Dos jóvenes en un puente se cuentan sus problemas el uno al otro mientras la idea de tirarse por él ronda sus desesperadas cabezas, en busca de algo por lo que sufrir o manifestar de la manera más dramática posible sus preocupaciones.

Así, Un puente por hoy muestra la ansiedad propia de la adolescencia, que invade todas las áreas, desde la familiar hasta la sexual, terriblemente influenciada por el porno. Estos dos amigos no buscan soluciones a las preguntas existenciales que se plantean, solo buscan un altavoz para gritárselas al mundo.

Álvaro Delgado, el autor de la obra, empieza a trabajar en ella durante la pandemia por “sentir que estaba haciendo algo”. Él y su coescritor y actor Gustavo Rojo quedaban dos horas diarias por zoom para desarrollar el proyecto que finalmente vería la luz sin Rojo, cuya carrera lo ha llevado fuera de España. Así, gracias a la ayuda de familiares, amigos y conocidos, Delgado pone en marcha esta pieza teatral en El Umbral de la Primavera, donde podrá verse todos los jueves de noviembre.

Una de las peculiaridades que presenta este espectáculo es que los personajes, proyectados en un video al fondo de la sala, recuerdan entre risas su juventud y todas aquellas conversaciones en las que el mundo parecía el lugar más hostil imaginable en el que ellos, ni podían, ni querían vivir. Así, el escenario se convierte en esos recuerdos, lo que genera un paralelismo constante entre estas dos versiones de los protagonistas.

Con poco más que un puente, un taburete, una camisa y un pañuelo, Javier Lera y Álvaro Delgado consiguen dibujar claras imágenes en la mente del público, desde un vagón de metro al tradicional bar español.

“Mi generación ha crecido teniéndolo todo, así que no sabemos de qué quejarnos” admite Delgado y es que, durante la obra, podemos ver cómo las preocupaciones que se representan pueden parecer banales, como que a los jóvenes, cuando están cansados, no se les cede el sitio en el metro o la necesidad de quedar bien frente a los amigos afirmando que se sabe más de lo que realmente se conoce o que se liga mejor que nadie.

“Todas las escenas nacen de nuestras conversaciones” comenta el autor, “aunque las hemos dramatizado para el espectáculo” y es que lo más importante es saber reírse de uno mismo y de esos momentos del pasado en los que nos cuesta reconocernos y no podemos comprender cómo podíamos ser tan ingenuos.

De este modo, se plantean distintas problemáticas, como la sensación de soledad que empuja a los personajes a involucrarse en complicadas relaciones sentimentales en las que no terminan de ser felices, pero tampoco se ven con fuerza a abandonar; o cómo los padres pueden percibirse como antagonistas durante la adolescencia y, echando la vista hacia atrás, se reconoce que solo querían lo mejor para sus hijos.

Desde la comedia, se comparte el sentimiento de crecimiento y de cambio que todo del que el público participa, pues las cuestiones tratadas son universales. La sensación de estar luchando solo contra el mundo y que nadie comprende nuestro sufrimiento es una característica más comunes de la juventud, pero al final, como se comenta durante la obra, “quizás era eso, sentirlo todo a tope”.

Esta angustia existencial encuentra su punto álgido con los dos amigos situados por fuera del puente planteándose saltar, pero el público es muy consciente de que realmente no van a hacerlo, en el fondo saben que tienen mucho por lo que vivir. “No queríamos hablar del suicidio de una manera frívola, solo mostrarlo como una expresión del dramatismo de las emociones de los personajes” explica Delgado.

Con Fiti Jara a cargo de la dirección, Un puente por hoy es un ejemplo de arrojo y valentía por parte del autor, que harto de pensar “eso podría hacerlo yo” lo puso en marcha y, pese a perder la motivación en muchas ocasiones, no desistió. Así, arropado por sus seres queridos, la producción ha visto la luz y para él, ya es una victoria, independientemente de lo que pase después.

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Nacida en Granada, está estudiando Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos. Habiendo actuado con compañías de teatro locales, cuando se mudó a Madrid aprovechó cada oportunidad de asistir a las distintas representaciones que ofrece la capital. Está convencida que para vivir una vida de película la clave está en ver muchas y si tuviese que elegir su lugar favorito del mundo, sería el patio de butacas.