LA HIJA DEL LOTO, exquisita novela de la madrileña Paloma Orozco y recalco lo del gentilicio porque tal parece que fuere nipona (dado es el grado de aportación de conocimientos sobre esta cultura de la que hace gala en la novela), ha sido la primera obra que sobre este país y su historia he leído y tengo que significar que casi nunca confieso estos pareceres personales, esto es, sobre mi saber o no acerca de la temática de las novelas que pasan por mis manos. Ver, he visto alguna que otra película, documental, etc. sobre samuráis, sobre el honor, las tradiciones del imperio del sol naciente, pero quizá no dejaron poso alguno en mi acervo cultural.

Acercarme a la lectura de esta novela ha sido todo un acierto que no sé si seré capaz de expresar, aunque mucho me gustaría si consigo que con ello otros lectores la tomen en sus manos y la devoren como me ha pasado a mí. Y es que, más allá del entretenimiento que supone la lectura (cada lector tiene sus motivos) y de la historia que nos cuenta la autora a través de los personajes reales y ficticios, cada vez que abría el libro para continuar la lectura allí por donde la dejé el día o la noche anterior, tenía la sensación de poseer una enciclopedia de japonés en mis manos, no por su grafía, sí por sus muchos términos para mí desconocidos. La sapiencia de la autora le dictó seguro, que un glosario de términos habría de contener la obra y así, las páginas 461 a 472 contienen esa relación, ese vocabulario que el lector ha de ir consultando, cuando no en el mismo texto la autora junto a la palabra en cursiva, añade su significado. Me consta que para algunos lectores puede suponer un engorro ir saltando al final y volver a la página de lectura cada vez que aparece una palabra o término japonés. Para mí no, yo le agradezco a la autora que incluyera dicho glosario.

Hacer un resumen o sinopsis de la novela no es el objeto de esta mi humilde reseña-opinión, pues para eso está la contraportada, o el booktrailer que podemos encontrar en las redes sociales afectas a lo cultural y a la lectura; también están en los libros los hechos históricos en los que se apoya la autora como es la época feudal del Imperio Yamato o país del sol naciente. La novela abarca en concreto desde mediados de la era Tenshô (que discurre entre los años 1573 a 1592), era Bunroku (de 1592 a 1596) y principios de la era Keichô (a partir de 1596), hasta el período Edo que comenzó en 1603. Mi aportación respecto a la lectura y recomendación de esta simpar novela llena de lirismo y prosa hecha poesía por su singular narración y por la propia cultura nipona a la que hace referencia en todo momento, quiero encaminarla a dar cuenta del valor literario de la obra. Ojo, no soy un experto en ello, ni lo pretendo, pero partiendo de determinadas valoraciones me atrevo a estimar la novela de Paloma Orozco, LA HIJA DEL LOTO como una obra que hacía falta en el panorama de la novela histórica más allá de la cultura occidental, más allá de romanos, godos, musulmanes, egipcios, etc. Entiéndase, y si no, me explico: que, no dándose el fenómeno histórico oriental suficientemente novelado, aunque es cierto que hay grandes títulos de grandes autores, esta novela, Premio de Literatura Histórica “Hislibris” a la mejor autora novel del 2022, viene a cumplimentar, ¡y en qué medida! ese espacio para que los lectores de novela histórica, ávidos de cambiar de épocas, situaciones, de siglos, de culturas, nos apliquemos a su lectura.

Invita la novela desde el principio a sumergirse en un mar de poesía, de belleza, de simbolismo. Un crisol que recoge, aúna, conserva y perfuma unas historias, las de la vida misma, pues hay cosas que no cambian, como el amor, el desamor y sus adláteres como son el odio, la mentira, la traición, la venganza, …; todo ello en un ambiente de fantasía, fabulación, creencias, simbolismos, supersticiones y en un contexto de crueldad y violencia. Y siendo todo ello así, la autora nos lo cuenta experimentando con cortos capítulos, (medida amenizadora y que proporciona dinamismo y ritmo a la lectura) con frases cortas, imbuidas de lírica, y lo borda con un uso sencillo pero exquisito del lenguaje, donde el verbo tiene su preciso lugar, haciendo que los sujetos (los personajes) nos hablen, nos comuniquen sus cuitas, nos cuenten sus temores, nos participen sus deseos, nos contagien sus ansias, nos metan miedo con sus fantasmas, nos lleven por las sendas de sus destinos escritos ya desde su nacencia, nos expongan a mil peligros, … Pero no importa, caminamos de la mano de una gran escritora que maneja diestramente, la escritura, el lenguaje de Cervantes, como La hija del loto maneja la espada, aunque Tomoe no era diestra, pero eso quizá eso no tenga importancia.

