En esta ocasión, The Citizen, tiene la oportunidad de entrevistar al escritor, emprendedor y agitador de consciencias Borja Vilaseca. Presenta su último proyecto «Las causalidades no existen», todo un ensayo sobre la espiritualidad para escépticos. 

 

¿Qué tal se encuentra?

Pues muy bien, la verdad, me pillas en un momento muy dulce y personal. Llevo casi diecisiete años con mi maravillosa mujer y estoy encantado con mis hijos. Y nada, me siento muy motivado con la publicación de este libro que para mi es lo mejor que se ha escrito. Yo soy el primer lector, siempre digo que soy un canal, la vida escribe a través mío. Y con mucha curiosidad por ver qué pasa, lo he escrito para un público escéptico con la intención de que llegue a multitudes. La verdad que con mucha curiosidad por ver cómo se recibe.

Como carta de presentación, ¿quién es Borja?

Bueno a ver, hay muchas maneras de abordarlo. Más formalmente, te diría que ahora mismo soy un divulgador, un portavoz del despertar de la conciencia que para mi es un movimiento que tiene que ver con la filosofía perenne. Con el legado de todos los sabios y místicos que han compartido ese mensaje de autoconocimiento con la historia de la humanidad para que las personas hagan un cambio de intuición de la vida. Y en ese sentido, doy muchas charlas, escribo e imparto cursos. Y también, mi otra vertiente como emprendedor, consciente, lidero proyectos como La Academia, para adolescentes que cuestionan la comunidad educativa y se liberen de sus cadenas mentales. Lidero el proyecto de Conscente Terra, que intenta revolucionar el sistema educativo. Al final, soy un motivado de la vida que pasa por vertientes oscuras y encontró su razón de ser, estoy cada año más motivado. Me siento más joven y más ilusionado con la vida.

¿En qué momento decide dedicarse a la escritura?

Yo estaba muy perdido cuando era adolescente, no sabía qué hacer con mi vida. Con diecinueve años empecé a escribir. Recuerdo que le escribí un mail a un amigo mío en el que me pedía escribirle cómo me sentía, él me había escrito uno muy largo. Entonces me pasé siete horas, sin darme cuenta escribiéndole mis sentimientos, cómo me sentía por dentro y mi forma de ver la vida. Estuve muy peleado con todo y recuerdo ese momento en el que escuché música en mi corazón y pensé que conecté con algo muy poderoso. Entonces, tuve la certeza de que había nacido para ser escritor con diecinueve años. A partir de ahí, estudié humanidades y periodismo. Empecé como periodista y divulgador, pero siempre tuve claro que quería ser escritor. Desde siempre me ha apasionado la psicología, la filosofía y la espiritualidad, lo necesitaba para sobrevivir. Escribir es mi terapia, crear proyectos que promuevan lo que a mi me ha servido es mi terapia. Siento que con el tiempo, no es algo que yo haya elegido pero es algo que al final es imposible que hiciese otra cosa. Soy una herramienta, un instrumento que utiliza la vida para transmitir algo y es una cosa, que cada vez siento más. La escritura de este libro es un ejemplo de ello, es una maravilla ser el canal.

Como divulgador, ¿cree que el periodismo se adapta a los nuevos tiempos?

La verdad es que no consumo prensa, no veo la televisión ni las noticias. Y eso que estudié periodismo pero, hay muchas maneras de ejercer el periodismo. Procuro de no consumir propaganda, entonces la forma de mantenerte informado es la formación que viene de dentro. Yo colaboré por muchos años, como doce años, con El País Semanal, al final utilizaba ese medio para divulgar aquello en lo que yo creo profundamente. Entonces, los medios de comunicación tienen espacio para que los periodistas conscientes puedan ejercer el periodismo como lo veía yo cuando terminé la universidad. Mi trabajo de fin de grado se llamó “Periodistas fomentadores de conciencias”. Es decir, esto siempre ha estado muy presente en mi, otra cosa es el servicio que se ejerce hoy día y el nivel en el que se encuentran los medios de comunicación masivos. Internet lo ha cambiado todo también, ha dado la oportunidad de que haya medios independientes masivos, que no estén al servicio de intereses creados sino al servicio de divulgar, democratizar conocimientos e informaciones que sean útiles para los ciudadanos. En ese sentido, soy bastante crítico con los medios de comunicación pero, tampoco soy hipócrita porque los medios de comunicación tienen una fuerza tremenda y ojalá que la publicación de este libro se pueda compartir a través de esos canales porque llegaría a millones de personas. Pero todo depende al final de los periodistas.

