La importancia del cine en nuestra sociedad es innegable, casi innegociable. No solo entendiéndole desde su vertiente más lúdica, sino también como plataforma de creación artística o como correa de trasmisión cultural. Y es que se puede afirmar sin lugar a dudas que es casi imposible entender un entorno social determinado sin hacer referencia expresa a sus realizaciones audiovisuales. Pero hay algo más, matices que qu¡zás por nuestro acerbo cultural, quizás por nuestra manera de entender de la vida, a los europeos nos ha costado más asumir, y es el comprender que el cine es además una industria creadora de riqueza y empleo de calidad. Poco a poco se va consiguiendo superar viejos lugares comunes (pelín trasnochados y casposos) del estilo de “es un negocio de 4 amiguetes que viven de mi dinero”, cuando los datos demuestran que solo en el cobro de impuestos repercutidos de manera directa a los diferentes productos audiovisuales se supera con creces la suma de todas las subvenciones recibidas. Pero es que además dentro de la industria audiovisual entendida como motor económico hay algo más que la creación de empleos directos e indirectos, pagos de impuestos e inversiones diversas… y ese no es otro que el tema de los rodajes y localizaciones.

«Porque los rodajes se han destapado como una fuente de ingresos para una localidad que no conviene olvidar, y que cada día tiene más importancia»

Porque los rodajes se han destapado como una fuente de ingresos para una localidad que no conviene olvidar, y que cada día tiene más importancia. Y es que tanto de manera directa por el pago de permisos y tasas, como y fundamentalmente por el gasto del equipo, el rodaje es una parte del entramado económico en una película que hay que poner en valor. Poblaciones sin una industria destacada o con una situación económica deprimida pueden recibir una serie de ingresos gracias a una política adecuada dirigida a conseguir traer de manera temporal al conjunto de personas y medios que conforman un rodaje audiovisual. Y esta particularidad no se agota con el impacto inmediato en la localidad, porque hay una serie de intangibles que perduran en el tiempo. Porque no cabe duda que Nueva York no sería la ciudad soñada sin Woody Allen, que a San Francisco se la mira diferente desde que vimos a Steve McQueen apurando sus cuestas en «Bullit» o que Casablanca es más que una ciudad desde que Bogart contrató a Sam para amenizar el Rick´s Café. Indudablemente el romanticismo de París, la magia de Roma o el encanto de Londres se han visto multiplicado por mil gracias a la magia del cine.

«Y curiosamente la Comunidad de Madrid, se había quedado rezagada en la promoción de los rodajes. Pero parece que eso está cambiando de mano de Marta Rivera, la Consejera de Cultura de la Comunidad de Madrid»

Mirando a nuestrio país se puede observar como Comunidades Autónomas como Navarra han sabido ver las ventajas económicas, culturales y de imagen que una acertada política en la promoción para atraer los rodajes puede acarrear a sus diferentes poblaciones. Y curiosamente la Comunidad de Madrid, que en muchas otras áreas ha sabido adaptarse rápidamente a las nuevas formas de promoción y crecimiento económico, se había quedado rezagada en su promoción. Pero parece que eso está cambiando de mano de Marta Rivera, la nueva Consejera de Cultura de la Comunidad de Madrid, que en escasos 100 días ha mostrado un firme interés y determinación en lograr intentar hacer de su Comunidad un gran plató por medio del organismo Film Madrid, encargado de la coordinación y difusión de la Comunidad de Madrid como lugar ideal donde llevar a cabo el rodaje de los diferentes productos de la industria audiovisual. Porque en Madrid historia no falta, profesionales de calidad sobran, y se dan las mejores comunicaciones. No es solo la capital, sino también enclaves de la personalidad de Aranjuez o la belleza de Chinchón, de la solera de San Lorenzo o la impronta cultural de Alcalá de Henares. Y es que en 8.000 km2 se ofertan todo tipo de emplazamientos… nieve y sol, embalses y llanuras, historia y arte. Y a todo eso hay que sumar, desde hace pocos meses, la mejor disposición por parte de los poderes públicos. Un coktail realmente difícil de superar.

Y es que a partir de ahora la manida frase de “Silencio, se rueda” parece ser que se va a volver un habitual en diferentes lugares de la Comunidad de Madrid. Como siempre debió ser.

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