Alicante.  Viernes 27 de agosto 2021.

El antes

El Maestral de Alicante lleva unos días inquieto, expectante, ajetreado. Ruido de sillas, mesas, platos, cubiertos, cazuelas y manteles que vuelan hasta depositarse en su lugar, se confunden entre las presurosas tareas del personal por tener todo listo para la gran noche. Hoy no solo se respira el aroma de una cocina, en esta ocasión se recupera el olor a libros. Ha llegado el momento de reabrir las puertas a las letras, del reencuentro entre escritores y lectores, de tomar una copa de vino escuchando a nuestro autor favorito. ¡Vuelven las Veladas literarias!

La cena

El reloj marca las nueve de la noche. Una fila interminable de personas espera poder entrar al local.  Manuel Avilés, vestido de negro, con una corbata gris perla y tan sonriente como seguramente la emoción le permite, saluda, abraza y bromea a quienes esta noche acuden al eco de su historia.

De prisiones, putas y pistolas, la historia real del principio del fin de ETA y de la vía Nanclares,  abre los cerrojos, apunta y dispara el pistoletazo de la reinauguración. Cincuenta veladas literarias han visto esta sala, cincuenta escritores presentando sus obras y cincuenta brindis por la literatura.

El Maestral a rebosar, un llenazo total que augura una cena más que sabrosa. Entre los asistentes, escritores y lectores admiradores del particular lenguaje  que caracteriza al anfitrión, se reencuentran o conocen según sea el caso. Por las mesas discurren platos con un significado acorde al tema del libro. Merece la pena reproducir textualmente el criterio que Manuel ha utilizado para elegir el menú. ¡Atentos!

“La sopa de caracol es una metáfora porque es lo que bailaban las brasileñas en Nanclares de Oca y los etarras perdían el culo por apuntarse al teatro cuando tenían prohibido por ETA apuntarse a cualquier cosa organizada por la institución.”

“La purrusalda con pastel de faisán hace alusión al jefe de los comandos operativos etarra con el que un día me crucé en el economato de la prisión.  Al verle temblar, le dije ─aquí hay un infiernillo─ por el olor a puerro hervido que se olía desde kilómetros. En cuanto al faisán es porque mi contacto en el PNV en la ventanilla que este tenía abierta a los etarras, Gorka Aguirre era una buena persona que murió hace unos años y en ese momento estaba procesado en la Operación Faisán.”

“En el postre, el flan de queso con helado de piña se refiere a una carta que intervine a un etarra, candidato de HB a la presidencia navarra, donde escribían: ─dicen que somos una piña, pero de la piña no queda ni el zumo.”

“¿y el vino? Vis a Vis de Casa Sicilia.”

¿Os parece o no  la elección?  Desde luego, pueden gustarte o no los ingredientes, pero hemos de reconocer que Manuel Avilés en este aspecto se ha ganado un diez.

Una voz tadiofonica ruega silencio desde un atril. Es Luz Siguenza dispuesta a dar inicio al acto.  Ella es una mujer que le conoce muy bien gracias a la colaboración literaria en su programa.

Entre duros recuerdos, años difíciles, la memoria del ministro Antonio Asunción sobrevolando la velada y una buena dosis de ironía y anécdotas, Manuel convierte con la varita mágica del humor, un asunto  tan crudo como el del libro en una distendida cena de risas.

El después

Más tarde llegan las firmas de la novela, los corrillos, más risas in crescendo, fotos, en definitiva, y como dice nuestro protagonista, el buen rollo, al que yo añado “en grado superlativo”.

El toque de queda nos obliga a marcharnos.  En el ambiente, la paradójica sensación de lo rápido que, a veces, pueden trascurrir las horas. En el paladar, el registro que proporciona compartir vino y mantel con desconocidos, que ya no lo son gracias a un libro.

Querido Manuel, a tus pies queda uno de tus ángeles pues en momentos como el de esta noche ganaste un diez en el menú y una matrícula con tu discurso.

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