• Fotografía Alfon García (@alfonfotografo)
  • Maquillaje y Peluquería: Maquillaje: @yohablas.makeup

 

José Manuel Seda se ha convertido en una de las caras más reconocidas en el sector audiovisual y en el panorama teatral de nuestro país. Un actor sevillano, carismático y polifacético que ha demostrado sus cualidades escénicas tanto en las tablas como delante de cámara. En The Citizen tenemos el placer de conocer en profundidad cuáles son los trucos que esconde este actor y hablar sobre su último papel en el fenómeno mundial de “La Casa de Papel”.

Hagamos una mirada al pasado para saber cómo llegaste a convertirte en el actor que eres ahora. ¿Iniciaste tu carrera en las tablas?

Sí, antes te iniciabas en el teatro y luego venían proyectos en televisión o en cine. Las cosas han cambiado un poco. Ahora se sigue haciendo mucho teatro, pero se ven muchas caras nuevas que llegan desde la televisión directamente.

¿Qué clase de personajes te gusta interpretar?

Me gustan todos. Es lo bueno de ser actor, que puedes interpretar cualquier tipo de personaje. Aunque no siempre sucede así, por falta de talento o porque no llegan esas oportunidades. Es verdad que, casi siempre, queremos hacer algo que se separe un poco de lo que acabamos de hacer por aquello de ir cambiando de piel, pero a mí me gusta hacer de todo .

Para ti, ¿qué cualidades debe tener un buen actor?

Un buen actor, sobre todo, tiene que ser muy curioso y estar en permanente contacto con la vida. No debe estar pendiente de hacer y de imitar lo que hagan otros, tiene que encontrar su camino personal y su manera de interpretar a los personajes. Es importantísimo las escuelas a las que va y los maestros de los que aprende, pero uno tiene que encontrar, digamos, su propia poética a la hora de afrontar el trabajo, y construir los personajes. Eso está en la observación de la vida, en la curiosidad, en conectar y en observar constantemente el mundo que nos rodea.

En tu larga trayectoria profesional has encarnado a multitud de personajes, pero ¿cuál recuerdas con más cariño, le tienes un aprecio especial o te sientes más identificado?

Son varios porque, a lo largo de la vida, hay momentos en que te topas con personajes que te llenan mucho, y otros con los que convives durante mucho tiempo porque son series más largas. No sabría escoger solo uno, me identifico con todos porque todos parten de mí. Si tengo que elegir quizás me quedaría con Gonzalo, de “Yo soy Bea”, porque pasé mucho tiempo haciéndolo y significó el salto a la televisión nacional y, de alguna manera, a ser conocido fuera de mi tierra. También le tengo cariño al último que he hecho en “La Casa de Papel”. Y, en teatro, incontables…

¿Sigues haciendo teatro en Sevilla?

Vivo en Madrid desde hace tiempo. Voy muchísimo a Sevilla, casi todos los meses, pero con hace ya mucho tiempo que no paso con ninguna obra de teatro. Las últimas en las que he participado no he tenido la suerte de llevarlas para allá. A todos nos gusta ser profeta en nuestra tierra. Además, yo debuté en el Teatro Lope de Vega en Sevilla con “Doña Rosita la soltera” en el año 91, hace treinta años.

Ha pasado mucho tiempo desde que decidiste encauzar tu vida profesional hacia las artes escénicas. ¿Ha cambiado tu manera de actuar y de afrontar los nuevos retos?

Más que haber cambiado, ahora tengo más herramientas como actor. Al principio tenía más miedo que vergüenza cuando me subía a ese escenario. Ahora sigue existiendo esa incertidumbre de lo que pueda pasar en directo, pero más o menos sabes por dónde pisas. En caso de cualquier accidente tienes más recursos para salir de él, pero el impulso desde el que actúas sigue siendo el mismo, el de intentar contar con verdad la historia de un personaje.

Paula Malia, una actriz española, dice que para meterse en la piel del personaje tiene una serie de estrategias como crear listas en Spotify para cada uno de ellos. En tu caso, ¿qué estrategias llevas a cabo para poder empatizar con el personaje?

