María Esclapez es la psicóloga de moda, hace semanas publicaba su tercer libro “Me quiero, te quiero”, una obra que cuenta su experiencia como terapeuta de pareja. En este libro se abordan los problemas más comunes en las relaciones íntimas, desde los mitos del amor romántico hasta la dependencia emocional. Además de la importancia de construir relaciones sanas y el manejo de emociones en el amor. 

A parte de ser la autora de “Me quiero, te quiero”, ¿Quién es María Esclapez?

¡Qué difícil! Te voy a decir lo básico, soy una mujer de treinta y un años, soy psicóloga, terapeuta de pareja, sexóloga… mi día a día se basa en divulgar situaciones como esta por ejemplo, tratar con pacientes, con asuntos de dependencia emocional, problemas en general, emocionales. Y bueno, la persona que soy me ha costado mucho construirla si te soy sincera, porque todo esto que ves ahora, no es fruto de la casualidad, es fruto de mucho trabajo profesional y personal también. Pero ya que me has preguntado por lo personal, te diré que hay mucho trabajo y lo que queda, yo creo que esto es un trabajo de años. 

¿Qué concepto tiene de la sociedad actual?

Me centro en lo que yo sé, en mi tema, puedo hablar de muchas cosas pero no me meto en temas en los que no conozco. En lo que a las relaciones de pareja respecta, veo cada día mucha relación superficial, relaciones líquidas se llaman. No son relaciones construidas, no son relaciones en las que hay trabajo, son muy tóxicas, porque aquello que no se trabaja y esperas a que aparezca. Porque un mito del amor romántico te dice que eso es así, pues no es trabajarlo simplemente es dejar que pase. Veo personas que quieren que las cosas fluyan sin poner ningún esfuerzo. También veo personas jóvenes que se esfuerzan mucho, hasta tal punto que se sacrifican por las relaciones. Entonces, no hay término medio, no veo eso de la lógica y viabilidad, desde un punto en el que trabajen su relación de pareja. Los veo muy perdidos, es imprescindible una buena educación sexo-afectiva en las aulas, en casa y es algo que hoy todavía no se da. 

¿Qué opina del postureo? ¿Qué tal se maneja en redes?

Yo las redes las llevo bien porque he aprendido a gestionarlas. En cuanto empiezas a tener más visibilidad, no todas las opiniones son buenas, te llegan cosas que no son muy buenas. Al final, trabajas tu inseguridad, tus expectativas en torno a los demás. Al final, eso es trabajo personal, también. En cuanto al postureo, sinceramente no sigo a ninguna cuenta así, alguna que otra seguiré pero, sé que eso no es la realidad. A mi sinceramente no me llega ese contenido de postureo, sé que está muy construido y juega mucho con la psicología. A través de una imagen te da una idea de cómo es la vida de esa persona. Yo sé que mucha gente, incluida yo, nos comparamos y esperamos tener un poco de lo que nos muestran, de esa vida ideal. Somos muy exigentes por alcanzar esa vida, pero es que no es la realidad y es solamente lo que la persona te muestra, por eso se llama postureo. Respecto a los jóvenes, que me preguntabas antes, a ellos sí que les afecta mogollón, se frustran muchísimo, se machacan por no tener eso. Yo he aprendido a que esas cosas no me lleguen tanto pero, al final tengo mis momentos de debilidad porque soy una persona normal y corriente, soy humana, como dice Chenoa. Nadie está libre de las malas pasadas que nos puede jugar la cabeza, pero sobre todo los más susceptibles son los jóvenes. 

¿Cree que todo el mundo debería de ir a terapia, al menos, una vez en su vida?

No estaría mal. Creo que a nadie le vendría mal un repasito. Por lo menos una vez en la vida, para ver qué has aprendido, cómo has aprendido a relacionarte o para ver si tienes que mejorar algo. Con mejorar no me refiero a que el psicólogo te lo diga, sino que lo aprendas por ti mismo, para conseguir otras cosas o aceptarte. Yo animaría la gente a que vaya a terapia. 

¿Da vergüenza admitir que se ha tocado fondo?

Yo creo que sí, porque hay mucho estigma, aunque no lo parezca, sobre la salud mental. En los jóvenes menos, se expresa más en las redes sociales y estamos pegados a ellas. Pero claro, cuando ya sales de la generación Z y te vas a tres generaciones, da mucho pudor decir que vas a terapia. Es cómo revelar un gran secreto, esto no pasa por ejemplo cuando vas al médico porque te has roto un pie, lo cuentas e incluso la gente te pregunta. Sin embargo, en una depresión, no lo cuentas porque necesitas intimidad en esa conversación, son muchos factores, al final, reconocer que has tocado fondo es muy difícil para uno mismo. 

¿Queremos como nos quisieron o queremos como nos quisieron nuestros padres?

