dos mandatos, George Washington anunció que no se presentaría a un tercero. Candidato de consenso y considerablemente popular, muchos daban por sentado que el general moriría en el cargo. Sin duda, podría haberlo hecho si hubiese querido. ¿Y por qué no quiso? Pesaron en su decisión factores como su edad, problemas de salud (en su primer mandato ya tuvo al país en vilo cuando los médicos pensaron que no sobreviviría a unas fiebres), sus constantes dolores dentales, la impopularidad de su neutralidad en la guerra entre Francia y Reino Unido o haber tenido que marchar militarmente contra algunos de sus conciudadanos quienes se rebelaron contra un impuesto sobre las destilerías de alcohol.
“Tras dos mandatos, George Washington anunció que no se presentaría a un tercero.”
Sin embargo, Washington no fue sólo el primer Presidente, sino que junto a Benjamin Harrison y Taft, quizás sea uno de los pocos hombres que genuinamente nunca quisieron el cargo, o, cuanto menos, eran sinceros en sus renuencias. Sin la presión popular y sus propios problemas económicos, Washington, quizás nunca se hubiese presentado.
Su sucesor, John Adams no obtuvo la reelección. El tercer Presidente, Jefferson, envejecido y debilitado, también renunció al tercer mandato que le ofrecieron. Desde entonces hasta Franklin Roosevelt, ningún Presidente optó a un tercer mandato consecutivo. Pero muchos, ni siquiera buscaron la reelección.
“Desde Washington hasta Franklin Roosevelt, ningún Presidente optó a un tercer mandato consecutivo.”
Biden es el último nombre de una lista, no tan corta como pudiéramos pensar, de Presidentes que no han encontrado apoyo en su partido –o en cualquier partido– para su reelección. Tyler (1841-1845) estrenó esta penosa secuencia.
Si googleáis su nombre, Tyler es recordado como el primer vicepresidente que se convirtió en Presidente. Después de coger una neumonía durante su lluviosa inauguración, William Harrison pasó los 30 días de su presidencia, la más breve de la historia, guardando cama. Tyler sirvió pues la práctica totalidad del mandato, sin embargo, no encontró apoyo de nadie para una reelección.
“Biden es el último nombre de una lista de Presidentes que no han encontrado apoyo en su partido para su reelección”
Aunque venía del partido demócrata, se había pasado al partido Whig, una formación partidaria de reforzar el gobierno federal y de la abolición progresiva de la esclavitud. Sin embargo, como Presidente, Tyler adoptó posiciones radicalmente contrarias a su partido, del que acabó expulsado en dos años. Infructuosamente, trató de volver al partido demócrata y hasta intentó formar su propio partido. Al final, desistió de presentarse.
Casi un calco de Tyler fue Andrew Johnson (1865-1869). Sastre de profesión, alfabetizado en su adultez, las malas lenguas dicen que nunca llegó a ser muy ducho en el arte de leer y escribir. Desde luego, no era material presidencial, pero, como demócrata de un estado sureño, Tennessee, Lincoln le propuso como vicepresidente en su segundo mandato. Ya que era un cargo simbólico, qué mejor que un vicepresidente capaz de representar la unión entre partidos para reconstruir el país, después de una sangrienta guerra civil.
“Casi un calco de Tyler fue Andrew Johnson”
El atentado mortal contra Lincoln dejó al Partido Republicano con un inquilino profundamente racista y falto de cualificación el Despacho Oval. Con tal de bloquear la agenda republicana de reconstrucción nacional, Johnson hizo todo lo que pudo y hasta lo que no podía. Es el único presidente al que un impeachment casi se lleva por delante. Faltó un voto. En 1868 intentó hacerse con la nominación demócrata para las siguientes elecciones, pero fracasó estrepitosamente.
