El otro día escuché hablar a dos gatos. Uno de ellos, un gato ya mayor de pelaje blanco y negro, que respondía al nombre de Moni, enseñaba a su primo la ciudad. Su compañero era un joven curioso de pelo atigrado que acababa de llegar con idea de colocarse en una buena gatera.

   —¿Quién es ese hombre que toma notas sin parar en un cuaderno y mira curioso hacia todos lados? —preguntó el más joven.

El otro, con la seguridad que proporciona estar al tanto de todo, respondió con cierto orgullo.

   —¡Es Antonio Aguilera! Un escritor! Conoce todos los rincones de esta ciudad a la perfección. Por ahí dicen que Madrid le susurra al oído sus leyendas y secretos para que nadie olvide el pasado de esta gran ciudad.  ¡Ay miau!  Que sería de Madrid y de nosotros sin el… A Veces nos sentamos en ese banco, el que está al lado de la farola, y le pongo al día de lo que sucede aquí y allá. Ten en cuenta que siete vidas dan para muchas historias.

   — ¿Antonio? No le conozco. —Comentó el forastero con el ansia que proporciona la juventud

Moni, orgulloso portador del aura de un filósofo griego, le llevó junto a él. En el camino le contó que Antonio es el autor del libro Cuentos madrileños de un gato y en estos días acaba de publicar El viaje de Silvestre y otros relatos madrileños de un gato

Tras las presentaciones, saludos y arrumacos varios, el viejo gato y el hombre ilustraron al recién llegado.

Antonio, cuéntale a mi amigo quien eres

Con mucho gusto Moni. Pues verás… Bueno gatito, como no me has dicho tu nombre, permíteme que te llame Mayriti, que quiere decir madrileño en la lengua de quienes fundaron la que hoy es la hermosa Villa de Madrid.

Pues verás Mayriti, soy un gato madrileño, un hombre sencillo que se dedica al comercio, tengo una pequeña tienda de bolsos aquí. También soy fotógrafo y un apasionado de mi ciudad y su historia desde que era muy pequeño, motivo por el cual desde hace un tiempo, soy también escritor para poder contaros las maravillas que aquí sucedieron y que siguen sucediendo.

¿Por qué Madrid es tan especial? —quiso saber el gato forastero.

Porque es una ciudad amable y cosmopolita, aquí se reúnen gentes de toda España y del mundo entero y son bienvenidas. Porque es la capital del reino y porque atesora mucha historia y mucha belleza en sus edificios y monumentos y sobre todo, porque pasear Madrid me llena de sosiego y paz.

Si tuvieras que elegir un lugar de esta ciudad, ¿Cuál sería? Y ¿por qué? —inquirió otra vez el gato con el secreto deseo de instalarse en ese lugar tan especial para el escritor.

La plaza de la Villa sin duda. Es un lugar recoleto y tranquilo que abarca gran parte de la historia de esta ciudad, en ella se encuentra el edificio civil más antiguo de la Villa que data del siglo XV, edificaciones del siglo XVI y XVII y que ha sido durante muchos años el centro neurálgico de la Villa donde se tomaban las decisiones que afectaban a todos los madrileños. Si tu lo deseas Mayriti, te puedo recomendar un buen lugar en la plaza.

 

Moni volvió a tomar la palabra. No quería perder el protagonismo que el nuevo parecía querer arrebatarle.

 

En tu último libro “El viaje de Silvestre y otros relatos madrileños de un gato”, hablas del Madrid de diferentes épocas con relatos que pasan por el misterio, la novela negra, el humor, el drama, el costumbrismo… y todos ellos con un denominador común: una pluma agil, fresca, cómica y sorprendente. Háblanos de este nuevo libro.

Este nuevo libro cuenta mucha historia de Madrid, ese es el motivo por el que ambiento una serie de relatos en diferentes épocas de la historia, para poder  contar el transcurso de la misma de forma más amena, haciendo vivir a los personajes esos momentos, de esa manera, espero conseguir que el lector mientras sigue una trama, conozca Madrid.

Silvestre es el protagonista del primer relato, una historia que por si sola podríamos considerar una novela corta. Un hombre que a diario recorre las calles de Madrid a principios del XX. ¿Qué tenéis en común?

Tenemos mucho en común porque, lo mismo Silvestre que los demás protagonistas viven a través de mi, cuentan vivencias que yo he vivido, tienen los valores y la personalidad que yo tengo y en el caso concreto de Silvestre, es un soñador deseoso de cumplir el sueño de su padre que es conocer Madrid y disfrutarlo y eso, yo lo hago siempre que puedo.

Cuéntame tu leyenda favorita.

Muy bien Mayriti pero, da un poquito de miedo, así es que, necesito que te sientes a mi lado para que pueda acariciarte mientras te la cuento.

Allá por el siglo XVIII, una noche de intensa niebla, por la calle del Sacramento. se dirigía hacia el Palacio Real, Juan Echenique, guardia de corps al que le tocaba hacer el relevo, cuando notó que alguien le llamaba desde una casa. Volvió su mirada y vio una bella joven que le hacía señas para que subiera. Ligón impenitente como era, subió a la casa y allí… Se dieron un carpe diem…

—¿Qué es un carpe diem?

—Shhhh, calla, son cosas de mayores, ya lo entenderás algún día.

Bueno, como iba diciendo, después de esto, se quedó adormilado y solo se despertó al tañer las campanas de una iglesia cercana, se vistió deprisa y corriendo…

—¿Por qué estaba el guardia desnudo?

—Puesss, mira, son cosas de los carpe diem, hala, no preguntes más.

Lo dicho, salió corriendo hacia palacio, cuando se dio cuenta que había olvidado su espada.  Volvió corriendo a la casa pero, la encontró bien distinta de la que salió, estaba como abandonada y medio en ruinas. Acertó a preguntar a un hombre por la joven con la que había estado, y le dijo que hacía años que había muerto en extrañas circunstancias y que la casa llevaba abandonada desde entonces.

Abrió la puerta de un empujón y subió las escaleras como una exhalación y, allí, cubierta de polvo y telarañas, estaba su espada.

Me gustaría dejar abierto el final de la historia y que pensaras si cogió la espada y salió corriendo, o si le dio un perreque allí mismo y ahora hay dos fantasmas en lugar de uno, pero la leyenda se empeña en confirmar que, se asustó tanto, que creyó que era un castigo divino y se fue a rezar para luego ingresar en un convento.

Antonio, ¿de Madrid al cielo o paseando estas calles ya pisas el cielo?

De Madrid al cielo y como muy bien dices, pasear Madrid me hace sentir en el cielo. Es una ciudad que, si le pones un poco de atención cuando la paseas y le pones cariño, te devuelve ese cariño y te cuenta cosas, solo hay que saber escucharla.

Y así, escuchando a Antonio con su peculiar tono para narrar historias, con ese humor castizo que domina con soltura y la ternura que le añade, los gatos quedaron hipnotizados. Moni le miraba orgulloso, el forastero admirado y nosotros, tus lectores, maravillados. Gracias Antonio!!

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