Yo saco una primera impresión del personaje cuando leo un guion o un texto teatral. Luego, las directrices que te pongan por delante también son importantes. Un director te da las claves y qué papel tiene ese personaje dentro de la historia. No solo es importante la historia del personaje, sino también cómo ese personaje interviene dentro de la historia en que la está metido. Es lo que hace avanzar una trama, una serie o una obra de teatro. Otras veces, como me ha pasado ahora mismo en “La Casa de Papel”, y como comentaba en el making off, el personaje me ha encontrado a mí y no yo a él. Creo que esta ha sido la primera vez que me ocurre. A medida que iban sucediéndose los capítulos y estaba metido en la acción, iba conociendo cada vez mejor al personaje y el personaje acabó encontrándome. Yo lo imagino, lo visualizo dentro de un contexto. Le escribo la historia de su vida que coincida y no contradiga lo que luego hace durante la acción. Uno analiza lo que hay escrito en el guion, cómo interacciona con otros personajes. Le escribo un pasado, de dónde viene ese personaje más o menos y por qué ha llegado a hacer lo que hace o a ser así. Eso me ayuda.

A la hora de presentarte para audicionar, ¿qué debe tener ese personaje para que capte tu atención?

No tiene que tener nada. Hoy por hoy, no he rechazado ninguna prueba porque hay que probarlo todo. Cualquier personaje es atractivo, por muy extraño, raro, malo, bueno o evidente que sea. El que rechaza un personaje lo hace quizás porque está dentro de una historia que, a lo mejor, no está bien contada.

¿Qué género cinematográfico (comedia, ciencia ficción, drama…) te seduce más?

Me da igual la comedia o el drama, aunque es verdad que echo un poco de menos la comedia, porque últimamente hago bastantes personajes dramáticos o dentro de una historia más o menos dramática. Cuando hice el de Gonzalo estaba casi siempre en tono de comedia en la serie “Yo soy Bea”. Ahora lo echo de menos, pero me gustan todos los géneros.

La Parte I de la última temporada de “La casa de papel” está llena de escenas de acción, ¿cómo fue el rodaje de estas escenas y cómo las viviste? ¿Hubo dificultades a la hora de rodar este tipo de escenas?

Participar en una producción nacional se ha convertido en un fenómeno mundial ha sido apasionante. Muy duro, pero a la vez he podido aprender muchísimo. Cuando llegas por primera vez a una súper producción de este tipo, y descubres como cuidan todos los detalles, se te abren los ojos como un niño. Te sorprende todo lo que ves alrededor y alucinas con que tú formes parte de una cadena creativa que es inmensa. Para rodar este tipo de escenas de acción hace falta muchísima gente: efectos especiales, luz, escenografía, maquillaje, etcétera. Cada día llegábamos y teníamos una hora y pico de maquillaje porque te maquillan casi prácticamente todo el cuerpo (las partes visibles). Estamos metidos dentro de una guerra donde hay explosiones, humo, barro, hollín y ha sido un aprendizaje magnífico. A veces es duro porque son muchas horas de rodillas, levantándote o tirándote al suelo, respirando mucho humo y mucho polvo. Necesitábamos las mascarillas para poder respirar de verdad, no solo por el Covid. Había momentos en que se hacía un poco complicado, pero mereció la pena, evidentemente. Además, sabías que en lo que estabas haciendo, todos los departamentos estaban al mismo nivel de compromiso. Aquello solo podía salir perfecto.

Los espectadores definen al Comandante Sagasta como un villano, ¿Tu cómo lo definirías?

En mis redes la gente es bastante amable, lo personalizan conmigo. Lo veo un tipo profesional que va a cumplir su deber. Creo que es uno de los que tiene menos dobleces. Hay más personajes, militares en este caso, como Gandía que es un poco más psicópata, o el coronel Tamayo que está dirigiendo la operación desde la carpa y es un poco hipócrita, es más un político pendiente de las medallas que se pueda colgar. Este tipo no, para el comandante Sagasta lo importante es su misión y su comando. Va a cumplir su misión y a proteger a su gente. Sí que está en contra de los supuestamente “buenos”. También habría que replantearse quienes son los “buenos” y quienes son los “malos”, porque si los malos son los ladrones, ¡ay amigo!…  Sí, ponen en cuestión el sistema, pero ¿tienen intención de cambiarlo? ¿van a repartir lo  que están robando o se lo van a quedar?