¿Cómo ha compaginado su profesión con la pandemia?

Yo antes de la pandemia estaba muy centrado liderando la comunidad educativa Kuestiona, con una serie de másteres. Eran todos presenciales y entonces, a mi la pandemia me pilló en Argentina y Colombia donde estaba haciendo una serie de cursos y conferencias. Me acuerdo el trece de marzo, diciéndole a todo el equipo que ya no éramos un proyecto presencial sino que éramos un proyecto on-line, además de que no iba a despedir a nadie. Nos teníamos que poner las pilas mientras devolvíamos el dinero a todas las personas que en un principio pensaban que iba a ser presencial. Estuve fuera de Barcelona, en las montañas, encerrado e intentando salvar el proyecto que tanto amo y que tanto me había costado construir. Eso fue una mili empresarial, los que somos empresarios sabemos todo lo que hemos pasado. Ahora hemos recuperado las clases presenciales, con mascarillas todavía. Hemos desarrollado un proyecto on-line y a mi personalmente la pandemia me ha transformado como empresario, es una de mis facetas. Lo que mueve mi vida es el servicio, en ese momento era la formación on-line y se aceleró todo muy rápido. Para mi la palabra que define a la pandemia es seguramente currar dieciséis horas al día, nunca he currado tanto.

¿Qué tal ve las redes sociales? ¿Las ve como una buena herramienta para acercarse a sus lectores?

Como cualquier ser humano, estoy lleno de contradicciones. Soy una persona que estoy muy activo en las redes sociales como emisor pero, muy poco como receptor. Practico el minimalismo digital, no uso el móvil, desde hace dos años no tengo Whatsapp, no uso el móvil a nivel personal… no las consumo, pero me parecen una herramienta maravillosa. No podemos juzgar las herramientas porque son neutras, las redes sociales son herramientas maravillosas para emitir reflexiones en las que creo profundamente. Evidentemente, tengo una community manager que me ayuda a gestionarlas y hago algunos directos para estar en contacto virtualmente con la gente que está al otro lado. Procuro ponderar muy bien los beneficios y las desventajas de las redes sociales. En seguida noto cierta fatiga digital, soy muy analógico y procuro que mi tiempo no sea dedicado a una pantalla. Cuento con un equipo maravilloso de personas que me acompañan en esta andadura profesional y que hace posible dar un buen servicio a la gente que se encuentra al otro lado.

¿Es creyente?

Nací en un entorno católico, cristiano, me bautizaron, hice la comunión e incluso me llegué a confesar alguna vez. Sin embargo, paradójicamente fui a un colegio laico y cuando toqué fondo a los dieciocho años dejé de creer en Dios radicalmente, me convertí ateo. A los veinticinco años tuve un momento místico y sentí lo que los místicos llaman experiencia de Dios, en las que trasciende el lenguaje, experimenté ataraxia y paz. No había nadie que estuviese experimentando eso, ahí fue cuando me reencontré con la espiritualidad. No es que crea en Dios pero, sé que existe porque lo he verificado en mi corazón pero no es el Dios creencia que nos han contado las instituciones religiosas. Es un Dios experiencia, que es el que nos han venido revelando los místicos y sabios de la historia de la humanidad como Jesús de Nazaret, Malavida… son grandes referentes para mi. En ocasiones, esa experiencia vuelve a visitarme, es un estado de relajación profunda y siento esa experiencia personalmente cuando escribo o hablo en público. Cuando soy un canal, siento que no soy yo el que hace las cosas sino que la hacen a través mío. Es una sensación que me mantiene muy cuerdo y sano. Por eso, en el libro hago una definición de cada concepto.