Mayores similitudes con Biden guardan Fillmore (1850-1853) y, sobre todo, Chester Arthur (1881-1885). Como Tyler o Johnson, Fillmore y Arthur se convirtieron en Presidentes tras las muerte de su antecesor. Eran los vicepresidentes. El primero podría haber obtenido la nominación del Partido Whig para las siguientes elecciones, pero optó por renunciar, consciente de que su nombre era demasiado hostil en el ala septentrional del partido. Arthur sondeó al Partido Republicano para sopesar sus apoyos, como estos eran dudosos y su salud precaria –apenas viviría un año como ex Presidente– no insistió.
“Mayores similitudes con Biden guardan Fillmore y, sobre todo, Chester Arthur”
El predecesor demócrata de Lincoln, James Buchanan (1857-1861) considerado por muchos el peor Presidente de la historia, y el republicano R. B. Hayes (1877-1881) llegaron a la Casa Blanca anunciando que no buscarían un segundo mandato. ¿Sus motivos? La candidatura de Buchanan no sólo emergió de un partido demócrata dividido, sino que entró en el Despacho Oval con un país a las puertas de la guerra civil –que no hizo nada por evitar. Quizás deberíamos preguntarnos por qué aceptó un mandato, en vez de por qué desistió de su reelección en favor de su vicepresidente, Breckinridge, que perdió contra Lincoln.
El caso de Hayes es distinto. En 2016 ya vimos que un candidato puede perder en voto popular, pero ganar la presidencia. Esto ya había ocurrido en 2000, con Bush hijo y alguna que otra vez, como en 1888. Normalmente, cuando se ha dado esta situación, bastante difícil de justificar desde la legitimidad democrática, suele haber terceros partidos en disputa. El problema de Hayes, es que su rival, Tilden, no sólo tenía más votos que él, es que tenía mayoría absoluta de voto popular.
“James Buchanan y R. B. Hayes llegaron a la Casa Blanca anunciando que no buscarían un segundo mandato”
Si Hayes ganó en el Colegio Electoral, fue en gran medida gracias al peculiarísimo recuento de Florida, Carolina del Sur y Luisiana. De resultas, se llegó a un pacto: el partido republicano no seguiría defendiendo los intereses de los negros en el sur. Y ahí empezó, poco a poco, la inversión de roles entre los partidos demócrata y republicano en materia de derechos civiles.
Completamente deslegitimado, una vez se confirmó su victoria, Hayes prometió no ir a la reelección. Quizás hubiese sido mejor no tomar posesión del cargo…
Hoy bastante olvidado, J. K. Polk (1845-1849), tal vez, sea de los más exitosos presidentes con un único mandato. Se presentó prometiendo cuatro cosas: bajar los impuestos, recuperar una tesorería independiente, anexionarse Oregón e integrar California en la Unión. Cuatro años y una guerra contra México después, no sólo consiguió todo esto, sino que añadió la anexión de Texas como Estado y la ocupación de Nuevo México y Arizona.
“Polk, tal vez, sea de los más exitosos presidentes con un único mandato”
La salud de Polk era peor que precaria. Por principios, este demócrata siempre defendió que un Presidente únicamente debía aspirar a un mandato, para centrarse en gobernar, en vez, de en las siguientes elecciones. Aunque si, tras llegar al Despacho Oval, alguna vez dudó de sus convicciones, el fundado temor a no terminar sus primeros cuatro años disipó cualquier sombra de vacilación sobre buscar otros cuatro. Apenas un mes después de dejar la Casa Blanca unas fiebres –probablemente malaria– se lo llevaron de este mundo.
En el caso del sucesor de Kennedy, el Presidente Johnson (1964-1969) su estrepitosa pérdida de popularidad, a causa del recrudecimiento de la guerra de Vietnam, se alió con sus problemas cardíacos. Pocos meses antes de las elecciones, en un emotivo mensaje a la nación, anunció: “no buscaré ni aceptaré […] otro mandato como Presidente”. Hasta Biden, Johnson ostentaba el récord de haber apurado más el tiempo, antes de comunicar su intención de acudir a las elecciones. ¡Ojo! Hay una diferencia importante: Johnson no llegó a presentarse a las primarias demócratas, Biden ha ganado las de 2024.
