El Pacto de las Flores pertenece a un género literario en el que posiblemente no me hubiera adentrado, si no fuera porque Mireia Giménez Higón es además de su autora, una escritora de gran calidad narrativa. Hasta ahora he leído de ella otras obras pertenecientes al género de novela histórica y será por eso y porque me gusta su pluma, por lo que me decidí a  conocer el mundo steampunk.

He de confesar mi desconocimiento ante un movimiento, no solo literario sino también artístico en el más amplio sentido de la palabra.  Y como todos sabemos que la ignorancia es muy atrevida, me lancé a su libro sin indagar antes sobre el tema.  En fin, que tras el asombro inicial, detuve la lectura, me informé y me acerqué otra vez a la nueva obra de Mireia, aunque esta vez con la apertura de miras que proporciona el conocimiento. Para que vosotros no caigáis en el mismo error que yo, creo conveniente comenzar esta reseña explicando algunos de los rasgos principales del steampunk en cuanto a literatura se refiere. 

Surge como un subgénero de la ciencia ficción para convertirse, en poco tiempo y ya entrados en los años 90, en un fenómeno cultural.  Se inspira en los trabajos de H.G. Wells y Julio Verrne y el imaginario futurista de ambos autores. Pero en el caso del steampunk se da una vuelta de tuerca más para anclarnos en el movimiento retrofuturista, el género de la ucronía y la ficción especulativa. Es decir hablamos de realidades alternativas ficticias donde los hechos sucedidos en el pasado se han desarrollado de manera muy diferente a como fueron en realidad.  

Y ahora con todo esto aprendido vayamos a la novela que hoy nos ocupa, El pacto de las flores. 

Nos traslada a la España del siglo XIX donde no ganamos la Guerra de la Independencia, por lo que un grupo de aristócratas y poderosas familias se prepara para reconquistar el reino. De este modo los protagonistas viven una realidad muy diferente ambientada en la época victoriana. Grandes casas, señores, doncellas, sentimientos y un misterio se mueven entre lujosos  decorados románticos y artilugios sofisticados propulsados por carbón y vapor. La historia se desarrolla principalmente en la antigua Edetania en el interior de Valencia, aunque también nos llevará a los grandes latifundios andaluces, teniendo como principal motor económico el comercio de la seda. Conoceremos afrancesados, imperiales y rebeldes que con sus diferencias viven una  situación en un tono bélico de honor y lucha. Cabe destacar que los amplios conocimientos en el siglo XIX e Historia Militar de Mireia Giménez aportan un extra al desarrollo de la trama.

Entre la ucronía steampunk de El pacto de las flores encontramos otros  géneros que enriquecen la historia. Por un lado un thriller en un lago donde suceden varias muertes desde hace diecisiete años y nadie puede explicar la razón. Por otro lado tenemos el toque romántico de Violeta, Amber, Marga y Azucena, al igual que los hombres, se preparan para vivir una reconquista, aunque no por ello dejan de vivir sentimientos, amor, desamor y secretos, aspectos fundamentales que nos harán sentirlos vivos.

Un mundo paralelo con una sociedad de dioses, vestales, patricios y jóvenes herederas sintiendo, viviendo y luchando por creencias y honor. Entre todos ellos circulan máquinas de vapor, relojes de bolsillo y hasta una mariposa metálica. Y alrededor un incendio, libros de portadas en cuero, un lago, un baile y el teatro.

En definitiva, esta novela me ha hecho recordar, revivir y disfrutar de nuevo aquellas lecturas de juventud donde Julio Verne estuvo muy presente. Felicito a la autora por su valentía, pues tras una consolidada carrera literaria entre la novela histórica, digamos tradicional, se embarca en este nuevo proyecto, relativamente desconocido, aunque  realmente entretenido. 

Tengo la impresión que Mireia Giménez ha hecho un pacto con los personajes de la Historia, quienes a modo de flores ambientan un mundo paralelo, jugando con los acontecimientos y trasladándonos a los recónditos rincones de su desbordante creatividad. 

Sin duda un libro para huir de esta incierta y difícil realidad que nos ha tocado vivir y para disfrutarlo con nuestros hijos. Si nosotros crecimos con la imaginación de Julio Verne, ¿por qué no probar a que nuestros jóvenes lo hagan con la de Mireia Giménez Higón?