El pasado 7 de agosto, Pakistán, Turquía y Arabia Saudí anunciaron al mundo su nueva alianza militar. Con el príncipe Bin Salmán, como anfitrión, los tres países emitieron una declaración, nada menos que en La Meca. Según sus términos: “un ataque armado contra cualquiera [de ellos] será considerado un ataque contra todos”.

La fórmula nos recuerda al art. 5 del Tratado del Atlántico Norte: “Un ataque armado contra una [nación integrante de la OTAN] se considerará un ataque dirigido contra todas”. De hecho, la Declaración de La Meca es incluso más rotunda. No recoge el matiz de “ataque dirigido”, sino que equipara un ataque individual contra cualquiera de los tres Estados, a un ataque contra todos ellos.

«El pasado 7 de agosto, Pakistán, Turquía y Arabia Saudí anunciaron al mundo su nueva alianza militar»

Ahora bien, no hemos de olvidar que, de momento, nos encontramos ante un documento político, una “declaración”, no un tratado internacional. Normalmente, las declaraciones solemnes o los memorándums de entendimiento suelen preceder la elaboración de un tratado con valor jurídico. De ahí que sean mucho más inconcretas y, a veces, se excedan en su entusiasmo.

Cuando tengamos el texto definitivo, el tratado internacional, podremos valorar hasta dónde llega la alianza militar. Aunque lo más probable es que se rebaje esta intensidad inicial, en favor de unas obligaciones legales más prudentes.

«no hemos de olvidar que, de momento, nos encontramos ante un documento político, una “declaración”, no un tratado internacional»

Desde la Segunda Guerra Mundial, los acuerdos que garantizan declaraciones de guerra automáticas contra el tercero que ataque a tu aliado han desaparecido. El mejor ejemplo, irónicamente, es la propia OTAN. La gente suele atribuir al art. 5 una importancia desmesurada. En realidad, no garantiza que nadie declare la guerra al agresor de un país miembro. Se limita a establecer un deber de ayuda individual y coordinado de los demás Estados, en favor del agredido. ¿Excluye acciones bélicas? En absoluto. Pero tampoco las garantiza.

Con estas explicaciones no se busca negar la importancia de la declaración tripartita. La tiene y mucha. Simplemente, no es en su rotundidad verbal donde hay que buscarla, sino en el contexto internacional.

«Desde la Segunda Guerra Mundial, los acuerdos que garantizan declaraciones de guerra automáticas contra el tercero que ataque a tu aliado han desaparecido»

La guerra entre Estados Unidos e Irán ha agitado el Golfo Pérsico. Bloqueo del estrecho de Ormuz a un lado, la salida Emiratos Árabes Unidos de la OPEP, organización de la que también es socio Irán, quizás sea el efecto más grave. Sin embargo, hay otros más intangibles…

Entre los países árabes va cundiendo la sensación de que la capacidad de protección de Estados Unidos ha disminuido. La pésima conducción de la contienda ha agravado esta percepción. Baste con recordar el uso desproporcionado de misiles que ha vaciado los arsenales norteamericanos. Tardarán meses en reponerse. Durante ese tiempo, la capacidad ofensiva de Washington para realizar grandes bombardeos se encuentra severamente debilitada –a menos que considere detonar sus silos nucleares, algo más que improbable.

«Entre los países árabes va cundiendo la sensación de que la capacidad de protección de Estados Unidos ha disminuido»

Muchos países de la zona están buscando un acercamiento a China, como potencia pujante. Aunque Pekín nunca se cierra puertas, parece improbable que sacrifique sus buenas relaciones con Irán. De ahí la necesidad de reforzar las alianzas entre países de la propia región, frente a los iraníes y cualquier otra amenaza en general. De este contexto proviene el proyecto de crear una alianza militar regional. De momento, sólo tres países se han comprometido, pero nada excluye que, más adelante, otros Estados puedan adherirse oficialmente o vincularse en términos más informales.

¿Por qué específicamente Arabia Saudi, Pakistán y Turquía? Cada uno de estos países tiene unos intereses propios en juego.

El caso saudí es el más evidente. Busca demostrar capacidad diplomática para encontrar aliados frente a Irán. Así, pretende disuadirle de llevar a cabo cualquier agresión para penalizar a la monarquía Saud por su alianza con Washington. Turquía y Pakistán cumplen ese rol. Ambos destacan por su gran capacidad militar e Islamabad posee un arsenal nuclear. A propósito, algunos indicios, como sus nuevas instalaciones (2020) de extracción y enriquecimiento de uranio en el desierto de Al Ula, sugieren que Riad también estaría preparando su propia bomba atómica, sin que esto despierte recelo alguno en Occidente…

«¿Por qué específicamente Arabia Saudi, Pakistán y Turquía? Cada uno de estos países tiene unos intereses propios»

Con el segundo ejército más numeroso de la OTAN, poco miedo tendrán en Ankara a un ataque directo iraní. No obstante, las relaciones entre ambos países que comparten frontera terrestre distan de ser idílicas. Si se siente provocado, Irán puede tratar de dañar a Turquía apoyando grupos insurgentes, instrumentalizando a refugiados afganos, fomentando la presión migratoria, o inclusive recurriendo a sabotajes y otras prácticas de guerra gris.

¿Entonces, para qué arriesgarse? Pues, el interés principal de los turcos es conseguir financiación saudí para su propia industria armamentística. Esta alianza también le proporciona una oportunidad de exhibir poderío en la región y ante el mundo.

«el interés principal de los turcos es conseguir financiación saudí para su propia industria armamentística»

Pakistán es un caso más extraño. Este país disfruta de unas poderosas fuerzas armadas, que, como decíamos, incluyen armas nucleares. Pero lo más sorprendente es que goza de buenas relaciones con Irán… y con Estados Unidos. Tal vez, sea el único país con relaciones fluidas con estos enemigos. Ya hemos visto sus intentos por ejercer como mediador en el conflicto.

¿Por qué poner en peligro su amistad con Irán, con quien comparte una prolongada frontera terrestre? Pues es el peaje que Islamabad está dispuesto a pagar, como contrapartida al apoyo de otros países en su eterno conflicto con la India. Históricamente, el apoyo estadounidense se había considerado suficiente… ya no.

«Islamabad busca el apoyo de otros países en su eterno conflicto con la India »

Sólo el tiempo nos dirá hasta qué punto se consolida esta triple alianza. No obstante, su alumbramiento demuestra que todos los interesados perciben el declive del poder estadounidense, en Oriente Medio y en el mundo.