La compleja pregunta de si es posible separar la obra y la vida de un autor se convierte, en el caso de los premios Nobel, en un dilema estético-moral total. Porque después del Nobel de la Paz, el de Literatura es el más político y por tanto polémico de los premios que entrega la Academia Sueca. Así, ¿deberían haberle dado el Nobel a Borges, a pesar de que apoyó a diversas dictaduras militares latinoamericanas, ya que se trata de uno de los grandes escritores del siglo XX? ¿Fue un error entregarle en 1989 el Nobel a Camilo José Cela, cuya obra literaria no ha trascendido demasiado y, para colmo, durante el franquismo ejerció de censor y de espía para el Ministerio de Información?

«Porque después del Nobel de la Paz, el de Literatura es el más político y por tanto polémico de los premios que entrega la Academia Sueca»

Uno de los dos premios de este año ha causado, para variar, mucha polémica, sobre todo en Europa. El Nobel del austríaco Peter Handke, que había manifestado el apoyo al criminal de guerra Slobodan Milošević, ha provocado malestar entre buena parte de la intelectualidad y la opinión pública, pese a la admiración general que, en el plano estético, suele despertar su literatura. En cambio, la elección de la segunda nobel, la polaca Olga Tokarczuk, parece haber resultado mucho más silenciosa. Pero en Polonia la noticia ha sido una auténtica bomba, subrayando de paso la tremenda división política de la sociedad: el ex primer ministro polaco Donald Tusk, ahora en la oposición, celebró el premio diciendo que había leído toda la obra de Tokarczuk «de principio a fin», en referencia a las declaraciones del ministro de Cultura Piotr Gliński, que antes de que le dieran el Nobel había afirmado no haber conseguido llegar al final de ninguno de sus libros. Mientras que un bando la acusa de «antipolaca» por criticar el discurso histórico oficial, la otra mitad del país la admira justo por lo mismo; estos adoran que sea vegetariana, feminista o defensora de los derechos de los animales, aquellos lo odian.

Pero más allá de las fronteras de Polonia y de sus rencillas políticas, dejando de lado la vida de Olga Tokarczuk, ¿merece la pena acercarse a su obra?

Sobre los huesos de los muertos es uno de sus tres libros traducidos al español, en este caso por Abel Murcia; fue publicado primero en México (Océano, 2015) y luego en España (Siruela, 2016), aunque está en las estanterías polacas desde 2009. El día de la entrega del premio, era el único libro de Tokarczuk disponible en las librerías españolas, por lo que parece una buena forma de empezar a leer a la polaca. Además, el escenario de la novela y su género literario la hacen muy atractiva y accesible para cualquier lector hispanohablante: la acción tiene lugar en el lado polaco del valle de Kłodzko, una parte de los Sudetes muy cercana a la frontera con Chequia, y se dispara cuando empiezan a aparecer hombres asesinados en extrañas circunstancias, como en cualquier novela policíaca. El frío, la nieve, la oscuridad, el viento, la áspera flora, la agreste fauna, el aislamiento de la sociedad, el poder omnipresente del catolicismo, la corrupción policial y un modo de vida opresivo y tradicional, por no decir heteropatriarcal, conforman el ambiente perfecto para que se desarrolle este peculiar thriller. Así, podemos conocer la Polonia rural y montañera, tan real y presente como la Polonia de las grandes ciudades —Varsovia, Cracovia, Gdańsk, Breslavia—, pero mucho menos conocida fuera del país.

«Aparte de los factores geográficos y culturales, la obra de Tokarczuk destaca en el sobresaturado mercado de la novela policíaca por el perfil y las circunstancias de sus muertos»

Aparte de los factores geográficos y culturales, la obra de Tokarczuk destaca en el sobresaturado mercado de la novela policíaca por el perfil y las circunstancias de sus muertos. A diferencia de la trillada víctima femenina, joven y virginal pero sexualizada, tópico explotado en, por ejemplo, El guardián invisible de Dolores Redondo o en la película La isla mínima, los cadáveres encontrados en Kłodzko son de hombres adultos y fuertes, algunos poderosos y todos cazadores y, no hace falta decirlo, muy machos. Además, los indicios parecen señalar que fueron asesinados ni más ni menos que por animales; entre otros, por corzos (cuyos cuernos, símbolo hipster, adornan la portada de Siruela). De hecho, Sobre los huesos de los muertos es, por momentos, una novela policíaca fantástica que emborrona los límites entre lo empírico y lo sobrenatural, en la línea de La investigación del también polaco Stanisław Lem; en otras ocasiones, se acerca a las películas de terror sobre la venganza de los animales contra los humanos, como Los pájaros de Hitchcock; pero después de este coqueteo genérico regresa a las novelas de detectives clásicas, en concreto a una de Agatha Christie cuyo título no revelaré para no fastidiar el final.