“La Casa de Papel” está compuesto por todo un elenco de actrices y actores de gran categoría, todo un equipo multidisciplinar. ¿Cómo ha sido el trato con el resto de actores?

Al principio, como se ha visto ya en la primera parte, tenía poco contacto con ellos. A Úrsula, por ejemplo, me la encontré por primera vez en maquillaje y peluquería. Hacía años que no nos veíamos porque desde “Física o química” solo nos habíamos encontrado algunas veces en eventos. Con Enrique Arce he coincidido más trabajando porque hemos coincidido en tres o cuatro series como “Física o química”, “Perdóname, Señor”, etc. y hemos compartido camerino también en el teatro. Con el resto de compañeros que hicimos el comando tuve un trato maravilloso, y con los miembros de la banda también, aunque como te digo, interactué menos con ellos. Todos, unos y otros, son gente extraordinaria y que han hecho un trabajo formidable, algo que al final acaba facilitando el tuyo porque un actor no trabaja solo. Los compañeros te dan la mitad de tu trabajo y, si escuchas y reaccionas a lo que te dan, tu trabajo sale. Un diálogo no es el enfrentamiento de dos monólogos. Si cada uno está pensando en lo suyo y no modifica al otro ni el otro lo modifica a uno, entonces no pasa nada en una escena o en una secuencia.

Siempre hay dificultades cuando hay secuencias de acción, sobre todo, porque algo puede salir mal. Si te descuelgas de veinte metros de altura, hay que tener todas las medidas de seguridad bien controladas. Si te están disparando y tú estás detrás de una estatua, los de efectos especiales te disparan polvo con pistolas de aire comprimido y te puede entrar en los ojos. Cuando estás rodeado de fuego hay gente alrededor pendiente de que no suceda nada y con un extintor preparado por si pasa algo. Todo este tipo de escenas de acción son siempre arriesgadas, pero se tomaron todas las medidas para que nada saliera mal.

Hay ciertos espectadores y fans de la serie que se quejan del grado de ficción que está alcanzado la serie, ¿qué opinas al respecto?

Yo, que he visto todas las temporadas, creo que cuando uno ve una serie, según cómo te lo cuenten, cómo te lo envuelvan y cómo lo desarrollen, está dispuesto a creerse más o menos lo que está viendo. Hay gente que ve una película de Spider-man, por ejemplo, y está dispuesto a creerse que hay un hombre araña que puede trepar por las paredes. Si eso está envuelto en un lenguaje visual magnífico y dentro de un guion que es verosímil, tú te lo crees. Respecto a “La Casa de Papel” es evidente que si ya, desde el punto de partida, no te crees que alguien pueda robar, por ejemplo, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre o el Banco de España, no te crees nada. Creo que esta serie tiene la gran virtud de hacer verosímil cualquier cosa y eso no se había conseguido en España nunca. Siempre se habían hecho tímidos intentos de cine o de hacer producciones a la americana, pero solían resultar malas copias. Había un momento, cuando estaba viendo la serie antes de entrar yo, que decía “Joder. Si ahora me sale Spider-man dentro de “La Casa de Papel” me lo creo”. Estás tan metido en la serie y dentro de la psicología de los atracadores, dentro de la mente del Profesor que lo urde todo y que planea todo con tal precisión, que dices “pues sí, me lo creo”.

Sí es verdad que, por eso precisamente, han decidido terminar con la historia porque ya no se puede, a lo mejor, estirar más allá. ¿Qué sería lo próximo? ¿Robar el Banco Central Europeo o un banco de la Reserva Federal de Estados Unidos? Quizás, antes de que se termine de agotar ese poso de fe que tiene el público en la historia, es mejor terminarla en alto en lugar de que empiece a apagarse poco a poco.

Eso ocurre con muchas series televisivas que tienden a alargarse  y, al final, pierden a la audiencia…

La audiencia empieza a sentirse estafada y empieza a decir “Bueno, esto ya no se lo cree nadie”, “Se están repitiendo esquemas” y, “¡Vaya por Dios! Resulta que esto ya lo tenía planeado el Profesor ¡vaya hombre qué casualidad!”. Yo creo que, tal y como lo han ideado, el final de la serie es muy brillante, como colocar una guinda a una historia maravillosa. A mi parecer, era el momento de terminar precisamente por eso.

