Antes de reseñar o más bien dar a conocer mis impresiones de esta última novela de Jesús Sánchez Adalid, me obligo a indicar que ha sido por el título: “UNA LUZ EN LA NOCHE DE ROMA, sin duda como la luz que se entrevé al fondo de cualquier túnel, siempre será esperanzadora; que no ha sido por el tema: una historia, pudiera decirse que cercana en el tiempo, de Italia en la Segunda Guerra Mundial. Se trata de una época de la que he leído muy poco y no porque no haya “historias” y novelas que la plasmen, sino por la poca perspectiva histórica y ello sin querer entrar en polémica alguna respecto a períodos sobre los que se puede o no considerar novela histórica. Simplemente, pueda ser que no me atrae la época. Tengo mis gustos, como cualquier otro lector, en épocas más pretéritas. No obstante, de vez en cuando, cuando una autora o un autor me atrae por sus letras, por su narrativa, por su bien hacer en eso de contar historias, aunque no se encuentre en mi “zona de confort”, me acerco a su obra y hasta la presente nunca me han decepcionado, ni las historias ni el autor. Esto es lo que me ha pasado con esta novela. Cuando leí la sinopsis, empecé a “echarme para atrás”: esto no es para mí, esta época no me gusta, no sé, quizá no la lea. Según seguía leyendo la contraportada me veía a mí mismo diciéndome: oye tú, cuando don Jesús a escrito esto que le han contado ten por seguro que es porque merece ser contado, novelado en este caso, y por supuesto, tratándose de este autor, la narrativa, el verbo y la expresión estará a la altura de sus grandes novelas. Y la leí. Vaya si la leí.

Y naturalmente, no me defraudó. Eso sí, puedo confesar y confieso que lo he pasado muy mal. Ahora tengo que aclarar este punto. Hay muchas novelas donde el autor se explaya en detalles de batallas, en detalles de luchas donde no solo se derrama sangre, sino las entrañas, las vísceras, se habla de miembros separados de su natural ubicación, etc. Toda esa sangre, toda esa suciedad en su más amplio sentido, desaparece para el lector, cuando cambia de capítulo, si es más suave, o cerrando el libro para continuar más tarde. Pero con esta novela no es la sangre la que se pega a la piel del lector. En esta novela, aunque también hay muertos y muchos, y muertos de manera cruel e igualmente derraman sangre, lo que le queda al lector, lo que le hace removerse interiormente y físicamente en su sillón o sofá de lectura es la “rabia”, ese sentimiento de impotencia ante tanto desalmado, ante la sinrazón de unos “inhumanos” que causan tanto dolor. Se pregunta uno, retóricamente, claro está, cómo el hombre es capaz de infringir el mínimo daño a sus semejantes. No pueden ser calificados como personas, como humanos, aquellos que alzan su fuerza contra inocentes, perpetrando las más horribles fechorías que describirse pudieran. Por eso lo pasé mal, pero lo superé con la propia lectura.

Según cuenta el autor en el amplio PRELUDIO, esta novela, es una historia que él ficciona tras un arduo proceso de investigación que comenzaría con un correo electrónico que le llega donde le ofrecen información sobre un hecho acaecido en el Hospital de la isla Tiberina de Roma que tuvo lugar durante la ocupación nazi de Italia en la Segunda Guerra Mundial, en 1943. Junto con la información le hace saber el informante que existen documentos que avalan lo comunicado y aún más, descendientes de aquellos protagonistas reales que vivieron o quizá mejor expresado “padecieron” y tal vez sobrevivieron gracias a la inventiva de unos cuantos. Don Jesús nos cuenta mucho más acerca de cómo se sintió fuertemente atraído por la historia hasta el punto de darla a conocer como él sabe hacer tan singularmente y nos presenta una novela con alma, una novela “ejemplar”, una novela para reflexionar, una novela esperanzadora donde los aspectos que nos definen como humanos se combinan y entremezclan en la acción narrativa, una novela donde en un mundo con tanta maldad, resplandecerá todo lo mejor del alma humana, porque el amor y la generosidad prevalecerán revestidos de heroísmo y entrega. Pero no le fue tan fácil al autor, aunque sin duda le mereció la pena.

Y no le fue tan fácil porque los informantes de primera mano, a la sazón, seguramente familiares de posteriores generaciones (nietos quizá), se lo habrían de poner bastante complicado toda vez que no querían darse a conocer ni en cuanto a nombres ni lugar de residencia actual. Hasta tal punto que le hacen firmar documentos notariales que avalen la no injerencia en los términos indicados. Así, superados los escollos antedichos el autor se hace con las notas pertinentes fruto de los testimonios y revelaciones que le permitirán más adelante narrar lo acontecido con nombres ficticios, salvo los de los médicos del hospital.

