Si tienes más de 35 años es muy probable que estés atravesando una “crisis de la mediana edad”. Llega un punto en la vida en el que te paras a pensar en las cosas que has conseguido, el trabajo que tienes, dónde vives, si tienes hijos o no, si has cumplido tus metas a nivel profesional o laboral y si hubiera sido mejor de otra forma. Esa es la crisis de la mediana edad, un periodo en el que si comparamos nuestra vida como la subida a una montaña, parece que hemos llegado a la cima y el resto del camino que nos queda ya es cuesta abajo.

Todas estas reflexiones parten de un libro bastante corto y ameno publicado por Libros del Asteroide titulado En la mitad de la vida, del profesor de filosofía del Massachusetts Institute of Technology. Según su autor, la principal motivación de escribir el libro es reflexionar sobre esta crisis que afecta a él mismo e intentar llegar a conclusiones para él y todos los lectores.

Uno de los símiles que más me gustan del libro es dejar de pensar nuestra estancia en la vida como una subida a la montaña y pasar a pensarla como una U enorme, siendo los dos puntos más álgidos los de más felicidad. Tiene lógica y la argumenta porque en las primeras décadas de la vida se nos viene todo dado, todo es juego, amistad y parques de bolas y es en la mediana edad cuando confluyen el periodo de crianza de los hijos, el pago de la hipoteca, el coche que se estropea, alguna crisis de pareja, la reflexión por no haber alcanzado los objetivos marcados en la juventud, etc. Según señala, la vejez corresponde con otro periodo de plenitud si se tiene salud por la ausencia de la mayoría de condicionantes o elementos de desestabilización antes mencionados. Ese símil me ha gustado, pero no se queda ahí.

Nos recuerda que la felicidad no debe buscarse obsesivamente. La mera búsqueda constante y el cuestionamiento de si uno es feliz nos priva de alcanzarla. Solo se es feliz si se está ocupado en algo que no sea la consecución de la propia felicidad, sentencia Stuart Mill.

Otro de los elementos denominadores para superar la crisis de la mediana edad es centrarnos en actividades con valor existencial y sin un fin meliorativo en sí mismo y esa reflexión me ha gustado especialmente porque yo la practicaba sin saberlo. El autor diferencia actividades télicas (orientadas a un fin) de las atélicas (sin un fin en sí mismo). Criar un hijo, llevarlo a música, estudiar una nueva carrera, llegar a ser jefe de departamento pueden ser actividades que te aporten mucho en tu vida pero están orientadas a un fin. Buscar actividades por el mero placer de la actividad te proporcionará momentos impagables, porque no esperas nada de ellos: leer un poema, escribir este artículo, escuchar música, leer un par de horas bajo una palmera, charlar con amigos un sábado sin mirar el reloj son actividades atélicas.

Llegados a este punto, la mediana edad también es un tiempo de aprender a perderse cosas: las parejas que tuvimos, los trabajos que rechazamos, los estudios que dejamos, la gente que ya no tenemos cerca, etc. Kieran Setiya nos recuerda que no debemos exagerar el valor de tener alternativas, porque el mero placer de cambiar por cambiar se apagará cuando lleves un tiempo con el último cambio que realices. Esto se puede aplicar a parejas, trabajos, o cosas materiales que la gente pueda apreciar como coches, móviles, ordenadores, etc.

Podríamos pensar que la crisis de la mediana edad es una invención burguesa del primer mundo, si bien es cierto que no es una enfermedad “patológica” en sí misma pero tiene su relevancia porque en mayor o menor medida nos acaba afectando a todos en esta franja de edad de los 35 a los 45 años más o menos.

El libro nos recuerda algunas conclusiones que deberíamos tener en cuenta y nos proporciona algunos consejos más para abordar esta etapa de la vida llena de retos para afrontar el segundo acto de nuestra vida de la forma más plena y feliz posible.

Dadle una oportunidad, a mí me ha gustado mucho.

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