Cuando en una plataforma recién nacida como Bookólicos puedes contar con un autor como Armando, el trabajo de promocionarlo te cuesta muy poco, porque es un escritor que esconde en su modestia un talento innato que sabemos llegará al lector con la suavidad de una brisa de verano.
Encontramos en su pluma tintes de otras épocas en las que las palabras cobraban cierto significado más allá de lo escrito, una literatura que queda fuera de la inmediatez de este siglo por su habilidad de sugerir, entre sátiras, reflexiones profundas. Algunos psicólogos opinan que la mejor forma de recordar algo es evocando la sonrisa que te provocó, y Armando sabe mucho de eso.
Pasen, lean y sonrían.
A pesar de tener una novela publicada y de ser activo en RRSS, no hay mucha información sobre ti como escritor. ¿Quién es el escritor José Armando Barcelona?
Básicamente, soy un enamorado de la literatura, que se divierte escribiendo. No diré que para mí escribir constituye una terapia, porque no tengo traumas importantes que atender y, además, para esas cosas va mucho mejor la vortioxetina. Es una afición que me causa mucho placer, pero lo mismo me ocurre con el vino, por ejemplo, soy muy fan de ambas. A mi edad ya van quedando menos espacios en los que cultivar el ocio con dignidad y aprovechamiento.
Tienes un blog llamado escribidor.es donde compartes relatos, artículos, poemas, etc. Háblanos de este espacio personal. ¿Con qué fin lo creaste?
Pues como digo en la presentación del blog, es un ejercicio de exhibicionismo con el que le quito las telarañas al aburrimiento; sin pretensiones, muy de andar por casa y me sirve como vehículo de comunicación con los amigos y quien quiera pasarse por ahí. Me gusta mantenerlo y lo voy alimentando semanalmente. No recibe demasiadas visitas, pero no busco notoriedad y soy consciente de que hay muchísima oferta de calidad en Internet. En cualquier caso, los que no vienen a mi casa no saben lo que se pierden, angelicos.
También participas activamente en el Grupo de escritura creativa de la editorial Cuatro Hojas. ¿Qué te aporta este grupo como escritor?
La verdad que es muy importante para mí. Llegué a él por casualidad, hace más de tres años y me acogieron con mucho cariño. Es un grupo notable, con once mil miembros, un punto de reunión para escritores aficionados de habla hispana, porque hay mucha presencia de escritores y escritoras de América y con un nivel bastante alto. Es precisamente ese grado de exigencia el que me obliga a esforzarme en hacerlo bien. El reto de tener que escribir sobre un tema distinto cada semana constituye una inmejorable gimnasia intelectual. Como digo, hay compañeras y compañeros en Cuatro Hojas con mucho oficio y es una fuente de aprendizaje continua. Además, se disfruta de muy buen rollo y nos damos consejos, sugerencias, es un grupo muy participativo en el que se llegan a crear vínculos de auténtica amistad. Fue un acierto, para mí, encontrar Cuatro Hojas.
En tu novela Como caído del cielo, de la editorial Cuatro Hojas, mezclas humor y surrealismo. Nos recuerda al mejor José Luis Cuerda en su película Amanece que no es poco. ¿Cuáles son tus influencias como escritor?
A ver, me inicié en la lectura desde muy niño, con los típicos tebeos de la época: Capitán Trueno, Jabato, Roberto Alcázar y Pedrín, el pleistoceno, vaya. Luego vinieron Verne y Salgari, lo típico, pero siendo todavía un chaval, con once o doce años descubrí nada menos que a don Francisco de Quevedo y Villegas y ahí se fastidió la cosa. Me tira mucho la sátira y el absurdo. Otro autor que me cautiva e influyó mucho en mis primeras lecturas juveniles es Jardiel Poncela, un genio de la literatura de humor. La Codorniz, Hermano Lobo, la primera etapa de El Jueves, han sido también de gran influencia en mi forma de escribir. Quiero divertirme y, la verdad, lo consigo. Mi objetivo es que el relato, cuento, artículo, lo que sea que escriba en ese momento, me haga sonreír, cuando no mearme de la risa, que ocurre a veces. Algo de culpa, en esto último, puede tener la próstata, no lo niego.
Háblanos de tu novela «Como caído del cielo». ¿Cómo se te ocurrió esa loca historia?