Justo es también reseñar que esta novela no es solo una historia de Samuráis, los guerreros del antiguo Japón, de su tiempo, de su importancia, de su singular cultura, de su leyenda, porque por encima de todo y a tenor de las vivencias de los personajes, es una novela de superación, de búsqueda de la identidad. Me abstengo de comentar aquí si los personajes alcanzan o no aquellas metas o destinos que estaban abocados a seguir. Lo importante es cómo Paloma Orozco nos hace partícipes y cómplices de aquellos “vivires o sinvivires” que mueven a los personajes a actuar de una u otra forma. Por cierto, que, aunque a veces parece que la senda descrita o que se vislumbra en el camino de la narrativa lleva a nuestro personaje hacia determinado lugar, igual nos equivocamos. Es mejor no aventurar y continuar la lectura.

Ah, y si no es lo que esperábamos, con perdón, pero nos aguantamos, ¿o es que no tiene derecho la escritora a encauzar los acontecimientos en su obra como mejor opine? Digo esto porque a veces, objetamos por estos hechos que la novela no es buena, que si tal, que si cual. Pues no, simplemente es que no coincidimos en pareceres.

Dos son las tramas principales que nos vamos a encontrar en LA HIJA DEL LOTO y ciertamente dos personajes femeninos muy fuertes que serán ambivalentemente antagonistas y compañeras entre ellas, pero sin quererlo ellas ni sin proponérselo. Es lo que es destino les marca. Una es Tomoe – Ren – Hija del loto de carácter impertinente, combativa, dura, violenta, que oculta su desfigurado rostro tras una máscara, aunque lo que realmente oculta es su inseguridad y su soledad. Ella es de clase alta. Otra Kurai – La sombra – Haruki es una mujer que el destino la había marcado como un despojo absoluto, pero que quizá logre alcanzar sus sueños. Ella es de clase baja. Cualquier casta superior podía maltratar, violentar e incluso asesinar a cualquiera de una casta inferior. Sin duda esto y otras muchas injusticas habría de provocar las grandes agitaciones sociales y políticas que llevarían a la gran guerra que traería nuevos horizontes para aquel mundo feudal del imperio del sol naciente.

Es imprescindible mencionar que, junto a las vidas de estas citadas mujeres, protagonistas indiscutibles de la novela rotarán diversos personajes algunos con más significación que otros, pero todos necesarios, tanto los históricos que nos sitúan en ambiente en cuanto al tiempo, como el resto de los que la autora ha creído precisos poner sobre el papel: Sakura Tomokyo, Shioda, Kigei Arima, Kumagai Yoshikyo, Yuuki Kitsune, Kiyoshi, Takemura, Mochizuki Chiyome, Katahito, el emperador, Tokugawa Ieyasu, entre otros. Hasta los fantasmas traídos a escena tienen su singular importancia y el lector conseguirá “verlos” cómo interactúan en las acciones con los vivos que los convocan o a quienes se les presentan así, sin más. Aunque en realidad tiene mucho sentido la “aparición” de tales fantasmas o espectros ya que la novela cuenta con gran cantidad de elementos fantásticos que giran alrededor de la historia. Hay incluso elementos que parece que tienen vida propia. Tal es el caso de la famosa espada del infierno Kusanagi, que Tomoe – Ren – La hija del loto habrá de sacar a bailar de vez en cuando, sobre todo para hacer valer el apodo “Dragón” por el que es conocida por sus enemigos.

La ambientación que nos presenta Paloma Orozco en la novela es también digna de destacar en cuanto que tratándose de un período tan complejo y convulso como el siglo XVII japonés, sin duda ha tenido que realizar un exhaustivo trabajo de documentación para presentarnos las escenas tan distantes a nuestra cultura y tiempo. Para ello ha usado de recrear el lenguaje y la elegancia propia de aquellos textos clásicos nipones que empero hablan de crueldades y grandes hechos donde la violencia estaba al orden del día. Pero sutilmente como “pomada para los golpes” la autora envuelve los textos tétricos con la exposición de canciones populares Haiku, un tipo de poesía originaria del Japón (texto breve compuesto de unos pocos versos) cuya esencia original venía a unificar ideas o imágenes poéticas, generalmente sobre la contemplación de la naturaleza, aunque también es común que se refiriera a la cotidianidad de la gente. Y al igual que los haikus, también refleja a lo largo de la obra varios Tanka, otro tipo de poesía tradicional japonesa muy relacionado con aquellos, si bien estos solían escribirse como expresiones de gratitud, amor o autorreflexión.

