Uno leía Crónicas de la Mafia (Libros del K.O., año 2014) casi con una sonrisa en el rostro. Sé que no es la mentalidad adecuada, y reconocerlo me avergüenza un poco, pero era así.

A todos los que, como servidor, estamos muy interesados por los devenires políticos y culturales de Italia (de todas las Italias, en realidad, desde la Roma clásica hasta la Toscana renacentista, las dos Sicilias barrocas, el Risorgimento, la Guerra Blanca, el caos institucional y político de las últimas décadas) el grandioso libro de Íñigo Domínguez venía a completarnos agujeros. Fallos del guión. Sensaciones de esas que se tienen a veces. Mira, aquí falta un protagonista, aquí no han explicado cómo se ha llegado a esto, aquí no me queda clara la relación entre causa y efecto. Sobre todo en zonas meridionales, sobre todo, claro, en esa Sicilia que es un microcosmos fascinante en sí misma. Casi un continente.

«Y lo hacía, lo hace, además con gracia, porque la ironía soterrada es la mejor forma de afrontar el drama. O al menos eso creo»

Eso es lo que nos contaba Íñigo Domíneguez. Y lo hacía, lo hace, además con gracia, porque la ironía soterrada es la mejor forma de afrontar el drama. O al menos eso creo. Así que sonreías, ya les digo. Porque a veces los mafiosos y la Mafia (o la Mafia y los mafiosos) son clichés bárbaros y cazurros que parecen sacados de una novela barata. Y además a eso (al tono que yo encontraba levemente chistoso) ayudaba un hecho clave. El autor nos llevaba de su mano hasta la formación de la Mafia, escogiendo de entre todas las posibles explicaciones la menos mítica (olviden monjes, virreyes y bandidos buenos…busquen mejor en la falta de autoridad posgaribaldina) y analizando, a través de historias más o menos trenzadas, su evolución hasta la actualidad.

Y ahí está la cosa. Que el primer Crónicas de la Mafia se leía fenomenalmente como un estudio histórico. Como algo (casi) superado. Cosa antigua, de nuestros abuelos. Sí, sale Berlusconi, menudo golfo, jajaja, pero solo en el principio de su carrera como empresario, seguro que ahora ya no tiene esas amistades tan raras (ejem). Era una visión injusta para con el conjunto de la obra, que si de algo se preocupaba es de dejarnos bien claro que nos estaba hablando de un problema actual, que seguía repitiéndose en nuestro tiempo (y, dolorosamente, en nuestro espacio). Pero qué quieren, les hablo de mi sensación, y esa es siempre subjetiva.

Y menos mal.

El problema llega cuando tenemos en nuestras manos Paletos Salvajes. Crónicas de la Mafia II (Libros del K.O., 2019), la segunda parte de aquel libro inicial. Y aquí continúa habiendo humor, claro, e Íñigo Domínguez nos cuenta de formas claras, aprehensibles y amenas aspectos en ocasiones muy complicados, con mil cabos sueltos y otros tantos que, aun sabidos, jamás se podrán confirmar. De forma impecable, añado, tanto que da hasta un poco de envidia malsana.

Que lo sepas, Íñigo, truhán.

Pues eso, que en la nueva entrega se retoman algunas viejas historias, se incorporar otras nuevas. Aparecen, incluso otras variedades de asociaciones mafiosas, más allá de las provenientes de Sicilia. Sale la Camorra, la ´Ndrangheta, incluso la mafia romana. Se habla de la penetración en el norte, del salto a otros países, de colaboraciones allende el Atlántico para temas de narcotráfico. Asesinatos, guerras, planes descabellados que incluyen volar la Torre de Pisa. También, claro, la fascinación por el mal. Familias de mafiosos saliendo en las revistas del corazón italianas. Era muy majo, siempre saludaba en la escalera, un tipo ejemplar. Esas cosas, ustedes me entienden. Ah, y vuelve a salir Berlusconi, qué pillín, que tiene siempre mala suerte con estas cosas, porque está rodeado de gente que le sale rana, pero él es bueno, prístino, totalmente admirable en forma y fondo.

Así que la lectura es desasosegante. Mucho. En primer lugar se sufre por Íñigo Domínguez, que se ha debido tirar muchos años de su vida estableciendo conexiones, sacando hilos conductores de aquí para allá a través de necrológicas, entrevistas y noticias en los periódicos locales. Y luego es también abrumadora por lo otro. Lo otro. La certeza de que las dos partes de Crónicas de la Mafia no son libros de historia, sino pinceladas del presente. De uno que no se quiere ir. De uno que, incluso, parece estar creciendo.

Háganme caso, no se las pierdan.

Pd: qué coño…el segundo Crónicas de la Mafia es también divertidísimo a ratos. Y es que son cazurros. Peligrosos, crueles, criminales sin escrúpulos. Pero cazurros y horteras un rato…

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