En Bookólicos conocemos bien a esta escritora, ella fue la primera que confió en nuestro proyecto y que decidió subir sus libros a nuestra plataforma. Profundizando en su mundo creativo nos hemos topado con una pluma incombustible a la que le falta tiempo para poder desgranar en papel todo lo que su mente es capaz de imaginar. 

Ella asevera que escribe para sanar; mostrar aquello que le duele mediante ficción le sirve para enfrentarse al mundo como terapia de choque. De hecho, hay crudeza en sus historias, pero también el talento de aquellos que siempre necesitaron del subtexto para mostrar las injusticias al mundo sin poder ser censurados; una narrativa ágil, que te engancha en la historia mientras de forma subliminal deja caer mensajes a tu subconsciente.   

Su escritura es incisiva, crítica, con un cierto toque de humor negro que resalta las paradojas de una sociedad que se construye sobre el deseo de hacer las cosas bien, pero que se autodestruye a la hora de llevar a cabo las ideas de mejora. 

Tali escribe de forma innata, lo cual es una ventaja, pero a la vez es alguien que se preocupa por mejorar constantemente, lo que la ha llevado a profesionalizar sus estudios como correctora, lectora profesional y tutora —servicios que también ejerce dentro del equipo de Bookólicos—, además de escribir por encargo y de ayudar a otros escritores que comienzan su andadura desde su blog Mixonletter y la casa Escritores noveles de Clubhouse. 

¿Quién es realmente Tali Rosu? ¿Qué mueve tu creatividad?

En realidad, soy Isa, una persona hipersensible (aunque muchos no lo crean) y empática que tiene mucho que sacar de su interior. 

Mi creatividad creo que es en parte innata, seguramente heredada de mi madre, que es una pintora maravillosa, y en parte educativa, porque mis padres la fomentaron durante toda mi infancia. 

Es verdad que me voy más por la rama crítica, y en ese caso el motor de la creatividad es la autoterapia y el ponerle foco de atención a los problemas del mundo, pero también escribo otras cosas que no van por ahí. Siento que mi parte creativa es como un ovillo de lana que llevo en el pecho, tiene millones de cabos que solo hay que empezar a tirar y se va desenredando sin esfuerzo. Eso sí, es un ovillo mágico que se regenera solo y se convierte en algo infinito. Será ese Ave Fénix que vive en mí, tal vez ella lo va tejiendo con mis pedazos rotos y con las pequeñas hebras de luz con las que a veces la alimento. 

Parte de tu obra se centra en el género de las distopías. ¿Por qué elegiste este formato?

Esto es como los gatos, no se eligen, ellos te eligen a ti. Yo ni siquiera sabía lo que era una distopía cuando ya escribía historias de ese género. Supongo que viene de cajón cuando te haces las preguntas: «¿Qué pasaría si esto o aquello siguiera por el camino que está tomando?» o «¿Por qué somos un despropósito de especie? ¿Tenemos remedio?». Aunque la gente me identifica con el género distópico y con los textos críticos, y aunque mis grandes referentes son reyes del terror, como King o Poe, en realidad siempre me ha gustado la fantasía y mi primer relato era de ese género. Ahora de hecho estoy trabajando en una novela que mezcla la distopía y la fantasía. Ah, y no me puedo olvidar de esos pequeños textos eróticos que también me gustan, todo hay que decirlo. 

¿Cuál crees que es tu público?

Lo que muestro al mundo no es para todos los públicos. Gusta más a lectores críticos, que les gusta ver un fondo en lo que leen y no buscan tramas simples que entretienen sin ir más allá de la trama. Es para personas con mente crítica y reflexiva que no tengan miedo de enfrentarse a una realidad atroz. Eso sí, no escribo textos reflexivos, bueno, en artículos sí, pero en ficción también busco el entretenimiento porque creo en el equilibrio. 

¿Qué le dirías a un lector que no conoce tu obra para incentivar su lectura?

Que lea las primeras páginas o que oiga las lecturas que tengo en YouTube, seguro que se engancha. 

¿Crees que la literatura es una herramienta para despertar conciencias? 

Por supuesto que sí, aunque no sea el objetivo principal, algunos libros hacen pensar y poner un punto de luz en algunos temas que no deben quedarse en la oscuridad. 

¿Es tu literatura una reflexión filosófica disfrazada de narrativa?

Podría decirse que sí, aunque no es el objetivo principal, solo una consecuencia de mi motor creativo. 

Eres también escritora por encargo, ¿Cómo te sientes al narrar la historia de otra persona? 

Me gusta. Me siento bien al darles la oportunidad a otras personas para contar esa historia que quieren mostrarle al mundo o que simplemente quieren dejar como un legado. Me gusta ayudar a la gente y creo que trabajar haciéndolo es muy satisfactorio. Además, me gusta tanto escribir y le pongo tanta empatía, que vivo las historias como si fueran mías. 

¿Cómo es el proceso de escritura en estos casos?

Casi siempre tienen algo escrito, una página, cinco o veinte, da igual. Leo lo que tienen y lo corrijo o reescribo para poder utilizarlo. A partir de ahí, mi creatividad hace lo suyo y busco el mejor camino para trabajar el argumento de una forma original. Después vienen las preguntas: por lo general hago una entrevista que puede ser escrita u oral y voy dándole forma a la trama con las respuestas que obtengo. La comunicación constante es fundamental porque siempre me surgen nuevas dudas o preguntas y además me gusta consultar algunos temas importantes con quien hace el encargo. 

¿Cómo ves el panorama literario en España? 

Creo que en España se lee muy poco y no se le da valor a todo el trabajo que lleva detrás un libro. Los precios de los libros dejan muy poco margen a los escritores y hay que vender muchísimo para poder vivir de ello. Pero no solo se infravalora por parte de los lectores, sino que los propios escritores a veces se llevan las manos a la cabeza con los precios de los servicios literarios. Lo segundo creo que es consecuencia de los precios del mercado, que no les da ni para recuperar la inversión de profesionalizar su obra. Así que vamos luchando en un mar gigante de muchos escritores (cada vez más) y pocos lectores (cada vez menos). 

¿Cómo se vive desde tu perspectiva de autora independiente?

Es difícil, a veces agotador. En muchas ocasiones siento que estoy nadando a contracorriente en un mar inmenso y que estoy muy lejos de ver la costa más próxima. Pero además hay miles de personas igual que yo, nadando a mi lado sin saber muy bien hacia dónde tirar. Algunos nos damos las manos y nos ayudamos a mantenernos a flote, otros meten codazos para hundir a los que pueden (afortunadamente hay más de los primeros, o por lo menos bajo mi experiencia). Y muchas veces terminamos comprándonos entre nosotros para apoyarnos (lo comido por lo servido). A veces creo que, excepto cuatro o cinco afortunados que se salen de la norma, la mayoría de los lectores también son escritores. Por desgracia no todos los escritores leen, algunos por falta de tiempo. Podría escribir todo un artículo sobre este tema (tal vez lo haga): ¿La gente no lee por falta de interés o por falta de tiempo? 

Tali es autora de los libros Carne de Chino, Sonrisas robadas y En la hora de nuestra muerte, englobados en un mundo distópico en el que se muestra un peligroso camino del que ya podemos ver atisbos hoy en día. Tali nos habla del medio ambiente, del peligro de no hacernos responsables de nuestra propia libertad y de las instituciones que se degradan en la corrupción del poder. Pero también podemos encontrar su voz crítica en formato relato en las antologías Supositorios y El parásito me ahoga, donde los instintos primarios del ser humano son protagonistas. 

Conócela a fondo en sus redes sociales: 

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