Así con los mimbres frescos, aun con dos años de investigación y viajes a Roma, Jesús Sánchez Adalid concibe su portentosa narración a través de los personajes de Gina, una estudiante de familia acomodada y de Betto, un intrépido muchacho judío que forma parte de cierta organización clandestina. Los jóvenes Gina y Betto se enamorarán perdidamente el uno del otro en aquel verano de 1943 en la Italia de Musolinni. Mal momento para idilios por otra parte nada aconsejables entre cristiana y judío. Aunque ese quizá fuera el menor de sus problemas: Tras la caída de Mussolini, Roma camina hacia una espiral de violencia que derivará en la ocupación de la ciudad por las tropas alemanas y como ocurrió en otras ciudades europeas, el barrio judío estaba llamado a ser quien más sufriese las fechorías teutonas.  Pero no estaría sola y abandonada la comunidad hebrea. Su mejor aliado sería el amor, el heroísmo y la generosidad de unas personas que idearon un plan, un engaño, que habría de suponer la salvación de un buen número de personas y se inventaron una “pandemia”, el síndrome K.

Hermanos, la caridad fraterna nos obliga a ser astutos como serpientes, sin dejar de ser sencillos como palomas. Hay veces en que los siervos del Señor debemos ser arriesgados y enfrentarnos con las armas que tengamos a los males de nuestra generación. Solo el amor podrá vencer la iniquidad”. (Pág. 281)

Está ya servido el cóctel de vida y lucha por sobrevivir, si bien no es cuestión de “destripar” lo acontecido novelado. Como suele suceder, los hechos reales, acaecidos entre 1943 y 1944 en Roma descritos por el autor, superan sin duda cualquier ficción. Por eso Jesús Sánchez Adalid, tras los 89 capítulos no muy extensos (siempre es de agradecer) y el epílogo en que pone a cada uno en su lugar, esto es, da cuenta final de qué fue de cada uno de los protagonistas tanto los ficticios como los reales, nos ofrece un APÉNDICE HISTÓRICO de 70 páginas, que a más de ofrecer en detalle datos históricos, supone toda una tesis en torno a aquellos hechos que se dieron en la Segunda Guerra Mundial en la “ciudad eterna”.

A sabiendas de que hasta la presente no he contado mucho de la novela, para eso está la sinopsis (contraportada), tampoco es el objeto nunca de mis reseñas. Antes bien busco poner de relieve otros aspectos que a mí me hayan llegado o incluso sugestionado, ¡por qué no! Y esta novela me ha llegado, me ha hechizado y ello al margen de lo más arriba mencionado respecto a que la lectura me ha creado gran desazón. ¿Y por qué afirmo tal? Porque por tener tiene hasta muy acertado el nombre. Porque es una interesante novela que nos revela lo que a él le han revelado. Una historia que el tiempo quizá habría borrado del recuerdo. Una realidad real, con nombres reales pero ficticios en la novela. Una novela que tiene acción, mucha acción, recorrido, mucho recorrido. Es una novela esperanzadora que por tener tiene, o se podría componer eso que se ha dado en llamar “playlist” (*), o sea, ni más ni menos que una lista de reproducción, es decir, de archivos audiovisuales o canciones que a lo largo de sus páginas se cuelan o, mejor dicho, el autor ha plasmado, quizá como contrapunto de color y calor a tanto drama.

Con este todo, la “novela histórica”, la tesis o ensayo, el “apéndice histórico” y la lista de canciones atenuando o matizando lo trágico de la narración, UNA LUZ EN LA NOCHE DE ROMA no tenía por menos que atraerme y envolverme, literaria, cultural y humanísticamente. ¡Y yo no quería leerla!

  • Autor: JESÚS SÁNCHEZ ADALID
  • Editorial: HARPER COLLINS
  • Nº.  Páginas: 574
  • Fecha lanzamiento: 15 marzo 2023
  • Género: narrativa histórica
  • Época de la novela: Segunda Guerra Mundial
  • Localización de los hechos: Roma

(*) LISTA DE REPRODUCCIÓN

GIOVINEZZA (Juventud)  – Pág. 104 – (Himno fascista italiano entre 1924 y 1943)​

 

I PAGLIACI de Ruggero Leoncavallo  – Pág. 133 – (Vesti la giubba – Tenor: Beniamino Gigli)

 

CANCIÓN: “Ma le gambe”  – Pág. 137 – Enzo Aita, Trio Lescano

 

“FANFARA REALE / MARCIA REALE D’ORDINANZA”  – Pág. 139 – HIMNO NACIONAL DE ITALIA (1861-1946) (compuesto por Giuseppe Gabetti)

 

CANCIÓN: “Tornerai”  – Pág. 163 – Dino Olivieri – Nino Rastelli (Canta: Zlatko ŠIR)

 

MADAMA BUTTERFLY de Giacomo Puccini – Pág. 167 –  (Queale smania vi prende … Amore e grillo” – Tenor: Beniamino Gigli)

 

CANCIÓN: “Una strada del bosco”  – Págs. 184, 185 – Cesare Andrea Bixio y Roberto Rusconi (Canta: Gino Bechi)

 

CANCIÓN NAVIDEÑA: “Strina cosentina” – Pág. 339 –

Típico canto cosentino de Mimmo del Sud (Canto de saludo y súplica de Navidad en Calabria)

Strinari: grupo de personas con instrumentos y cantando

 

CANCIÓN: “La mia canzone al vento” – Pág. 410 – Cesare Andrea Bixio y Cherubini (Canta: Giuseppe Lugo)

 

UN BALLO IN MASCHERA de Giuseppe Verdi  – Pág. 474 –  (“Ma se m’ è forza perderti” – Tenor: Beniamino Gigli)