¿Cuánto tiempo le ha llevado escribirlo?

La idea me surgió en el año 2010 cuando publiqué un artículo en El País Semanal cuando publiqué un artículo que se llamaba “Las casualidades no existen”. Hablaba de la correspondencia, las causalidades, el efecto mariposa, la ley del karma… fue controvertido porque los lectores de El País están en una visión occidental y racional. Cualquier noción que se salen de ahí lo meten en el saco de la pseudociencia, hay mucho prejuicio. Entonces, lo ridiculizan de forma arrogante sin dar la oportunidad de experimentarlo. Así es como yo era hace muchos años. Entonces un lector me escribió diciéndome que había cosas que compartía y otras que no, ese mismo lector ponía las reflexiones que había hecho en el saco de la religión. Soy un impulsivo apasionado de mente y le dije que la religión no tiene nada que ver con la espiritualidad, que entendía a los ateos porque yo había sido uno de ellos. Pero, los creyentes y no creyentes están en la liga de lo racional y la espiritualidad está en otra, son deportes diferentes. Uno se basa en la creencia y otro en la experiencia, le dije mi idea de escribir un libro y que se lo iba a compartir. Entonces han pasado once años y esa idea ha ido fermentando y fermentando mi cabeza. Mi actividad como padre y empresario no me ha dejado centrarme en ello. Además, era un libro en el que salgo espiritualmente del armario, declarándome abiertamente que estoy conectado con mi espiritualidad. Después de lo que hemos vivido creo que es un momento muy oportuno para afirmar que no existen las casualidades sino las causalidades. Lo que puede resolver los conflictos que vive la humanidad hoy día es la conexión con la espiritualidad laica, como unidad que es lo que transmite la esencia. Técnicamente he tardado un año y medio, he releído muchos libros que me ayudaron cuando empecé a adentrarme en la filosofía oriental. Me he documentado mucho sobre historia de la religión, hago una alfombra roja en el libro, para que la gente lo vea. La gente tiene que hacer este camino de auto-reconocimiento para conectar con la realidad. Todo ello, me ha llevado un año de mi vida.

Tras su viaje de autoconocimiento, ¿por qué diría que las casualidades no existen?

Porque es algo que he verificado, es importante que no se lo crea nadie pero la vida no está regida por las casualidades, las coincidencias o el azar. No es un accidente, cuando tú observas el sistema solar y ves que los planetas giran alrededor del sol de forma matemática, cada uno tarda un tiempo determinado. Cuando observas la naturaleza, ves que en cada especie el proceso de embarazo es diferente o ves que el agua hierve a los cien grados, te das cuenta de que existen una serie de principios y leyes que rigen todo lo que existe. De alguna manera, todo lo que sucede en la realidad tiene una función, un propósito o un sentido que no es posible de entender ni de ver a través de los sentidos físicos o la razón. Solo es comprensible, con h intercalada como digo en el libro, desde la intuición. Es precisamente a lo que alude la espiritualidad, empiezo a entender que lo que sucede en tu vida es para que podamos aprender y evolucionar. Nuestras causas generan nuevos efectos, piensa en todo lo que te ha pasado en la vida y lo que has hecho para llegar a este punto. Las casualidades son una ilusión, lo que existen son las causalidades, las correspondencias… cada quién en todo momento está viviendo lo que tiene que vivir, para crear experiencias. Este mensaje viene de la filosofía perenne, porque dura y es el legado de todos los místicos de la humanidad. Todo ello forma parte de un plan del despertar de conciencias. Puede sonar muy hierbas, pero algún día se demostrará científicamente porque la ciencia y la religión algún día llegarán a entenderse. No logran entenderse porque caen en el fanatismo. Por eso, la invitación del libro es, no verifiques, créetelo, experiméntalo y saca tus propias conclusiones.

