La novela narra la terrible catástrofe natural y la respuesta humana ante el trágico acontecimiento sucedido en Lisboa el día de Todos los Santos de 1755.

Cuando escuchamos hablar de este tipo de sucesos, habitualmente centramos la vista sobre un resultado de muerte, desgracias y  ruina. En esta novela de Vic Echegoyen vamos a conocer el antes y el durante, entre hechos reales y otros que bien podrían haber sido así,  de la vida de cada uno de los habitantes en la ciudad portuguesa.

Proyectos, promesas e ilusiones quiebran ante la despiadada fuerza, que a veces la Tierra que nos cobija libera sin piedad. Una sucesión de terremotos, maremotos e incendios van a terminar con todo esto, pero la Naturaleza no es tan despiadada como para destruirnos sin aviso previo. Tan solo algunos son capaces de predecirlo, sin embargo nadie escucha las señales que turban a dementes enloquecidos por el tenue olor a azufre, insectos apareciendo en lugares donde nunca antes estuvieron, animales atacando a sus dueños e hileras de ratas formando una inquietante línea oscura. Todos ellos están avisando a miles de hombres sumidos en una religiosidad extrema y  característica de la época, que achaca la oscilación lenta de una lámpara en una iglesia a la mano de Dios.

La historia, original entre las mejores, avanza minuto a minuto haciéndonos vivir cada uno de ellos como debieron sentirlo sus protagonistas, es decir como una eternidad de profundo estrés y dilatada agonía.

El ser humano, a veces tan generoso y otras  tan miserable, capaz de ofrecer lo mejor y lo peor de sí mismo, vive seis horas de una ciudad agrietándose entre sus pies. Una sociedad, la de mediados del XVIII, atribuyendo el calvario a un castigo divino y luchando por sobrevivir, proporciona a la autora una historia real cargada de dureza y a la vez de esperanza.

Vic Echegoyen muestra con una prosa esmerada, cultivada y rica los extremos humanos. Altruismo contra vileza, cobardía frente a generosidad, oportunismo ante la  miseria y cordura sobre fanatismo son las herramientas necesarias para destruir una ciudad y construir una gran novela cargada de tensión, de entrega y de esperanza consiguiendo no solo emocionar, sino sentir la tragedia.

Ante la incertidumbre provocada por un terremoto, la angustia por un maremoto y el terror por un incendio, el hombre reacciona de forma muy diferente. Así, reyes y ladrones, nobles y campesinos, profesionales de la fe y practicantes del engaño aplican el ingenio en beneficio de los dictados de su conciencia.

Quiero señalar a dos personajes de la novela que realmente me han impactado y por los que he sentido especial predilección. El primero es Titi, un mono obligado a huir en pos del innato instinto de supervivencia y resignado a regresar por el mismo instinto, aunque en esta ocasión  obedeciendo al hambre y la seguridad de lo conocido. El segundo es KittY, una monja sintiendo la llamada de Dios más allá de la clausura en los gritos desesperados de cientos de lisboetas. Con ambos he sentido, vivido y entendido porque no podemos, o no debemos cuestionar decisiones aparentemente contradictorias, pues en realidad el ser vivo es tan solo un instrumento de respuesta ante la adversidad.

Hace poco he tenido la oportunidad de escuchar a la escritora durante la entrega del premio ODILO, en la XXIII Semana de Novela Histórica de Cartagena, que le han concedido como mejor autora del 2021. No acierto a responder si me gustó más la presentación o la novela, pues si ambas resultaron originales, ambas son geniales.

En definitiva, Vic Echegoyen nos trae una mirada objetiva sobre la tragedia; una perspectiva detallada y un relato original que nos traslada hasta aquel día manejando la palabra al servicio de un libro muy, muy recomendable.