¿Cómo te definirías a la hora de abordar un nuevo proyecto? ¿Estás siempre dispuesto?

Evidentemente, siempre. Ayer, precisamente, hicimos una pequeña representación teatral con Greenpeace donde se celebraba un pequeño juicio sobre el cambio climático donde se denunciaba al Gobierno por no hacer lo suficiente por proteger a sus ciudadanos. Cualquier cosa que uno haga como actor tiene todas las posibilidades expresivas para motivarnos y, más aún, si es para producir ciertos cambios en todo esto que está pasando. Yo siempre he sido un actor muy dispuesto.

¿El mundo de las artes escénicas y el cine pueden servir como herramienta de denuncia social y tratar de inculcar ciertos valores en su público?

Yo creo que sí. Las artes escénicas y el arte en general es una manera de ser un reflejo del mundo en el que vives. El artista frente a la realidad. Las artes escénicas, y las artes audiovisuales también deberían ser capaces. Ahora mismo estoy viendo las películas de los Goya y algunos documentales que son muy comprometidos con la realidad que nos rodea. Joder, es que el mundo está un poco jodido. Tenemos que arrimar el hombro porque ¡miren ustedes lo que está pasando! Y el cine y las series lo muestran cada vez más.

Nos esperan sorpresas en la segunda entrega parte de la quinta temporada, ¿crees que el público aceptará el final planteado?

Bueno, es una serie con mucho nivel de fidelidad entre el público. Muchos dicen “¡Que se acabe ya!”. Aun así, hay una gran mayoría que dice, “No puedo creer que se acabe la mejor serie del mundo” y todos estos mensajes que te llegan a través de redes. Yo creo que el final es muy redondo y está bien urdido. Me parece que le va a gustar a la gente. A mí cuando lo leí, porque no lo he visto aún, me pareció muy brillante la manera en que rematan la historia.

 ¿Qué serie recomendarías y por qué?

He visto hace muy poco, con un poco de retraso, “Antidisturbios” de Movistar. Me parece una serie brutal por cómo cuenta la historia, por cómo están los actores y cómo retrata la España de una época. Una última que he visto también en Netflix es “Misa de medianoche”, maravillosa por cómo aborda un tema sobrenatural, por no dar muchas pistas, y por cómo lo mezcla con el tema de la religión.

 ¿En qué proyectos te encuentras actualmente inmiscuido?

Ahora mismo estoy esperando un par de cosas, pero aún no puedo decirte nada porque tampoco estoy seguro de que me las den. Estoy en uno de esos momentos que tienen los actores, cuando hay muchos proyectos que pueden salir o puede no haber ninguno. Luego al final llega el último que no te esperabas, como ocurrió con “La Casa de Papel” que, de repente, lo cambia todo.

¿Piensas centrarte más en el tema de las series y del cine o prefieres compaginarlo con el teatro y las tablas?

Yo no me quiero asentar en nada porque me gusta mucho todo. Es verdad que ya me está entrando cierto mono de teatro, aunque este verano he estado con una función que era de poco recorrido, pero ha sido maravillosa. Era “El médico de su honra” de Calderón de la Barca. Fue maravilloso, pero ahora mismo lo que salga será muy bienvenido.

¿Hay muchas diferencias a la hora de interpretar para una serie con respecto a interpretar un papel en una función de teatro?

En teatro tienes la ventaja de que ensayas, aunque luego te enfrentas al público sin poder repetir una toma. Ensayas durante un mes y medio y te da tiempo de conocer y de encontrar al personaje, y de machacar un poco la historia que estás contando. En ese sentido se afronta de diferente manera, porque en el mundo audiovisual pocas veces, o casi nunca, tienes tiempo de ensayar y de preparar lo suficientemente bien un personaje. Muchas veces vas conociendo al personaje trabajando, grabando o rodando. En teatro, cuando llega el día del estreno ya lo has ensayado, aunque luego el personaje sigue desarrollándose a medida que haces funciones. En el cine y el sector audiovisual es un trabajo que va secuencia a secuencia.