“Hasta Biden, Johnson ostentaba el récord de haber apurado más el tiempo, antes de comunicar su intención de acudir a las elecciones.”
Su elevada impopularidad también convenció a Truman, presidente accidental tras la muerte de F. D. Roosevelt en 1944, que, con una reelección en 1948, había más que de sobras. Ya en aquel año, a punto estuvo de no obtener la nominación demócrata.
Y para el grand finale, nos quedan: Pierce (1853-1857) y Calvin Coolidge (1923-1929).
Alcohólico empedernido y depresivo, Pierce realmente no renunció a una nueva nominación. De hecho, se presentó al Congreso del partido. A pesar de los avisos que recibió de su entorno, estaba convencido de que ganaría. Quedó conmocionado al ver que el partido excluía su nombre enseguida, en favor de otros candidatos, para finalmente nominar a Buchanan.
“Y para el grand finale, nos quedan: Pierce y Calvin Coolidge”
A lo largo de su carrera política, Coolidge se labró una merecida fama de hombre honesto, trabajador tenaz y simpático excéntrico. Su peculiaridad era una especie de timidez y concisión al expresarse. En cierta ocasión un periodista se acercó a él en una cena oficial:
-Señor Presidente, una amiga mía dice que seré incapaz de sacarle más de tres palabras esta noche. ¿Qué le contesto?
Coolidge, que se degustaba una sopa, levantó los ojos con una ligera sonrisa:
-Dígale que ha perdido.
Cuatro palabras. No volvió a hablar en toda cena.
“Coolidge se labró una merecida fama de hombre honesto, trabajador tenaz y simpático excéntrico”
Coolidge también llegó a la presidencia desde la vicepresidencia. Su predecesor, W. Harding (1921-1923) falleció prematuramente mientras regresaba de un viaje en Alaska. Como anécdota, a Coolidge le llegó la noticia en el retiro familiar, en plena noche. Se vistió y aprovechando que su padre era juez de paz prestó juramento allí mismo. Se tomó una fotografía y acto seguido, se desvistió y volvió a dormir hasta la hora acostumbrada en que se levantaba.
En 1924, Coolidge obtuvo una victoria arrolladora y si hubiese concurrido en 1928 todo indica que habría podido seguir en el poder hasta 1933. Pero, sin previo aviso, durante sus vacaciones de verano de 1927 convocó a la prensa y les anunció que no iba a presentarse a un nuevo mandato. Añadió que más de diez años en Washington le parecían demasiados. Aún en shock, uno de los periodistas le preguntó si deseaba añadir algo más. Lacónico, el Presidente respondió con un sereno «no» y regresó con su familia.
“sin previo aviso, Coolidge durante sus vacaciones de verano de 1927 convocó a la prensa y les anunció que no iba a presentarse a un nuevo mandato”
¿Por qué no se presentó Coolidge? Sus peores detractores afirman que vio venir la crisis de 1929 y prefirió pasarle el marrón a otro, pero la verdad es que ninguna evidencia apoya esta tesis. Entre otras cosas, porque nadie vio venir el crack del 29. Otros pretextan que Coolidge padecía mala salud. A ver, murió prematuramente de un aneurisma en 1933 y su presión arterial llevaba un tiempo elevada, pero nada tan grave como para hacerle dejar el cargo.
Tal vez la única explicación sea la que dio: estaba cansado de la presidencia. En 1924, poco después de acceder al cargo, uno de sus dos hijos había fallecido. Coolidge siempre culpó a mudanza a Washington de esta tragedia. Ya entonces vaciló sobre si presentarse a las elecciones. Cuatro años después estaba sinceramente agotado y con ganas de abandonar la asfixiante atmósfera política de la capital.










