Leí Peach, de Emma Glass, hace un tiempo. Su lectura fue como una de esas comidas familiares en la que uno come todo lo que puede y no prueba bocado hasta el día siguiente porque la tripa sigue llena. Tras devorar la breve novela, un tremendo empacho se meció dentro de mí. Necesité tiempo, espacio y hacer una revisión del texto para analizar lo más importante de este libro: lo que no se dice.

«Glass consigue enhebrar en cada línea los pensamientos de la protagonista plasmándolos con total naturalidad. Que no claridad. Cómo va a haberla si nada es claro en la mente de Peach»

Emma Glass consigue enhebrar en cada línea los pensamientos de la protagonista –cuyo nombre da título a la obra-  plasmándolos con total naturalidad. Que no claridad. Cómo va a haberla si nada es claro en la mente de Peach. Algo horrible le ha sucedido, aunque no se menciona en ningún momento el incidente. De su boca no salen palabras. No se lo cuenta a sus padres; están muy ocupados manteniendo relaciones sexuales o haciendo referencia a ellas abiertamente. Tampoco lo habla con sus amigos o con su novio, Green. Sin embargo, se deduce el ataque de violencia sexual que ha sufrido Peach y las brutales consecuencias que le acarrea, tanto a nivel físico como mental. Ella intenta seguir adelante. Pero, ¿cómo vivir con normalidad de nuevo? ¿Y si no logra nombrar lo que ha pasado? ¿Puede el dolor acompañar en la sombra para siempre? ¿O pude volverse palabra y alzarse tangible ante la volatilidad del ser?

“Tengo los párpados gruesos. Hinchados. Hinchados y negros por el guantazo. Ahogados en la grasa de sus dedos viscosos y resbaladizos como salchichas. Sus órdenes rechinan en mis oídos achicharrados. Cierra los ojos. Ciérralos fuerte. Como está cerrado tu… Ciérralos. Ciérralos. Ciérralos”.

La escritora galesa se alza con un lenguaje que sorprende por su plasticidad y carácter descarnado. Las frases cortas o simples palabras, junto a una leve presencia de comas, caracterizan al texto, dotándolo de una rapidez estresante y de un mayor dinamismo.  Las aliteraciones son constantes. La sonoridad que alcanza en ocasiones es maravillosa. Todo ello funciona cargando de peso sus palabras: las descripciones se tornan en imágenes y los sentidos acarician el texto haciéndose tangibles. Huelo el hedor de la carne podrida que acecha a Peach. Noto la pesadez de su cuerpo hormigonado. Palpo su panza hinchada por una culpa que no es suya.

“Quiero ir a nadar antes de ir al médico. Darme una ducha y quedarme limpia de culpa, de sangre, de todo lo que se me ha quedado adherido”.

No hay nada corriente en Peach, ni si quiera la narración lo es, y diría que ese es uno de sus puntos fuertes. La peculiar prosa de la autora acompaña de página en página sin poder despegarte de sus palabras. Palabras que llevan a cuestionarse actitudes de algunos círculos que rodean a la protagonista y a su trauma. Trauma que es cuestionado en sí mismo. Peach deja a todos tan descolocados como impresionados por las profundas reflexiones que subyacen bajo la intensidad del texto. Poco más de cien páginas de pura lucidez.

 

  • Título: «Peach»
  • Autora: Emma Glass
  • Año: 2019
  • Fecha de publicación: 15 de abril
  • Editorial Sexto piso
  • Formato: Rústica
  • Género: Novela
  • Páginas: 120
  • Tamaño: 15 x 23 cm

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