Siempre se ha comentado que la información es el cuarto poder, encontrándose por importancia, inmediatamente detrás de los poderes  clásicos que Montesquieu se empeñaba en separar y nuestros políticos en usar. Hablo de ejecutivo, legislativo y judicial. Ahora bien, el problema es el uso que de esa información se haga. Se puede utilizar para ilustrar, vilipendiar, hundir o ensalzar a cualquier personaje según nos guste o nos disguste su ideología, pensamiento, pinta o discurso. Siempre fue así. Ahora bien, cuando se accede a esa información se obtiene un conocimiento profundo sobre el asunto que sea. Sobre ese conocimiento se trabaja para obtener el fin que se persiga. Con ese uso del conocimiento se pueden llegar a crear corrientes de opinión. Podemos decir que la información constituye hoy el método principal para apartar de nuestro camino al enemigo que tengamos. Del mismo modo, él utilizará la información que sobre nosotros obtenga para hundirnos. Mientras unos y otros buscamos la manera de quedar bien ante la opinión pública. No olvidemos que esta sociedad es un escaparate y hay que saber mostrar lo que queremos enseñar de nosotros.

Internet ha supuesto un gran avance a la hora de que una noticia pueda alcanzar con la mayor celeridad posible cualquier rincón del planeta. La llegada de los dispositivos móviles que, cada vez más, sustituyen pretéritos ordenadores de sobremesa, ha conseguido que esa información sea inmediata para cualquier ciudadano. Ya que esos dispositivos van siempre con nosotros. Los manipuladores profesionales, por tanto, ponen a trabajar a sus «influencers» para llegar a sus nichos de opinión que son usados de altavoz y van inundando las redes con sus  patrañas. Anulando la máxima de Garcia Márquez que decía que la primicia es, no la primera vez que se cuenta la noticia, sino la primera vez que se narra bien. Pues bien, ahora en cambio, el que llegue primero a colocar su mensaje en forma de «hashtag» en las redes sociales es el que se lleva el gato de la verdad al agua. Los demás serán gente que intenta desmentir la sacrosanta verdad con que nos ha impregnado el cerebro el «influencer» ganador. Hay quien afirma que este hecho es el que ha dado con los huesos del periodismo en el ataúd de la tecnología. Aunque algunos románticos desdichados nos negamos a semejante obviedad. La información ya no es importante luego el periodismo ha muerto. Quien coloque su opinión antes en la pantalla de la masa será el que ha lanzado la historia y su razonamiento brillará con el poder de la verdad.

Por todo ello podemos afirmar que estamos viviendo una época de prostitución informativa. Una prostitución que ha atropellado el derecho constitucional de todos los ciudadanos a recibir una información veraz. No es información sino opinión, esgrimirán unos y otros, pero informar desde un punto de vista, impregnarlo con la brea de la ideología y darlo masticado a la plebe no es informar, es sencillamente adoctrinar. Pues lejos de utilizar esa información para ilustrar sobre determinado hecho se usa para crear una corriente de opinión adecuada al fin perseguido. Nunca se usa para informar. Si queremos buscar información imparcial únicamente nos quedan los teletipos. Por lo que, podemos afirmar que los teletipos son el nuevo periodismo. Ay, si me leyese Tom Wolfe. La opinión interesada se usa para embrutecer a la población, adoctrinarla y conseguir polarizar la sociedad. De este modo es desde el que se construye la atalaya para que cualquier consigna barata se convierta en dogma de fe. Así es como el populismo se ha abierto paso entre las débiles conciencias de la masa. Añadan a la muerte del periodismo las nefastas políticas educativas y culturales con que nos han obsequiado los diferentes gobiernos que hemos tenido y obtendrán una explicación del país cuasi fallido en que vivimos. 

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