¿Por qué deberían leer su libro?

Hombre para alguien tan motivado que se ha pasado desde los diecinueve años leyendo y experimentando con una mente muy escéptica, he intentado en este libro hacer un resumen muy simple y práctico de cuál es la vieja cosmovisión, que ha generado todo ese ateísmo tan innecesario. Luego, compartir todas las claves que permiten al ser humano vivir ese despertar de conciencias para que entiendan realmente hacia dónde vamos, que es hacia una espiritualidad sin religión. Y eso, tiene un propósito y sentido en tu vida, te tiene cuerdo. La mente de la gran mayoría sigue cancelada por creencias irracionales en las que son controlados y manipulados. Por otro lado, el mundo se está yendo hacia un ateísmo nihilista, no creen en nada y eso está llevando a un vacío en el que está triunfado el materialismo, el culto al ego y al yo. Nos está llevando a la autodestrucción de la universidad, los seres humanos parece que solo despertamos cuando llegamos a una situación de caos, como digo en el mundo una noche oscura colectiva. Y yo siento, que no estamos lejos de que la humanidad toque fondo y nos ahoguemos en este egocentrismo en el que muchos se encuentran. En ese sentido, el libro es muy ambicioso porque lo que se ha intentado es cambiar la forma de entender la vida de los lectores, para disfrutar de este regalo que es la vida.

¿Cambiaría algo de la asignatura de religión?

Estoy montando una escuela que se llama Terra y uno de los diez pilares o dimensiones que vamos a trabajar es la dimensión espiritual laica. De alguna manera, por cultura general es interesante conocer las diferentes religiones, sobre todo, las filosofías que comparten un saber común, no tanto sus dogmas de Fé. Pero, lo que siento es que las nuevas generaciones necesitan es una espiritualidad laica, enseñarles a los niños que tienen una mente en la cuál pueden gestionar pensamientos, que tienen creencias que toman prestadas por la sociedad, que construyen su ser… eso genera unas emociones, que hay que gestionar. A través de la meditación, la contemplación… podrán estar conectados con ellos mismos, entonces estarán conectados con la vida y se resolverán todos los problemas que vive hoy día la sociedad moderna como el estrés o la ansiedad. Uno siempre que quiera puede acudir al sí mismo, la gente está desconectada porque no ha recibido educación espiritual, somos una sociedad de buscadores. Pero en realidad, lo que estamos buscando es esa experiencia de unidad, a eso están llegando cada vez más personas. Este libro es para un grupo minoritario, que en unas décadas será masivo. Este movimiento es imparable y es el despertar de conciencia y es la finalidad de la humanidad, que se conciba como una sola forma.

Ficha técnica

 

 

 

 

 

 

 

Estamos viviendo un hecho histórico imparable: cada vez la gente cree menos en las instituciones religiosas y -sin embargo- está cada vez más en contacto con su dimensión espiritual. Y esto se debe a que se está democratizando la sabiduría, provocando que los buscadores occidentales se adentren en la filosofía oriental. Como consecuencia de este viaje de autoconocimiento se está produciendo un despertar masivo de consciencia. Es decir, un profundo cambio en nuestra manera de concebirnos a nosotros mismos y de relacionarnos con la vida. Todas las personas que han despertado -creyentes, ateas o agnósticas- comparten una misma vivencia: que no sucede lo que queremos, sino lo que necesitamos para aprender y evolucionar espiritualmente. De ahí que las casualidades no existan. Este libro explica cómo liberarnos de la «pecera mental» en la que nuestra mente sigue encerrada para sentirnos nuevamente unidos y conectados con la vida, recuperando la alegría innata que nos provoca el simple hecho de estar vivos. No te lo creas: atrévete a experimentarlo.

Nº de páginas: 280
Editorial: VERGARA (EDICIONES B)
Idioma: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788418045912
Año de edición: 2021
Plaza de edición: ES
Fecha de lanzamiento: 21/10/2021

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