Viendo de cerca cómo son las fiestas en los pueblos. Llevaba un tiempo dándome vueltas por la cabeza una pregunta, que es cómo a mí se me suelen manifestar las epifanías: ¿qué pasaría si en las fiestas de la Virgen de agosto, al paracaidista que cierra el espectáculo principal no se le abre el chisme y se queda levitando a medio palmo del suelo? Hasta ahí la cosa tenía poco recorrido, pero enseguida entraron en acción «El Holandés», un físico teórico que cambia el Nobel por la quesería tradicional, y «Cantarranas», el cabrero ilustrado que hace sermones en latín y cita a Schopenhauer, con la misma frescura y naturalidad que usa trasegando vino en las muchas lifaras a las que se apunta. Es una constante en mi forma de escribir historias, son los personajes quienes tiran de mí y van abriendo vías, subtramas, giros increíbles, hasta que me dicen: «tira, remata tú, que ya te vale». Cuando digo esto no se lo cree casi nadie, pero es cierto, mantengo un diálogo permanente con ellos, negociamos las historias, las escribimos a medias. Pensándolo bien, quizás un poco de vortioxetina no me vendría mal.
Con lo complicado que puede resultar hacer reír a un lector, abanderas el humor como tu género preferido. ¿Cómo se consigue crear tantas situaciones divertidas sin perder la frescura?
Si yo me río con lo que estoy escribiendo, es muy posible que consiga sacarle una sonrisa a alguien cuando lo lea. Esa es la clave, que me divierta a mí y ser cuidadoso con las formas; hay unas reglas de estilo en esto de la literatura, con las que se debe ser respetuoso, eso y mucha autocrítica, le doy cantidad de lija a todos mis escritos hasta dejarlos pulidos a mi gusto y, aun así, cuando los releo tiempo después, siempre encuentro algo que se puede mejorar.

Eres un escritor que conoce bien el lenguaje y tienes un rico vocabulario. ¿Crees que leer mucho es la mejor herramienta para conseguir este conocimiento? ¿Cómo entiendes tú el lenguaje a la hora de escribir?
Hace ya mucho tiempo, observé el cuidado con que un albañil limpiaba la espátula, la llana, el barreño, incluso, en el que preparaba la masa, que después del trabajo estaban sucios y pegajosos. «Son las herramientas con las que tengo que trabajar mañana», me dijo cuando le pregunté por qué lo hacía, poniéndome cara de: «¡menuda gilipollez de pregunta!». El lenguaje es la herramienta del escritor; hay que ser muy amable y riguroso con sus necesidades. En cuanto a la lectura, creo que para un escribidor, sea cual sea su nivel, es incuestionable su importancia, no solo para adquirir un vocabulario amplio, sino también para aprender de los grandes maestros de la literatura. Pero no debemos entender la lectura como una obligación, como dijo Borges: «Creo que la frase “lectura obligatoria” es un contrasentido; la lectura no debe ser obligatoria. ¿Debemos hablar de placer obligatorio?».
¿Cómo ves tu futuro cómo escritor?
Como hasta la fecha, prometedor, en tanto en cuanto que me siga divirtiendo con la pluma. Nunca me ha preocupado publicar y solo me decidí a hacerlo con «Como caído del cielo», porque disfruté tanto escribiéndola, que me sentí obligado a compartir esa sensación. Claro, hay a quien le habrá gustado tanto como a mí, pero soy consciente de que también habrá lectores a los que no les diga nada esa clase de humor. En el futuro más inmediato podría publicar más trabajos: una recopilación de cuentos, por ejemplo, tengo suficiente material para ello; poemas; ahora mismo trabajo en una historia que me está dejando un gusto bastante agradable. Todavía necesita varias manos de enlucido y una buena capa de pintura, pero no descarto nada. Ya veremos. Soy muy exigente conmigo mismo, me dicen que tengo el síndrome del impostor y es cierto, cuando alguien elogia un trabajo mío, siempre pienso que lo está sobrevalorando. En cualquier caso, como ya he dicho antes, lo prioritario para mí es seguir pasándolo bien y compartir mis trabajos con los amigos.
Como veis, J. Armando Barcelona se vende solo a través de las palabras; su escritura trasciende su persona con una forma de expresarse que cautiva, divierte y te arrastra a su visión surrealista del mundo y sus locuras, pero que también refleja fielmente quién es este autor y lo que tiene que decir, que no es poco.
Si deseas profundizar en su obra, te aconsejamos que visites su blog: https://escribidor.es/
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