La Plaza de España de Sevilla fue el escenario de una velada inolvidable con la albaceteña Rozalén, quien se presentó en el Icónica Santalucía Sevilla Fest con un espectáculo dividido en dos partes: la pena y la alegría, reflejo de la vida misma. María de los Ángeles Rozalén Ortuño, conocida artísticamente como Rozalén, demostró por qué es una de las voces más queridas y auténticas del panorama musical actual.
La noche comenzó con una confesión de la artista sobre su mayor crisis creativa el año pasado, sintiendo el abismo de la hoja en blanco. Sin embargo, esa noche, lejos de cualquier crisis, Rozalén iluminó el escenario y el corazón de las más de 3.500 personas que se congregaron para verla. El monumento diseñado por Aníbal González proporcionó el telón de fondo perfecto para un concierto que prometía ser una inyección de dopamina y alivio del estrés.
Precediendo a Rozalén, el grupo Las Migas ofreció una muestra de su arte en una pequeña sesión, gracias a la colaboración de Rozalén con Spotify para apoyar a artistas emergentes. Temas como ‘Ojitos verdes’ y ‘El buen rollo’ caldearon el ambiente, preparando a la audiencia para lo que estaba por venir.
Rozalén, siempre cercana y cálida, abrió su concierto con una conversación honesta con el público, agradeciendo la acogida y recordando sus primeros pasos en Sevilla. Con su inseparable intérprete en lenguas de signos, Beatriz Romero, a su lado, la cantante dedicó ‘La cara amable del mundo’ a su sobrino, evocando sueños alcanzables y viajes en un cohete de cariño, siempre con el mensaje de que, a pesar de los errores, siempre se puede empezar de cero.
El repertorio de la primera parte del concierto incluyó una mezcla de sus temas más conocidos y algunos más íntimos y melódicos. Canciones atemporales como ‘Vuelves’, ‘Este tren’, y ‘Comiéndote a besos’ resonaron con fuerza entre los asistentes. Rozalén también recordó a su abuela fallecida durante la pandemia con ‘Ceniza’ y emocionó con ‘Entonces’ y ‘Todo lo que amaste’.
La segunda parte del concierto fue un derroche de alegría y energía. Rozalén, con su característico carisma, hizo vibrar a la audiencia con temas que invitan a vivir y disfrutar, como ‘Tres días en Cartagena’ y sus emblemáticos girasoles. La noche alcanzó su clímax con ‘Puerta violeta’, un himno contra la violencia machista, que la artista interpretó mientras bajaba del escenario para recorrer las gradas, pañuelo en mano, recibiendo gritos de «guapa» y coros apasionados de su letra.
Rozalén cerró el concierto con una ovación atronadora, dejando claro que su música, cargada de emociones sinceras y auténticas, sigue siendo un refugio y una celebración de la vida en todas sus facetas. Sin duda, una noche para recordar en el Icónica Santalucía Sevilla Fest.