No obstante, y sin desmerecer en nada todo lo anterior, la principal virtud de la novela de Tokarczuk es su narradora y protagonista, la genial Janina Duszejko. Aunque su apellido se pronuncia Dusheico, otros personajes hombres se refieren a ella como señora Duszeńko; pero este pequeño desliz no es tan inocente como parece sino que encierra la relación que Duszejko mantiene con su entorno: es una mujer mayor, solitaria, culta y bien educada, con experiencia laboral internacional, amable, atea, sensible, lectora de William Blake, feminista, vegetariana y una tenaz defensora de los derechos de los animales, así que en su pueblo de cazadores se siente marginada y menospreciada. A pesar de ser una ingeniera de caminos jubilada, da clases de inglés a niños en la escuela y cuida de las casas de sus vecinos, desocupadas durante la temporada más fría, por lo que Duszejko es una mezcla de Robinson Crusoe y hombre renacentista: puede arreglar con sus manos un canalón roto o discutir la traducción al polaco de los versos de Blake. El carisma y el espíritu indócil de Duszejko la convierten en la detective ideal para resolver las muertes de los cazadores, pero ella se abstiene: está segura de que los asesinos son los animales, hartos de que los maten y maltraten. El perfil de esta singular no detective lo completa su pasión por la astrología, práctica que le permite adivinar la causa (animal) de las muertes, en contra del supuesto cientificismo de la investigación criminal, atrofiada en Kłodzko por el nepotismo y otras corruptelas. Las escenas en las que intenta convencer a varios hombres de la influencia que los astros tienen en nuestras vidas y muertes son de lo más cómico de la novela; pero lo mejor son sus enfrentamientos contra la autoridad policial, religiosa y económica: cuando vemos a esta cat lady sola versus el mundo, ya no nos reímos ni la creemos loca, la admiramos.

«Las reflexiones, observaciones y teorías de la protagonista sobre los temas más variopintos denotan el gusto de la autora por la digresión»

Las reflexiones, observaciones y teorías de la protagonista sobre los temas más variopintos —desde la astrología hasta el machismo, pasando por la vejez, la libertad, el cuerpo, la traducción o los derechos de los animales— denotan el gusto de la autora por la digresión. Por su parte, el lector (al menos este lector) lamenta que sean tan breves y no interrumpan con más frecuencia la trama principal, porque son sugestivas y lustran un estilo sencillo y solvente pero un tanto aburrido y falto de personalidad, demasiado extendido en el género policíaco. La traducción de Abel Murcia es excelente; pero, en cambio, resulta incomprensible la elección del título de la versión española, procedente de un verso de William Blake («Guía tu arado sobre los huesos de los muertos»). ¿Por qué recortar las tres primeras palabras, que sí aparecen en el título original en polaco? Puede que el recorte traicionero fuera una decisión editorial, pensando que un título corto sería más seductor para el lector hispanohablante, pero justamente los títulos largos están muy de moda.

En suma, Sobre los huesos de los muertos es una novela policíaca muy estimable e inteligente que describe una parte poco conocida de la sociedad polaca y trata temas realmente actuales, pese a que fue escrita hace ya diez años. Hoy en día merece mucho la pena leerla, y no solo por el premio Nobel; de hecho, quien conozca un poco los entresijos de la política y la sociedad polacas se sorprenderá de lo proféticas que llegan a ser algunas de sus páginas, sobre todo las que ocurren en la escuela y en la iglesia.

Además, al terminar la novela puede que el lector quiera visitar esta otra Polonia y leer o releer la poesía de William Blake, ya que los episodios empiezan con citas suyas entrelazadas a la perfección con el argumento, como si los versos del británico hubieran sido escritos para ilustrar la novela de la polaca; en algunos momentos, Blake se transforma incluso en un visionario del movimiento de la liberación animal, como la misma señora Duszejko. Pero no hace falta ser adivino ni astrólogo para saber que el lector que acabe Sobre los huesos de los muertos de Olga Tokarczuk querrá seguir leyendo a la nobel polaca.

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