Las dos cosas. El apego en esto tiene mucho que ver con la pregunta, nosotros aprendemos a relacionarnos con nosotros mismos y con los demás, desde la infancia. Desde la relación que tenemos con nuestros padres, nuestros tíos, la figura es de apego. Si yo aprendo eso desde pequeña, cuando sea mayor reflejaré todo eso que he aprendido. De hecho, hasta los once dicen los psicólogos infantiles, a partir de esa edad, es muy difícil. A partir de esa edad, somos más conscientes de cómo se hacen las cosas. Si somos adolescentes ya decimos que si lo hacen nuestros padres, es normal. Si nuestros padres se gritan, pues nosotros también. Si lo normal es la ley del hielo, la voy a hacer aunque no sepa qué es. 

¿Qué dice de España que uno de los libros más vendidos sea “Me quiero, te quiero”?

Estoy flipando, pues es que es verdad, está teniendo mucho éxito, me alegro mogollón. Por una parte siento que hay una necesidad que se está cubriendo, yo que soy psicóloga por vocación me alegro de que se cubra. Había gente que tenía la necesidad de ver qué pasaban en sus relaciones, de trabajar consigo mismos, puede hacerlo y es un paso muy importante. Me siento súper plena, es lo que buscaba, ayudar a la gente. Yo desde que era pequeña, no sabía si quería ser policía, abogada o lo que sea. Tenía claro que quería ayudar a la gente, me gustaba la psicología, pero al principio era mi misión en la vida. Tenía que ver con mis valores y que ahora lo esté consiguiendo a gran escala, me parece alucinante. 

¿Cuál es la pregunta que más le hace a sus pacientes?

La pregunta más habitual es ¿qué sientes?, ¿cómo estás?, ¿qué piensas?

Este libro está inspirado en el amor pero, ¿se podría llevar al terreno de las amistades?

Sí, porque al final hablamos de vínculos. También me preguntaron si era para relaciones monógamas de pareja, la respuesta es no, es válida para cualquier tipo de vínculo. Llámale como quieras, de rollo, de casi algo, pero hay un vínculo. La llames como quieras, te va a servir porque estas conductas y comportamientos se dan en cualquier tipo de vínculo. 

¿Le ha dado pudor abrirse en canal contando sus propias historias?

Pues sí y no. Por una parte quería hacerlo, porque desde que propuse la idea a la editorial, quería contar mi vida, quería hablar de esta parte de mi vida. Por otra parte, mientras lo escribía sentía que lo iba a leer todo el mundo, pero mi otro yo también me decía que eso sería lo que más ayude. Porque ver que una psicóloga ha vivido todo esto… hay otra cosa y es que, la gente se cree que los psicólogos no podemos estar mal. No tiene ningún sentido, es como si le dices a un médico que no puede ponerse enfermo nunca. Contar que yo soy psicóloga y he tenido relaciones dependientes hasta mis veinticinco años, sé que choca mucho. Pero quiero contar mis vivencias, para quitar la culpa a la gente sienta eso. A veces, pasan cosas, entras en una relación así sin darte cuenta y da igual seas quién seas. A veces, aunque hayas aprendido y sepas identificar, caes, sin querer. Este libro invita al lector o lectora a que se perdone, porque hay cierta culpa. Esa carga te la tienes que quitar, si la sigues retroalimentando, te sigues castigando. Al final del libro lo comento. La gente me dice que es otra persona tras leer el libro. 

¿Hay algún motivo especial por el que lo haya querido estructurar mediante conversaciones de Whatsapp?

Es nuestro día a día, cuando la gente lee las conversaciones me dice que me he metido en su móvil a hacer capturas y que estoy analizando sus conversaciones de Whatsapp. Yo me he dado cuenta de que es una manera real, nos sentimos identificadas porque es nuestro día a día. Yo lancé este proyecto sin red, por las redes sociales, al principio bien porque hubo gente que se sentía identificada y luego hubo una parte mala que dijo que no era tóxico, que era normal. Hay de todo en esta vida. Es que no me puedo creer que la gente no lo vea, hay muchas personas que siguen en la caverna de Platón, viendo las sombras, sin querer ver la luz. 

¿Qué le diría al CEO de Tinder?

Yo creo que el problema no son las redes sociales, el problema es el manejo que hacemos de ellas. Si yo tengo Tinder e Instagram y plasmo mis ideas sobre el amor, basado en mitos del amor romántico, lo estoy usando como medio para canalizar las relaciones. El problema no es de las plataformas, es de la idea que tienes en la cabeza. 

¿Qué le ha aportado “La isla de las tentaciones”? ¿Por qué existe esa necesidad de poner las parejas a prueba?

Cada programa tiene su formato, no lo sé. No estoy allí, para saber cómo funciona, no es mi trabajo. Me ha aportado una oportunidad para traducir escenas que se normalizaban o romantizaban, yo he usado lo que salía por la tele para hacer psico-educación, para educar sobre las relaciones de pareja sanas. Para decir lo que no es normal, no es sano o tóxico. Me ha venido muy bien porque al final la gente se ha dado cuenta gracias a esos ejemplos de la tele. 

¿Qué proyectos tiene a corto plazo?

Seguir haciendo lo que hago, seguir divulgando, pasando mi consulta e intentar tener una vida lo más tranquila posible. Esas son mis metas a corto, medio y largo plazo.