Los Haiku y Tanka que trae a colación la autora no solo harán reflexionar a los personajes; también el lector quizá se sienta tentado de cavilar sobre su sentido y oportunidad. En todo caso podrá apreciar la belleza de expresar a veces grandes pensamientos o pareceres de vida en muy pocas palabras, algo así como reunir en pocos pentagramas la mejor música, representar con pocas notas el mejor sonido de la naturaleza, de la vida. A modo de ejemplo, un Haiku:

Un feo gusano
mira su rostro en el estanque.
Nunca será mariposa.

Otro aspecto a significar de esta novela es que podría decirse que no se trata de una novela de acción, sino de una novela coral de personas, de los distintos personajes cuyas vidas “desnuda” la autora al abrigo de las páginas, de los párrafos, de los capítulos. Las desnuda porque nos las relata sin ambages, frescamente, de sopetón, porque esas vidas pueden ser “cortas” o “largas” pero lo que cuenta es la interacción entre ellas. Porque hay vidas con “sombras” y “sombras” en las vidas. Hay acción, claro que hay, pero Paloma Orozco no se recrea en los detalles bélicos de tripas que se desgajan o caballos que caen en la batalla y eso que la descripción de la famosa batalla de Sekigahara sin duda daría para echar la bilis retratando aconteceres de derramamiento de sangre, orines y todo lo que el cuerpo humano es capaz de evacuar. No, la autora en su afán de brillar, y brilla, en lo poético, en lo prosaico bordado de lirismo, pone de relieve la vida como fundamental, donde la amistad también tendrá un lugar, la familia, un gran espacio, y el amor en el corazón.

Taza a taza, capítulo tras capítulo, irá el lector experimentando las 475 páginas embelesado de poesía, bebiendo el sake en choko, saboreando el dulzor del amazake, sorbiendo en chawan el mejor té samurái, quemando hangon-ko en evocación de los espíritus, escuchando al adivino kataribe, vistiendo un kosode, degustando las setas matsutake, los pastelillos mochi, o el caldoso arroz nanakusa, conociendo el sonido del shamisen, jugando al shôgi cual general samurái, o al taketombo como niños, y tal vez también evocando espectros o yurei. Contiene pues la novela los justos y medidos ingredientes para disfrutarla con los cinco sentidos.

Ofrezco para finalizar una docena de frases (sin duda hay muchas más) que me han parecido interesante recalcar. Quizá su lectura procure mejor intención hacia el acercamiento a la novela que mis torpes palabras a modo de reseña-opinión, que aquí terminan.

 

ALGUNAS FRASES QUE ME IMPACTARON

  • Avanzan hacia la explanada llena de flores muertas mienta la “oscuridad empieza a iluminarlo todo” (pág. 25)
  • Sus lágrimas son invisibles porque un samurái no llora (pág. 34)
  • La espada que salva a un hombre mata a otro (pág. 77)
  • La serenidad es estar sosegado aun cuando lo que nos rodea sea un caos (pág. 80)
  • Cuando cedes el paso amplías tu sendero (pág. 143)
  • Transporta un puñado de tierra todos los días y construirás una montaña (pág. 280)
  • Dicen que un recuerdo es un recuerdo de un recuerdo y que nunca lo que habita en la memoria es el recuerdo que fue (pág. 289)
  • Solo a los poetas les es dado ver la trastienda de la vida (pág. 291)
  • … añorar el pasado es correr tras el viento (pág. 323)
  • No te preocupes del peinado si te van a cortar la cabeza (pág.362)
  • A veces las preocupaciones pasan ocupándose (pág. 411)
  • Las estrellas son la risa de los dioses (pág. 452)

 

LA HIJA DEL LOTO    [ 蓮の娘 ](Hasu no musume)

  • Autora: Paloma Orozco
  • Editorial: Edhasa
  • Nº.  Páginas: 475
  • Fecha lanzamiento: Octubre de 2022
  • Género: narrativa histórica
  • Época de la novela: Siglo XVI a XVII (mediados de la era Tenshô hasta período Edo)
  • Localización de los hechos: Japón feudal (Imperio Yamato)