Otoño y Nueces es simplemente una novela deliciosa. Una lectura para disfrutar del camino y una historia donde el final supone caer en el vacío de nuestra propia Historia. Comprendes la realidad cruel de un tiempo quizá no tan diferente al nuestro, pues aunque hemos pisado la Luna y perseguimos la tierra de Marte, continuamos siendo los mismos. Sentimos, amamos, lloramos, reímos, nos esperanzamos con un futuro que, a veces dinamitamos con nuestras propias manos como ocurre en este libro basado en historias reales.

 

Enclavado en el género histórico, bueno eso dirán los puristas porque en mi humilde opinión estamos ante una novela que va más allá.  Una familia como la tuya o la mía viviendo un momento determinado en la Historia de España, la Guerra Civil. Para los que hayan pensado… otra vez la guerra, les diré que aquí no verás  hazañas bélicas sino vivencias, no encontrarás soldados de un color o de otro sino personas, no escucharás silbidos de balas sino susurros plagados de promesas, ni podrás oler el humo de las bombas sino el miedo de quienes como nosotros, solo buscaban un futuro.

La autora nos muestra la nobleza del ser humano y la ausencia de miedo cuando de proteger a los tuyos se trata. Ramón, el joven protagonista de diecisiete años, vive en el Madrid del 36 ajeno a luchas ideológicas, odios y venganzas. Para él solo existe un presente con su familia y un pasado de esfuerzo encaminado a un prometedor futuro con su novia Rosario. Un joven luchando sin armas mientras persigue un mañana cargado de proyectos a través de un tortuoso camino donde sus padres, su hermana y Rosario constituyen el epicentro de la supervivencia.  Hombres de carne y hueso, mujeres de bandera y sin banderas que ven como todo se desmorona alrededor, mientras intentan conservar pura la esperanza de lograr algún día ver el final.  Y entre todos ellos aparece el personaje de Paz, una joven activista republicana impulsada por unas ideas teñidas de inexperiencia.

En cuanto a la portada, tarjeta de presentación de cualquier novela, la autora nos regala una foto de los protagonistas, una imagen de su propia familia. La recoge de manos de su madre, a quien dedica el libro y la comparte con todos nosotros, sus lectores. Y es a partir de ese momento querido lector, cuando comienzas a sentir la historia.

Leer Otoño y Nueces, o lo que es lo mismo leer las letras de Mónica Moreno Fernández Santacruz es aprender con ella sin rencor, arriesgarse a  penetrar en otras vidas tan iguales y a la vez tan diferentes a la nuestra y, sobre todo es aprender que las vísceras sirven para construir futuro y no para derrumbar proyectos. Si para leer una novela necesitas sentirla, sin duda la tuya es Otoño y Nueces.